Policiales

Los homicidios múltiples, un reflejo de la creciente violencia mafiosa

En los últimos cinco años se están generalizando los asesinatos planificados, con mensajes, muchas balas y en varios casos con más de una víctima.

Domingo 22 de Abril de 2018

En el último lustro Rosario se fue acostumbrando ser testigo de asesinatos despiadados a balazos. Buena parte de ellos con dos o más víctimas y un denominador común: violencia extrema y exacerbada que se fue naturalizando con ímpetu. La semana que pasó hubo dos botones de muestra. El primero fue el triple crimen del lunes a la tarde en Granadero Baigorria, donde Ezequiel "Parásito" Fernández, su hermano José "Grasita" Fernández y Gerardo "Abuelo" Abregú fueron acribillados de una treintena de balazos antes de que se bajaran de un auto. Y la tarde del jueves, en lo profundo de barrio, Saladillo Cristian "Moco" Reynoso fue acribillado con ráfagas de ametralladora mientras su concubina y un nene de 9 años resultaron heridos de bala y el bebé que tenía en brazos Moco sufrió un golpe en la cabeza.

Los primeros cuatro meses de 2018 desafían a sangre y plomo las estadísticas sobre la merma de los homicidios dolosos en Rosario que se experimentó hasta el año pasado. La ciudad había sufrido el pico de crímenes en 2013 y 2014, con 264 y 250 homicidios anuales respectivamente, que luego comenzaron a disminuir.

El contexto de alza y baja en la cantidad de homicidios tuvo entre sus factores el vacío de poder que generó el asesinato de Claudio "Pájaro" Cantero y el posterior encarcelamiento del núcleo duro de la banda de Los Monos, así como la salida de circulación —por prisión o muerte— de viejos referentes del mercado de la droga en la ciudad. En una provincia en la que sus vecinos habían visto caer preso en marzo de 2013 a manos de la Justicia federal a su jefe de policía, Hugo Tognoli.

Sin embargo, tanto en el alza como en la disminución de los asesinatos, hubo datos subjetivos que saltaron a la vista de cronistas que trabajan en el territorio. Uno de ellos fue la normalización o acostumbramiento al crimen con tinte mafioso, con dos o más víctimas, muchos impactos de bala, un contexto de criminalidad y un muro de silencio que impedía ver a contraluz. Impedía ver, pero no intuir en barrios donde el aumento de circulación de armas y violencia es palpable. En contraposición, una multiplicidad de discursos oficiales tratando de explicar la situación tomando como eje el aspecto positivo de la lecturas de las estadísticas.

Otro detalle que también emergió a los ojos de los cronistas es un aumento de la denuncia de casos de violencia institucional y gatillo fácil por parte de la policía.

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Triple crimen. El lunes pasado acribillaron a tres hombres dentro de un auto a plena luz del día. 
Triple crimen. El lunes pasado acribillaron a tres hombres dentro de un auto a plena luz del día.


"A veces la baja en la cantidad de homicidios no alcanza a explicar la creciente violencia que se refleja en esos hechos"

Rarezas

Tomando a las estadísticas oficiales sobre homicidios dolosos en el departamento Rosario como la referencia, los mejores años de la década fueron 2010 y 2011, en los que se registraron 126 y 164 asesinatos respectivamente. Por aquellos días los dobles y triple crímenes eran una rareza.

Ese frágil equilibrio se rompió el 1º de enero de 2012 cuando en la canchita de fútbol de la Agrupación Infantil Oroño de la Villa Moreno Jeremías "Jere" Trasante, Claudio "Mono" Suárez y Adrián "Patóm" Rodríguez esperaban a tres amigas. El destino cruzó a estos pibes que militaban en el Movimiento 26 de Junio con Sergio "Quemado" Rodríguez, que buscaba desatar su furia homicida contra soldaditos del "Negro Eze" que habían herido a su hijo Maximiliano, "El Quemadito". Los pibes, ajenos a todo conflicto callejero, fueron fusilados a sangre fría.

Ese triple crimen marcó un antes y un después. Remarcó en las víctimas el concepto de que debían reclamar en la calle para que la Justicia los visibilizara y se lograra una condena. Pero el impacto no pudo ser capitalizado en el control de la violencia callejera y las crónicas policiales comenzaron a plagarse de ataques a balazos con múltiples víctimas, mensajes encriptados y armas humeantes.

"El fenómeno de la violencia armada se está imponiendo por sobre el concepto de inseguridad"

Violencia colateral

A partir del triple crimen de la villa Moreno se fueron afianzando los hechos de homicidio con tinte mafioso y más de una víctima que entre 2012 y 2017 se contaron entre los cuatro y seis por año. ¿Alto o bajo para el promedio anual? Lo importante es que fueron sumamente violentos y lentamente se afianzaron los daños colaterales: aquellas víctimas que sufrieron violencia por ser allegados, parientes o amigos del objetivo.

