En un episodio oscuro, un muchacho de 22 años fue asesinado con tres disparos
calibre 9 milímetros en la entrada a la torre de Grandoli 4951. Un joven que lo acompañaba, de 21,
resultó herido y quedó internado en el Heca. Todo sucedió horas después de un accidente de tránsito
entre dos motos, aunque para la policía el ataque no tendría relación directa con el choque sino
que se enmarcaría en una vieja disputa barrial. Los vecinos aseguran que desde hace más de un mes
las balaceras se acrecentaron en la zona.
Los habitantes del barrio Municipal, de Grandoli y Olegario Víctor Andrade,
dicen que los tiroteos son algo normal. "Es habitual que haya balazos y baleados", reflexionó ayer
una vecina, tras el incidente armado que la noche anterior regó de pólvora esa esquina.
Todo ocurrió el lunes pasadas las 22.15. Sebastián Galimany de tres balazos
cuando estaba cargando su moto chocada sobre un flete, junto a dos amigos. Fue en el patio de
ingreso a la escalera de Grandoli 4951, a metros de Andrade. Recibió tres impactos con entrada y
salida en tórax, abdomen y tobillo izquierdo. A Facundo S., de 21 años, un proyectil le ingresó por
el lado izquierdo de la pelvis y le salió por el glúteo derecho. Fue operado en el Clemente Alvarez
y quedó en observación. "Le realizaron un ano contranatura", indicó un vocero policial.
Un mundo en la calle."Los pibes llegaron a buscar una moto. Se ve que los
estaban esperando. Se escucharon unos ocho tiros. Pudo haber sido mucho peor: a esa hora esta
cuadra está llena de gente y pibes jugando", explicó una mujer de una de las nueve familias que
habitan en la escalera. "Esto es natural, aunque hace un mes y medio se puso peor. Cada día por
medio se cagan a tiros y nadie hace nada", refirió.
Sebastián Galimany y Facundo vivían en la misma torre del Fonavi que está a seis
cuadras de la esquina donde ocurrió el ataque. Ayer en ese edificio de Gutiérrez al 400 bis, que da
al Acceso Sur, los vecinos optaron por un silencio lapidario que reflejaba temor. Sólo se animaron
a deslizar que los pibes eran "buenos muchachos".
El accidente.La secuencia comenzó tres horas antes con el choque que se produjo
mientras Facundo guiaba una Yamaha Crypton de Galimany. "Mi hermano iba con la moto de Sebastián y
tuvo un choque contra otra moto en Grandoli y Andrade. Fue como a las 7 de la tarde. El pibe con el
que chocó es conocido de vista y como la moto se rompió la dejó ahí", empezó a narrar la secuencia
una muchacha que se presentó como hermana de Facundo, pero cuando iba a avanzar con su relato una
vecina la retiró del lugar sin más explicaciones.
Una vecina que presenció el accidente contó que "el pibe (por Facundo) venía por
Grandoli y cuando llegó a Andrade quiso girar en «U» y se llevó puesto a Brian, que venía en su
moto". Después del choque, según la testigo, los dos muchachos llevaron las motos a resguardo hasta
la entrada de la escalera. Cuando estaban intercambiando datos, Facundo tuvo un incidente con otro
muchacho "que no tenía nada que ver con el choque y que salió a increparlo con un arma de fuego",
explicó un vocero.
Ante esa intimidación, Facundo dejó la Crypton de su amigo abandonada y se
marchó. La moto chocada quedó en el patio que tiene unos 5 metros de ancho por 10 de largo, detrás
de un carrito de panchos y delante de un Renault 12 descompuesto.
Cercados a tiros. "Los estaban esperando". Tres horas más tarde, cerca de las
22, Facundo y Sebastián volvieron a buscar la moto en una camioneta Peugeot 504 alquilada como
flete. Los pibes llegaron acompañados por el fletero, de 57 años, y otro muchacho. Colocaron el
flete con el capó mirando hacia Grandoli. Y cuando empezaron a cargar la moto comenzaron los tiros.
Fue una emboscada: "Los estaban esperando. Sabían que iban a volver a buscar la moto", explicó un
vecino.
"Se escucharon unos ocho disparos y después los gemidos de dolor de uno de los
pibes", relató una vecina del patio que, al escuchar las detonaciones, se escondió en su casa. Las
fuentes indicaron que al observar lo sucedido el fletero puso primera y se marchó, con Sebastián y
Facundo refugiados en la caja de la camioneta. El otro muchacho que los acompañaba desapareció.
Los dos baleados fueron trasladados al Heca, adonde Galimany llegó muerto. De la
escena del crimen los peritos recogieron ayer dos plomos calibre 9 milímetros, uno de los cuales
había impactado en la óptica trasera derecha del R 12, aunque no hallaron vainas servidas. En el
barrio, quedaron campeando las sospechas y el miedo: "Todos saben quién fue. Pero nadie lo va a
decir porque tienen miedo", indicó un muchacho conocido de los pibes baleados. l
Leo Graciarena
La Capital