Un incidente entre jóvenes en la zona de boliches en Belgrano y Tucumán terminó con un muchacho
apuñalado en la espalda y un antebrazo. A raíz de la agresión fueron detenidos dos chicos de 17
años. Según la policía, uno de ellos fue el que lastimó al joven, de 18, que hasta anoche estaba
internado.
La reiteración de estos sucesos en la zona es motivo de
preocupación de las autoridades policiales y del municipio. Hace menos de un mes, a una cuadra de
allí, Mauricio Ayala, de 20 años, recibió tres puñaladas que pusieron en riesgo su vida al
afectarle los pulmones. Fue dentro de un boliche, donde debe haber control con detector de
metales.
Afuera y adentro. Un registro coincidente entre funcionarios municipales y
policías abocadas a la seguridad de la noche rosarina es que hay más problemas fuera que dentro de
los boliches. "Las grandes grescas se generan afuera, donde la violencia aumenta", indicaron.
Adentro, dicen, el panorama mejora. "Los controles son óptimos. Rosario debe ser en Argentina la
ciudad con más alto nivel de control de los boliches", indicó el director del Registro de
Inspección de la Municipalidad, Luis Baita.
Desde el municipio se precisó que cada fin de semana los
organismos de control trabajan en conjunto. Participan entre 60 y 80 efectivos de las áreas de la
Dirección de Inspección y de Control Urbano con el apoyo de la Guardia Urbana Municipal y Tránsito.
En los boliches existen tres metodos de control: el punto fijo, que es cuando los inspectores
permanecen de apertura a cierre del local; la modalidad de cierre, que es sólo al horario de salida
y las auditorías, que pueden realizarse tanto de día como de noche.
La multitud. Una noche de sábado en Rosario se desplazan hasta unas 40 mil
personas, según fuentes ligadas al control de boliches. Ese número se basa en los que ingresan a
algún local y consumen. No contempla a los que deambulan sin entrar en ningún lugar de diversión
nocturna.
En la ciudad hay habilitadas 26 confiterías bailables, la
denominación que les da el municipio. Su funcionamiento está regido por dos ordenanzas, las que
regulan los espectáculos públicos en la ciudad: la 7218, sancionada en 2002, y la 6455, de
septiembre de 1997. Esta última es la que exige el detector de metales en los locales bailables.
Aunque no especifica si estos deben ser en forma de arco —como los que existen en los
tribunales provinciales o en la mayoría de los aeropuertos— o manuales.
"Estarán ubicados en un espacio intermedio entre las
puertas de acceso al establecimiento y el acceso propiamente dicho a la zona de recreación",
postula la ordenanza 6455. También prevé que debe haber dos policías adicionales: un hombre y una
mujer.
Si bien no queda especificado en la norma, se desprende que
de la manipulación del detector de metales manual queda encargado un empleado del boliche. Y en
caso de registrarse alguna anomalía, debe participar el policía adicional.
Esta ordenanza tuvo como disparador la agresión con una
navaja sufrida por Sebastián Foix, de 17 años, el 27 de julio de 1997 en un boliche bailable. En un
boliche de Rosario Norte hubo un asesinato aclarado: justo acaban de confirmarle la pena a su autor
(ver aparte).
Un mes atrás. El 6 de julio pasado Mauricio Ayala, de 20 años, había ido a bailar
con siete amigos al boliche Barabajo, de San Martín y Tucumán, y tras una riña en el local recibió
tres puntazos por la espalda. Pasó seis días internado y está en proceso de recuperación. "Eran
como treinta pibes que también nos golpearon a nosotros y a las chicas. Los patovicas dejaron que
nos pegaran y después nos tiraron gas pimienta. No veíamos nada, estábamos ciegos y así nos sacaron
a la vereda", relató uno de sus amigos a los dos días, cuando Ayala aún estaba en el Hospital
Centenario.
Públicamente los amigos del herido objetaron los controles en el local. "No
tiene detectores de metales, no nos revisaron y no había un policía en la puerta". El planteo fue
desacreditado tanto por la Dirección de Inspección municipal como por la policía. "Ese local tiene
seguro por responsabilidad civil, servicio de ambulancia, está habilitado como bar y confitería y
cuenta con dos detectores de metales manuales. Lo que pasó acá es que los dueños del lugar no se
enteraron de lo sucedido con Ayala porque sus amigos no le avisaron a nadie", comentó entonces una
fuente policial.