Desconocidos ingresaron el jueves de la semana pasada por una ventana a un sector de la parroquia Santísimo Redentor, ubicada en calle Gallini al 1100, en barrio Arroyito, y se llevaron un botín millonario que estaba destinado a realizar obras en la parroquia, la escuela que depende de la iglesia y el centro comunitario barrial.
Los ladrones, que ingresaron por una ventana utilizando guantes —motivo por el cual los pesquisas no encontraron huellas—, se llevaron un botín superior a un millón de pesos.
Así lo confirmó el cura párroco Lucas Policardo, quien lamentó el hecho pero destacó: "No se puede bajar los brazos, las dificultades en la Iglesia nos fortalecen".
El dinero sustraído, que es superior al millón de pesos, estaba destinado a obras que se iban a efectuar en la misma iglesia, pero también en la escuela San Juan de Diego —donde asisten alrededor de 600 chicos de la comunidad Qom—, de Juan José Paso al 1900, y en el centro comunitario del barrio, donde reciben apoyo escolar más de cien chicos.
En la parroquia también trabajan para rescatar a chicos de la calle.
"Es el dinero que se fue juntando durante mucho tiempo. El jueves tuvimos la visita de los amigos de lo ajeno", comentó el cura, quien subrayó que entraron por una ventana. "Ahora hay que animarse a levantarse y a seguir trabajando", subrayó.
La Agencia de Investigación Criminal (AIC) trabajó en el lugar buscando huellas en la ventana por donde ingresaron y en otros sectores de la iglesia, pero no hallaron huellas, por lo que estiman que trabajaron todo el tiempo con guantes.
"No me lo roban a mí sino a los más necesitados, a los chicos que concurren a la escuela, que pertenece a la parroquia, al centro comunitario y toda la gente que atendemos y que nos han acompañado durante la pandemia", lamentó el padre Lucas.
Sin embargo, y más allá de la desazón por la pérdida económica, el religioso señaló que ahora hay que "levantarse y seguir trabajando y que todos nos comprometamos a exigir y a trabajar por los más necesitados. Hay que sacar esa manía de ir a lo fácil, trabajar en la educación y recuperar la cultura del trabajo para que haya respeto por lo ajeno, que se fue perdiendo por las malas políticas y las malas acciones".
El padre también comentó que, si bien en la escuela han robado varias veces, es la primera vez que sucede en la iglesia.
"Me tocó a mí, como en otras ocasiones le ha tocado a los vecinos. Y como hace unos meses mataron a (el arquitecto) Joaquín (Pérez), es todo muy complejo. Hay mucha droga en todos lados. El que no la ve es porque no la quiere ver, es porque se tapan los ojos y los oídos, y aunque nos quieran vender buzones la realidad es muy dolorosa pero hay que animarse a transformarla".