Policiales

Tumban la puerta de una casa de una patada y matan a un joven que la cuidaba

El colombiano Joan Steven Grueso Hernández tenía 23 años y estudiaba psicología. En principio no le robaron nada y hasta ayer se ignoraba el móvil

Sábado 18 de Agosto de 2018

Joan Steven Grueso Hernández tenía 23 años. Era colombiano del Valle del Cauca y estudiaba en Rosario psicología. Pasó sus últimas horas en soledad cuidando una coqueta casa de Manuel Ugarte al 800 (Mendoza al 9000). Una hora antes de la medianoche del jueves los vecinos escucharon el golpe seco de una patada en una puerta de madera y una detonación. Y un minuto más tarde el lamento de Joan: "Estoy herido. Llamen una ambulancia", dijo antes caer sobre la vereda donde agonizó una hora. No le robaron nada. Tampoco se incautaron vainas en la escena del crimen.

   La sensación térmica en ese barrio del extremo oeste ya no era la mejor antes de este crimen. "Acá ya no se puede vivir. Fijate: todas las casas tienen boyeros electrificados, alambre de púas, perros bravos, rejas y cámaras. Y no alcanza. Hace unos días le patearon la puerta a una vecina de este chico a las 2 de la mañana, le dieron un culatazo para robarle una olla y un celular. Hay muchos pibes muy pasados de droga. Vinimos a vivir acá para que nuestros hijos tuvieran más contacto con la naturaleza y ahora estamos todos mirando la calle tras las rejas", resumió una vecina.

"Mucha falopa"

El complejo edificado por la Cooperativa de Viviendas Rosario 15 años atrás se ubica entre los barrios Floresta, Fantasma, Los Unidos y Los Gráficos, un sector del mapa desplegado entre el Mercado de Concentración de Fisherton y el estadio de hockey, casi en el límite con Funes.

   "El problema es que hay mucha falopa, con dos o tres puntos muy fuertes de venta, y pibes enfierrados haciéndose cartel", explicó un conocedor de la zona. Sin ir más lejos, en los últimos once meses hubo tres crímenes: el de la quiosquera Débora Jiménez, el 7 de septiembre con un disparo en el rostro en Magaldi al 8700; el de Milton González, de 17 años, el 3 de octubre en la misma cuadra, y el de Juan Carlos Schneider, ejecutado de un balazo en el pecho el 5 de julio en Magaldi al 9800.

Eventualmente

Desde hace dos años un primo de Grueso Hernández y su pareja alquilaron en Manuel Ugarte al 800, donde Joan vivía eventualmente. "Buena gente, todos estudiantes, trabajadores. No se les veía conductas extrañas o estridentes. Vos los veías ir en sus motitos a trabajar o a estudiar", indicó un vecino.

   Días atrás la pareja emprendió un viaje a Panamá y Joan, robusto de 1,90 metro de altura, quedó del cuidado de la casa. Un detalle que quizás no todos conocían y que pudo hacer pensar a delincuentes que la casa estaba desocupada.

   La casa que cuidaba el colombiano tiene el perímetro enrejado. "Estimamos que entraron por atrás, porque es muy difícil saltar la reja sin hacer ruido. Estas casas tienen un fondo de 18 metros y un tapial sobre el que se puede saltar", describió un vecino.

   "Apenas escuché el disparo hice sonar la alarma comunitaria y salí. El portón de la casa estaba abierto. Ya había algunos vecinos afuera que trataban de auxiliar al chico, que tenía un balazo en la ingle. Llamamos a la policía y a la ambulancia. La policía demoró 30 minutos y la ambulancia, una hora. Se murió en el piso sin que nadie pudiera hacer más que verlo agonizar", relató otro residente. "Antes del estampido, del ruido a chapa y madera, no se escuchó el paso de ningún vehículo", indicó el vecino.

No se descarta nada

Investiga el hecho la fiscal de Homicidios Georgina Pairola, quien comisionó a la Policía de Investigaciones (PDI) para que realizara la pesquisa. Los investigadores confiaron que a la víctima no le sustrajeron nada y que en la casa se hallaron su moto y su celular.

   En la escena del crimen no quedaron vainas servidas ni material balístico, por lo que se infiere que el disparo pudo haber sido realizado con un revólver. La bala mortal quedó alojado en el cuerpo de Joan.

   "La fiscal no descarta ninguna hipótesis. Está siguiendo todas las líneas investigativas y dedicada a un exhaustivo análisis de la evidencia reunida y la toma de testimonios", explicó un vocero de la investigación, para agregar que además "requirió los registros fílmicos de las cámaras de videovigilancia de las inmediaciones para que sean analizados".

El vecindario se expresó por la falta de seguridad
El crimen de Joan Steven Grueso Hernández movilizó a los vecinos que buscaron en los medios un canal para denunciar. "Acá hay mucha gente de bien y trabajadora, pero estamos rodeados de personas que no. Es alarmante la falta de seguridad y presencia policial. Este chico murió, entre otras cosas, porque la ambulancia tardó una hora en entrar", reclamó un vecino.
   "Vivir acá es, en muchos aspectos, desesperante. Hay que organizarse con vecinos para volver a la misma hora en el colectivo. Y también para ir a tomarlo, ya que este servicio pésimo favorece que te roben mientras esperás. Debimos organizar un Whastapp entre todos para ayudar al que lo necesite y pusimos alarma comunitaria", confió una vecina.
   En Manuel Ugarte al 800 hay al menos dos puntos de venta de drogas que complican aún más el vecindario. "No podes andar por la calle. Cuando hay cortes de luz, tiran piedras a las ventanas para ver si hay gente. Si no hay nadie, entran a robar. Y si tenés la osadía de enfrentarlos, como hicieron algunos, vienen arma en mano y te dicen «quedate en el molde porque hay balas para todos»".
   Una muestra de la impunidad quedó expresada cuando periodistas de este medio trabajaban en el lugar y al menos dos muchachos, marcando territorio, filmaron y fotografiaron a los trabajadores.

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