Un caso testigo en este rubro en los orígenes de esta reflexión tal vez sea el ocurrido el domingo 25 de noviembre de 2012 en los barrios 17 de Agosto y Las Flores. Tiempos en que la banda de Los Cambichos comenzaba su caída tras el asesinato de "Jonita" Avalos. Podría decirse que fue un "triple crimen", aunque se desarrolló en media hora. Comenzó con el homicidio de Antonio Silvero, de 16 años, en el barrio del Casino. Sus allegados cruzaron Circunvalación para buscar venganza contra el apodado "Bola", fallecido hace un año, en Las Flores: allí mataron Cristian Ramón Machuca, de 21 años, y a Santiago Marcelo Ruiz, de 16. Esa secuencia de venganza encolerizada se hizo normal en las calles de Rosario.

Al año siguiente, 2013, el asesinato de Cantero el 26 de mayo agregó ingredientes a algunas ejecuciones. Dos días después se registró un triple crimen como coletazo del homicidio del Pájaro. Fue la tarde del 28 de mayo, mientras salían los alumnos de una escuela de Francia y Acevedo donde una camioneta Nissan negra fue emboscada a balazos por los ocupantes de dos motos que buscaban a Milton César, que por esos días se mencionaba como homicida del Pájaro. El conductor de la Nissan, Marcelo Alomar, de 36 años, murió en el acto. Nahuel César, sentado de acompañante, resultó gravemente herido y murió minutos después. Su madre Norma murió seis meses más tarde internada en el Clemente Alvarez. Dos niños y su padre sobrevivieron al vendaval de balas.

El 29 de diciembre de ese mismo año, al costado de la ruta en el acceso sur, fueron asesinados el empresario sindicado como narco Luis Medina y su pareja de entonces, Justina Pérez Castelli.

En enero 2015 se produjo en el barrio Santa Lucía otra suerte de triple crimen que se desarrolló en un lapso de 36 horas. Todo comenzó la madrugada del 10 de enero en el pasaje 1756 al 2200 con el asesinato a balazos de Mario Brest, de 15 años, y su tío Brian Torres, de 26, que recibió un disparo en el pecho cuando intentó defenderlo. Posteriormente y en el mismo lugar fue asesinado horas más tarde Lucas Maturano, de 20 años. Fue el colofón de un conflicto barrial entre familias que se sostenía desde 2010. Tres muertes dentro de un mismo grupo de pertenencia en el mismo lugar.

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<p>Impacto. Móviles policiales cercaron la zona donde el lunes se produjo un triple crimen en Granadero Baigorria, que conmocionó a la opinión pública.</p><div><br></div>

Impacto. Móviles policiales cercaron la zona donde el lunes se produjo un triple crimen en Granadero Baigorria, que conmocionó a la opinión pública.


Creciente

Las estadísticas oficiales de homicidios dolosos fueron a la baja durante 2016 y 2017, con 180 y 162 crímenes anuales respectivamente. Sin embargo, a veces la baja en los números no alcanza a explicar la creciente violencia. El sábado 11 de noviembre del año pasado, a la hora la siesta, el Fiat Palio en que salían de la cárcel de Piñero fue emboscado a dos kilómetros del cruce que salían de la cárcel de Piñero fue emboscado a dos kilómetros del cruce de las rutas A-012 y la 14 por otro auto. El convicto Javier Gaitán, de 27 años, quien empezaba sus 36 horas fuera del pabellón 3 del penal; Brian Alexis Rodríguez, de 24; Rodrigo Silva, de 15, murieron acribillados por sicarios. El cuarto pasajero, apodado "Cordobés", sobrevivió. Sobre el asfalto se hallaron más de 17 vainas servidas de diversos calibres.

Desde entonces en el Departamento Rosario hubo seis doble crímenes con tinte mafioso y dos triples homicidios con el mismo tenor. Algunas de las víctimas murieron sólo por estar junto con la persona buscada como en el caso de Dante Gago, muerto en una balacera contra su amigo Jorge Selerpe en febrero; o Yamil Riquelme, víctima del atentado homicida contra su padre Pablo.

A fines de marzo, en Medrano al 2700 hubo un atentado con dos víctimas (ver página 41): Leandro Zarandonelli murió el 29 de marzo y Carlos Gálvez días después.

Este año ya hubo dos hechos con tres víctimas. Además del perpetrado el lunes en Granadero Baigorria, el 22 de marzo fueron acribillados en una casa de Colón al 3800, en Tablada, Rodolfo Omar "Petete" Palavecino, de 42 años; Fabricio Heredia, de 36, y Marcelo Délfor González, de 45. En esa última escena se recogieron al menos 15 vainas servidas calibre 9 milímetros.

Un nuevo fenómeno

Durante el último lustro la Justicia provincial desarrolló investigaciones contra delincuentes de calibres diversos. Desfilaron desde barras bravas hasta la banda de Los Monos, cuyo juicio tuvo sentencia hace un mes. Un proceso que tuvo como telón de fondo acusaciones de narcotráfico que no tuvieron un correlato en el accionar de la Justicia Federal, quizás la pata más floja en el análisis de la violencia en la ciudad.

En los estos últimos años podría decirse que el fenómeno de la violencia armada comenzó a imponerse sobre el concepto de "inseguridad". Una problemática que requiere un abordaje preventivo que excede la militarización de los territorios y que obliga a concentrarse en la decodificación del origen de los conflictos, su posterior judicialización y el arribo a una condena. Ir más allá del conflicto puntual, detectar el origen y cortarlo antes que se genere un árbol de réplicas y venganzas.

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