Dos semanas después del crimen de Lorenzo “Jimi” Altamirano, un informe policial advertía que al músico de 28 años lo habían secuestrado al azar para dejar un mensaje. Decía además que a uno de los agresores lo habían atacado a tiros días después. Esos dichos de calle permitieron llegar a Daniel Mateo Bomer, detenido el jueves en un centro de rehabilitación del conurbano bonaerense e imputado este lunes como partícipe del asesinato. Con él fue imputado Alexis Oscar “Tato” Romero, en su caso como uno de los ejecutores de Jimi frente a la puerta 6 del estadio de Newell’s. Un asesinato cometido para dejar un mensaje a los jefes de la barra brava dentro de una interna en la banda de Los Monos.
Bomer y Romero fueron acusados de actuar como mano de obra de Pablo Nicolás Camino, un preso en la cárcel federal de Rawson que lidera una de las células de Los Monos en conflicto con otros referentes detenidos en Ezeiza. El juez Héctor Núñez Cartelle dictó la prisión preventiva de ambos por el plazo legal de dos años. Los dos fueron acusados de un homicidio calificado por ser premeditado entre más de dos personas —Bomer como partícipe y Romero como autor— además amenazas coactivas calificadas.
A esas figuras en común sumaron imputaciones individuales. Para Bomer, como miembro de la asociación ilícita de Camino con epicentro en barrio Godoy para la venta de drogas. Romero fue implicado en el robo con arma del Renault Sandero usado en el crimen, sustraído dos días antes en Cochabamba y Chacabuco.
A fines de junio Camino había sido imputado como instigador del crimen de Jimi. Está previsto que el mismo rol le sea atribuido a Leandro “Gordo” Vilches, otro lugarteniente de Los Monos preso con Camino en Rawson.
En la audiencia, presenciada por familiares de la víctima y con ambos imputados conectados por pantalla desde prisión, el fiscal Matías Edery explicó que el contexto del crimen fue la disputa desatada hace nueve meses en la banda de Los Monos a partir de una deuda de 60 mil dólares por una carga de drogas impaga. La sociedad entre Camino, Vilches y Rodolfo “Eri” Massini, llamada “La Mafilia”, se enfrentó contra Carlos “Toro” Escobar y Leandro “Pollo” Vinardi, presos en Ezeiza. A éstos últimos se les atribuye el control de la barra leprosa y el diseño de una bandera gigante con la imagen de un mono, un toro y un pollo que se desplegó en el estadio durante el homenaje a Maxi Rodríguez.
Entre las evidencias contra Romero se mencionó que su celular impactó en la antena del estadio la noche del crimen. Hace dos semanas había sido acusado por integrar la asociación ilícita de Vilches, que según los fiscales trabaja en sintonía con Camino desde Rawson, además de una serie de homicidios. A Bomer, entre otros elementos, lo comprometen llamados que mantuvo horas antes con Romero y el propio Camino, se presume que para coordinar detalles del ataque. En su celular tenía una foto de Jimi y selfies en las que posaba con armas.
El fiscal dio cuenta de testimonios de los familiares y amigos de Jimi. Ellos contaron que hacía malabares en semáforos en la zona de barrio Parque y tocaba el bajo en varias bandas. La noche del miércoles 1º de febrero salió de ensayar con una banda de punk rock y caminaba hacia su casa cuando fue raptado en Iriondo y 27 de Febrero por los ocupantes del Sandero. Lo llevaron a la puerta 6 del estadio Marcelo Bielsa y lo ejecutaron con tres tiros, en la cabeza, tórax y un brazo. Murió horas después en el Heca.
Puntapié
Los atacantes huyeron en el Sandero, que abandonaron incendiado en Latzina al 2900. En el bolsillo del pantalón de Jimi habían dejado una nota: “Damián Escobar, Leandro Vinardi, Gerardo Gómez, dejen de sacar chicos del club para tirar tiro en Rosario”. El contenido del cartel y el material balístico coincidía con los de otros atentados que se sucedieron en esos meses. “La balística y los carteles dieron el puntapié”, dijo Edery, lo que se completó con los cruces de llamados y el contenido de celulares.
