“No queremos esta sociedad donde uno puede jugar con la vida del otro y seguir adelante. No
queremos una sociedad donde no podemos confiar en la policía, en los dirigentes de los
clubes”. El cura Jorge Aloi pronunció estas frases ante más de 700 personas que ayer se
movilizaron en la zona norte para pedir justicia y esclarecimiento de la brutal agresión que sufrió
Ramiro Mateo, de 17 años, quien recibió un disparo de arma de fuego en la cabeza en la previa de un
partido de fútbol de salón que se iba a disputar en el Club Banco Nación.
Ese hecho ocurrió la noche del 6 de diciembre en Agrelo y Punta Alta, a
50 metros del Club Banco Nación. En esa entidad se estaba por disputar la final del campeonato de
primera de división de fútbol de salón entre Regatas y Naútico Avellaneda. Ramiro y un grupo de
amigos se encontraban en ese lugar, listos para ingresar y alentar al primero de los clubes. Pero
en eso aparecieron dos automóviles Peugeot 206, uno gris y otro negro, que detuvieron la marcha
frente al grupo. De los vehículos bajaron al menos cuatro hombres.
La agresión. Entonces ocurrió algo inexplicable. Uno de los recién llegados baleó en la
cabeza a Ramiro luego de querer robarle el bombo que estaba tocando el muchacho. Según contaron
testigos del episodio, cuando sonó el disparo se produjo un desbande generalizado y frente a los
agresores sólo quedaron entre cinco o seis socios de Regatas. Desde entonces, la investigación
judicial y policial está estancada.
La agresión. La versión que parece tener más fuerza hasta el momento coloca al episodio en un
terrible mensaje mafioso de un sector de la barrabrava de Rosario Central hacia un encumbrado
dirigente del club de Arroyito. Uno de los chicos que acompañaba a Ramiro aquella noche es hijo de
un miembro de comisión directiva. “Esta vez nos equivocamos. La próxima va para tu
hijo”, le habrían advertido por teléfono al directivo, según contaron a este diario algunos
participantes de la marcha.
Ayer el diario Clarín indicó, citando fuentes de la Justicia provincial,
que el hecho fue concretado por el grupo de la hinchada que responde a Luciano Molina, supuesto
enemigo del actual jefe de la barra, Andrés Pillín Bracamonte. De acuerdo a lo publicado por ese
medio, el ataque fue por elevación a Alfredo Bühler ya que Bracamonte contaría con el visto bueno
de la dirigencia auriazul.
Ramiro, mientras tanto, presenta una evolución muy satisfactoria. A
pesar de haber recibido un disparo en la cabeza, los médicos del Hospital Clemente Alvarez lograron
revertir un cuadro que era al principio de extrema gravedad. “Ha tenido una evolución
sorprendente”, dijo Ricardo Velasco, tío de Ramiro. “No puede hablar porque tiene una
traqueotomía, pero está lúcido, responde a todos los estímulos. Salió de terapia intensiva y su
vida ya no corre peligro”, manifestó el familiar poco antes del inicio de la caminata.
Esta fue la segunda vez que familiares y amigos de Mateo se movilizaron.
La marcha arrancó poco antes de las siete de la tarde desde la puerta del Club Regatas, sobre calle
Cordiviola. Los manifestantes, en su mayoría adolescentes, se pusieron a caminar batiendo palmas en
momentos en que se largaba un fuerte chaparrón. Para la agobiante tarde de ayer, el breve pero
contundente aguacero parecía una bendición. La lluvia no hizo mella y la columna salió por
Cordiviola y enfiló por el Paseo Ribereño hacia la zona norte.
Como en la marcha anterior, las únicas pancartas y carteles que se
vieron rezaban: “Fuerza Rama” y “Rama vos podés, te queremos”. Todo terminó
en la rotonda de Puccio, donde el padre Jorge ofició misa.
El cura le pidió a los manifestantes que recen por la salud de Ramiro,
pero también remarcó: “No podemos confiar en nada porque en toda la sociedad siempre salen
adelante los que buscan otros intereses distintos a los que buscamos la mayoría”.

























