Policiales

"Los ladrones no tenían idea de dónde estaba el tesoro del banco"

Ayer declaró la cajera de la sucursal del Credicoop de General Lagos asaltada en 2015 por policías y civiles que antes habían copado la subcomisaría.

Martes 02 de Octubre de 2018

Una filmación del robo al Banco Credicoop de General Lagos de mayo de 2015 registró que los primeros en llegar aquella mañana fueron un contador y una cajera que bajaron de un remís, a los que enseguida se sumó otro empleado. Minutos después dos hombres vestidos de policías los apuntaron con armas y los obligaron a entrar a la sucursal, de donde se llevaron 143 mil pesos en un golpe sincronizado con el copamiento de la comisaría local. Tres años después, la cajera declaró ayer en el juicio que se les sigue a cinco policías y tres civiles acusados de integrar dos bandas conectadas. "No tenían ni idea de dónde estaba el tesoro del banco ni conocían el retardo en la apertura de la bóveda", contó frente al tribunal.

El detalle evidenció la falta de datos internos de una banda que, si bien dominó la coordinación externa, tuvo que huir con dinero de la línea de caja al no poder acceder al tesoro.

Desde la semana pasada los jueces Eleonora Verón, Gonzalo López Quintana y Facundo Becerra juzgan por ese y otros delitos a ocho acusados de asociación ilícita, robos calificados y privaciones ilegítimas de la libertad. Dos de ellos eran el jefe de la subcomisaría 26ª de Villa Gobernador Gálvez y su secretario, quienes según la acusación actuaban en coordinación con una banda de asaltantes civiles para quienes solicitaron penas de hasta 25 años de cárcel.

Atada con alambre

Mirta es empleada bancaria y desde hace más de diez años trabaja en la sucursal del Banco Credicoop ubicada en San Martín 671 de General Lagos. El golpe fue el 12 de mayo de 2015 cuando seis delincuentes coparon la subcomisaría 13ª, a cinco cuadras del banco. En ese momento sólo estaba una sargento a quien ataron con alambres, le robaron su pistola y la llave de la armería, de donde llevaron una ametralladora, dos escopetas y tres chalecos antibalas.

La acción buscaba evitar cualquier intervención policial en el robo al banco, que arrancó cerca de las 7 de la mañana. A esa hora el sargento Ricardo M. buscaba algunas pertenencias en el baúl de su auto frente al banco donde debía presentarse a realizar adicionales. Entonces se le arrimó un hombre que lo golpeó y le apoyó una pistola al cuello. Luego lo obligó a sentarse en el asiento del acompañante, donde permaneció con la cabeza gacha, custodiado y con una pistola en la cabeza los cerca de veinte minutos que duró el asalto.

"Llegué con el remís a las 7 de la mañana. Conmigo iba Carlos, el contador. Nos llamó la atención un patrullero de la policía que no estaba bien sobre la calle sino como escondido. Y estaba también el vehículo del custodio que tenía que venir a trabajar en nuestra filial. Había un policía parado en la puerta. Dijo que venía a hacer adicionales como refuerzo porque había habido algunos problemas en el Banco Municipal de Rosario. Pero nosotros si no conocemos al policía no lo dejamos pasar", relató la empleada ante preguntas del fiscal Sebastián Narvaja.

La mujer contó que estaban en ese "tire y afloje" cuando llegó un cajero que bajó de un auto blanco. "¿Qué pasa que no entran?", saludó el hombre. Sus compañeros le contestaron que no conocían al uniformado. "Si ahí enfrente está el vehículo del policía que viene siempre, ¿qué pasa? ¿Se quedó dormido", preguntó el empleado antes de alejarse hacia ese auto donde estaba retenido el custodio M. En ese momento apareció otro hombre que lo apuntó con un arma y lo obligó a regresar a la vereda.

"Cuando llegaron, el policía que estaba parado en la vereda le apuntó a Carlos y dijo «esto es un robo, abran la puerta»", recordó la cajera, quien describió al asaltante como un hombre de tez blanca que llevaba una gorra. Era "más bien alto, corpulento, de treinta y pico de años" y fue "siempre muy amable, nunca levantó la voz".

El otro asaltante —"un cincuentón tirando a flaco, alto, de bigotes finos y lentes gruesos"— se tapaba la cara con un pañuelo e iba "más sacado. Entró gritando «no hagan nada porque los quemo. Era el más agresivo de los dos»". Si bien ella no lo advirtió, en la filmación se ve que también iba vestido con ropa policial pero sin gorra.

Las tres víctimas y los dos ladrones entraron en fila al banco. A Marta le ataron las manos con alambre. Según contó, los asaltantes "no sabían nada de las ubicaciones" y confundieron la entrada a la bóveda con un cajero automático. Luego obligaron a sus compañeros a llevarlos al tesoro, donde le sacaron a la billetera y el celular al contador mientras digitaba una clave.

Pero, según explicó el gerente de la sucursal que declaró ayer, la bóveda estaba programada para abrirse a las 8.15 tras el ingreso de una clave y una espera de diez minutos. Ante ese obstáculo los ladrones se llevaron dinero de la caja y cuatro cofres metálicos con chequeras y tarjetas de créditos. Según el arqueo, acopiaron 143.878, 59 pesos en efectivo.

"Cuando se estaban llevando las cosas suena un celular que atiende el vestido de policía. Contestó «todo bien, ya salimos». Se fueron y ahí terminó todo", relató la empleada. Al salir se encontró con el custodio M. "totalmente descompuesto y agarrándose la cabeza". Este policía también declaró en la jornada de ayer. "Cuando se fueron me quedé con los ojos cerrados porque pensé que me iba a matar", dijo, aunque alcanzó a advertir que un patrullero se alejaba levantando polvareda.

Sindicados

Para los fiscales, el asaltante de bigote sería Damián "Rastrero" López, de 36 años, para quien solicitaron 23 años de cárcel; mientras que el falso uniformado con gorra sería Humberto "Viejo" Aguirre, de 53 años, sindicado como jefe de la banda de civiles y para quien pidieron una pena de 25 años de prisión. El maleante que retuvo al custodio en el auto nunca fue identificado.

banquillo. El juicio oral a los ocho imputados comenzó la semana pasada.

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