Los videos de las cámaras que captaron la última caminata de Jimi más el recorrido del Sandero fueron parte del material expuesto en la audiencia. A esto se sumó un informe de inteligencia de la Agencia de Investigación Criminal del 17 de febrero en base a entrevistas anónimas que mencionaban a Jimi como alguien seleccionado al azar y que no estaba vinculado “a ninguna banda como tampoco a los mercados ilegales de la zona”. El informe mencionaba que uno de los involucrados en el crimen había sido atacado a tiros días después.
Una entregada
Así, en la consulta a registros policiales y llamados al 911 se detectó que el 4 de febrero, tres días después del crimen de Jimi, Bomer había sido herido con once tiros en Iriondo y 3 de Febrero. Internado en el Heca, él mismo les contó entonces a los policías que se había hecho el muerto para que dejaran de dispararle y así sobrevivió. Dijo que es hincha fanático de Newell’s y conocía a Camino porque solía ir con él a la cancha. “A mí me contactó Nicolás Camino que sé que está preso y me dijo si quería trabajar para ellos aguantando casas. Yo le dije que sí. Esto fue hace un par de meses”, reveló.
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Dijo que el día en que lo balearon “Tatito” Romero le había avisado por WhatsApp que pasaría a buscarlo por Iriondo y Deán Funes para ir a “levantar” un auto. Al llegar al lugar de la cita se encontró con dos chicos con gorrita que se acercaron caminando de frente, sacaron pistolas y le empezaron a tirar. “Yo caigo y me hago el muerto para que me dejen de tirar. Ellos se van corriendo tirando tiros al aire y cambiándose de ropa”, relató. Luego pasó un auto como el que iría a buscarlo, pero el conductor lo miró “como sorprendido” y se fue.
“Para mí esto fue una entregada de Tatito”, dijo entonces Bomer. Los investigadores no descartan que en el entorno de la propia banda hayan intentado matarlo para silenciarlo. Fue herido en el tórax, piernas, brazos, espalda, omóplato izquierdo y un glúteo. Al preguntarle por qué creía que lo habían atacado, contestó: “No lo tengo claro. Por un lado puede haber sido porque muchas veces ellos me contactaban para hacer laburos y yo no podía o parecía como que la vida no quería que haga esos laburos, o porque al final no me pasaban a buscar o siempre había alguna traba”. Luego deslizó las sospechas hacia Romero y dijo que esa semana había habido “bastante quilombo con el tema de la barra”.
Evidencias celulares
Bomer no tenía causas en su contra y cuando le dieron el alta se fue de la ciudad. Lo ubicaron la semana pasada en un centro de rehabilitación cristiano de Villa Bosch, en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Según la evidencia expuesta por Fiscalía, el día del crimen de Jimi se comunicó en reiteradas oportunidades con Camino, a quien tenía agendado como “Trotro”, y con Romero, registrado como “TT”. Si bien el contenido de esas conversaciones se desconoce, se cree que fueron parte de la coordinación del crimen.
De acuerdo con la acusación, Bomer no tenía datos móviles y sólo hablaba por teléfono en su casa conectado al wifi. El crimen de Jimi se cometió a ocho cuadras de su domicilio y el auto Sandero fue quemado a cinco cuadras. Fue imputado como partícipe, bajo sospecha de haber estado en el auto con los atacantes. Dentro de la banda de Camino fue ubicado en el “estamento operativo” como alguien que se encargaba de robar vehículos o participaba de la logística de hechos violentos.
En el caso de Romero, la evidencia más fuerte es que su celular impactó en la antena del estadio de Newell’s la noche del crimen. Otro dato es que el robo del Sandero dos días antes fue cometido por dos jóvenes, uno de ellos de remera amarilla, gorrita gris y un tatuaje idénticos a la ropa y el tatuaje que se ven en fotos de Romero recuperadas del celular que le secuestraron al momento de su detención.
El análisis del contenido de ese teléfono, su afiliación a la banda de Vilches y la declaración que brindó el propio Bomer al sobrevivir al atentado se consideran otros elementos que lo comprometen.