Ni siquiera haber entregado su moto Honda Wave con los papeles bajo el asiento salvó a una comerciante del barrio San Francisquito del asedio de extorsionadores anónimos que balearon cuatro veces el frente de su casa. “Pedazo de gila, batiste la cana. Me hiciste una cama. Me diste la moto y a dos cuadras había policías”, fue el mensaje que le llegó el mismo día de la entrega a través de un falso perfil de Facebook. Un joven de 24 años y un adolescente habían caído presos a bordo de la moto y culpaban a la mujer, a quien le exigieron que se presentara en la comisaría 13ª a decir que se las había prestado.
“No le deseo ni a mi peor enemigo estas cosas. Es muy feo. Se ve en el noticiero todos los días, pero uno nunca piensa que le va a tocar algo así”, expresó Carolina, la víctima, en una de las sucesivas denuncias que presentó por la saga de extorsiones. Este martes fue imputado Maximiliano Ezequiel A. como uno de los motociclistas que iban en la Honda Wave blanca de 110 centímetros cúbicos y fueron detenidos de manera casual por la policía el jueves pasado.
El fiscal Federico Rébola imputó a A. como coautor de una extorsión doblemente agravada por el uso de arma y la participación de un menor de edad, un adolescente de 16 años que a su vez fue indagado en un juzgado de Menores. El juez Héctor Núñez Cartelle le dictó la prisión preventiva hasta el 22 de diciembre al joven de 24 años, que cuenta con un antecedente de condena. En 2019 el juez Mariano Aliau le había dictado 6 años y 8 meses de prisión por un robo calificado con un arma apta, pena que vence en septiembre del año que viene.
Cuando empezaron a impactar las balas en el frente de su casa, donde atiende un quiosco y almacén de barrio, Carolina pensó que se habían equivocado de dirección. O que su local había corrido la misma suerte que otros dos comercios de los alrededores que debieron pedir custodia policial tras ser blancos de balaceras. Nunca pensó que las balas estaban dirigidas a ella hasta que dejaron un cartel con su nombre. Entonces llamó a la policía.
La saga comenzó el lunes 4 de septiembre. A la 1 de la madrugada pasó una moto frente su domicilio y realizaron siete disparos al frente. Una vaina quedó en un pasillo y la comerciante la guardó. Pasaron casi dos semanas hasta que el viernes 17, desde una moto Honda Wave negra sin patente, dos encapuchados realizaron dos detonaciones en plena tarde, alrededor de las 17. Los dos balazos fueron a dar al exhibidor del negocio. Una vez más, la mujer guardó las balas.
Esta vez no tuvo que esperar mucho hasta el siguiente ataque: fue esa misma tarde a las 20, desde la misma moto. Seis tiros efectuados con una pistola calibre 40 cuyas vainas pasaron a engrosar la colecta de plomos de la víctima fueron apenas el anticipo del contundente mensaje con balas que llegaría cuarenta minutos más tarde.
Otra vez desde una Honda Wave negra dispararon 15 tiros. Tres impactaron contra la puerta del garaje donde funciona el quiosco. Los atacantes frenaron unos metros más adelante y realizaron diez tiros más. Luego aceleraron la moto y se fueron. Esta vez dejaron un cartel dirigido a la comerciante. La frase iniciaba con su sobrenombre y seguía diciendo: “Traidora pagá porque no te va a salvar nadie”. Unos minutos antes había recibido en su perfil de Facebook una solicitud de amistad de un usuario desconocido que no aceptó.
Fue entonces, con la cuarta balacera consumada, que llamó a la policía, hizo entrega de las vainas y se secuestró la nota amenazante escrita en un cartón. “De las cuatro veces que dispararon contra mi domicilio en ninguna hubo heridos. Si no llamé antes a la policía fue porque pensé que se habían equivocado. No tengo problemas con nadie, no sospecho de nadie”, dijo en la primera denuncia. Cuando aún no había descubierto que los jóvenes detenidos eran vecinos de su barrio e, incluso, el menor de ellos cliente del negocio.
La noche siguiente le escribieron desde la misma cuenta de Facebook para exigirle un millón de pesos o que entregara la moto. Le dijeron que tenía dos horas para hacer la entrega o si no le iban a seguir baleando el quiosco y le iban a “borrar la cara” mientras lo atendía. A partir de las intimidaciones comenzó a cerrar a las 22 cuando antes lo hacía a la medianoche.
El martes 19 volvió a recibir mensajes: “TENES QUE DR 1 MOTO O 1 MILLON DE PESOS O TE SEGUIMOS LLENNDO DE PLOMO”, “PEDZO DE GILA TE GUSTA BATIR LA CANA AHORA VAS A VER LOS QUE ES LA MAFIA AHORA”, “NO VAS A CAMINAR TRANKILA”, decían, textuales, los mensajes. “¿De dónde voy a sacar yo un millón de pesos? Como plata no tenía les di la moto para que no me molesten más”, diría luego la víctima, que envió a un familiar con la moto hasta el lugar que le indicaron: Cerrito y Pedro Lino Funes, frente a “un paredón de Newell’s y Racing”. Pero allí nadie lo esperaba.
Carolina se contactó con el perfil de Facebook y los extorsionadores le dieron otra dirección en Cerrito y Rouillón, donde cerca de las 22 una persona se llevó la moto. “Ya le di la moto, ya está”, escribió la comerciante al perfil falso que a continuación bloqueó. La conquista de los atacantes no duró ni una hora. A las 22.50 policías de la Brigada Motorizada quisieron identificar a los ocupantes de la moto blanca en Alsina y Gálvez.
Según el parte del procedimiento se escaparon por Alsina hacia el norte hasta entrar a las vías, donde perdieron el control y cayeron al piso. El que iba como acompañante arrojó un celular Samsung con una imagen de Diego Maradona como protector de pantalla. Era A., quien fue detenido junto al conductor de 16 años, a quien también le secuestraron el teléfono.
Así, cuando la víctima pensó que la pesadilla había terminado, la rueda de extorsiones se reanudó con la misma violencia: “Pedazo de gila, batiste la cana, me hiciste una cama. Me diste la moto y a dos cuadras había policías”, le escribieron. Por más que ella explicó que la moto no tenía pedido de captura, le exigían que presentara en la comisaría 13ª y decir que se las había prestado a los detenidos. Pero a esa altura ya estaba en marcha el trámite de imputación que se concretó hoy.
“En las primeras balaceras no entendía nada. Decía que era lo mismo que le hacían a otros quioscos. Pero después del cartel entendí que eran para mí. Hace tres semanas que no duermo, no como. No se lo deseo ni a mi peor enemigo. De estas cosas se ven noticias todas los días pero uno nunca piensa que le va a tocar así”, declaró la comerciante en la investigación, que continúa con medidas en curso para dar con otros posibles implicados en la trama de extorsiones.