En una operación conjunta de las policías española y portuguesa fueron
secuestrados en un puerto de Portugal 625 kilos de cocaína que iban camuflados en un cargamento de
ajo procedente de Mendoza y embarcado en el puerto de Rosario. El procedimiento fue realizado el
domingo en el puerto de Leixões, cercano a la ciudad portuguesa de Oporto. Allí la policía requisó
el contenedor de un barco que zarpó de Rosario el 4 de junio con de 22 toneladas de ajo procedentes
de una empresa mendocina. Cuatro gallegos fueron detenidos como los cabecillas de la banda acusados
de tráfico internacional de estupefacientes. La carga fue valuada en 18 millones de euros.
La operación, bautizada "Cabana", fue en realidad la fase
final de un trabajo de inteligencia que se había iniciado en octubre del año pasado, con
intervenciones telefónicas y seguimiento de los principales sospechosos. La banda también estaba
integrada por argentinos, algunos de los cuales fueron identificados en las tareas de
seguimiento.
Nueva ruta. La policía española cree que la maniobra revela la intención
de los traficantes de encontrar nuevas vías de despacho de cargas ilícitas, como resultado de la
intensificación de los controles en los puertos de Venezuela y Ecuador. Ante esos ajustes,
consideran que Argentina sería un camino alternativo. También presumen que la carga se ocultó en
ajos porque sobre esa mercadería pesan menos controles sanitarios.
Según los investigadores, el cargamento de ajo era legal y
se supone que la empresa mendocina despachante sería ajena a la maniobra. Los efectivos creen que
la droga podría haber sido colocada en las cajas en algún tramo entre Mendoza y Rosario. Pero como
se desconoce si el buque hizo alguna escala en el trayecto Rosario-Oporto, se ignora si la cocaína
pudo ser incorporada al contenedor durante el viaje por agua.
Los detenidos prestaron declaración y quedaron a
disposición del juzgado de Orense, España. La banda actuaba bajo la pantalla de las empresas
legales del sector alimentario y la droga tenía como destino final una empresa cárnica de
España.
Las autoridades de seguridad de la provincia de Santa Fe
recién tomaron conocimiento del caso ayer y la reacción general fue el desconcierto (ver aparte).
Hasta anoche, según fuentes del caso consultadas en España, la policía ibérica no había contactado
a sus pares argentinos.
El inicio. La investigación comenzó en octubre de 2007 cuando la Unidad de
Delincuencia y Crimen Organizado de Galicia y la Guadia Civil de Pontevedra (ciudad del sur de
Galicia) aportaron las primeras informaciones de la operación de contrabando que comenzaba a
gestarse. En ese tramo de la investigación, denominada "Sordo", investigaron a la banda junto con
la Policía Judiciaria de Oporto, que ya tenía una pesquisa abierta sobre el caso. Esto, según una
nota de prensa de la policía de Orense a la que tuvo acceso La Capital, les aportó un "exhaustivo
conocimiento de la organización".
De este modo, advirtieron que el 4 de junio iba a
producirse un traslado de cocaína en un contenedor con ajos, a bordo de un barco mercante que
partiría del puerto de Rosario con destino al puerto de Leixões. El domingo pasado, dos días
después del arribo del barco, la policía requisó un contenedor frigorífico cargado con 22 toneladas
de ajo que iban dispuestos en 2.200 cajas de cartón de 10 kilos cada una. Las cajas llevaban el
logo de Gispe, una firma comercializadora de ajos de la ciudad mendocina de Guaymallén, y datos del
exportador.
Allí estaban camuflados 565 paquetes con algo más de un
kilo de cocaína cada uno, lo que en total fue valuado en unos 18 millones de euros. La droga estaba
prolijamente compactada con cinta de embalar y los panes llevaban adheridas imágenes de relojes
pulsera y de un fusil con la inscripción "James Bond".
Los arrestos. Tras el decomiso fueron apresados en España los cuatro cabecillas
de la banda. Según publica el diario El Faro de Vigo, uno de ellos es el empresario cárnico de
Orense Francisco Javier P. B., de 43 años y presunto autor de la importación. Para la policía, los
traficantes primero planearon ocultar la droga en carne, pero descartaron esta opción por los
numerosos controles sanitarios que deberían afrontar.
También fueron implicados los hermanos Cándido y José A.
R., de 42 y 40 años, oriundos de Tui. Son propietarios de clubes nocturnos y habrían financiado el
transporte. En la casa de Cándido se halló un rifle con silenciador y municiones. Por último, en
Vigo fue arrestado Luis I. S., de 40 años, quien habría actuado como intermediario y realizó viajes
a Sudamérica.
Un quinto sospechoso, D.P.V., de 33 años, fue imputado
aunque no quedó detenido. Se trata de un vigilador privado de Orense que declaró haber prestado un
servicio sin saber que estaba relacionado con el narcotráfico. Según el parte oficial, "algunos de
los detenidos cuentan con antecedentes policiales, uno de ellos por tráfico de drogas".
El destino. La policía señaló que la carga sería recibida por una empresa alimentaria
situada en la localidad portuguesa de Famaliçao. Esta firma disponía de un almacén preparado para
recibir contenedores frigoríficos. Luego, "la mercancía iba a ser dirigida a un almacén de la
frontera hispano-lusa en el Río Miño". Se presume que el destino final sería la firma del
empresario cárnico situada en la ciudad española de Tabodela. En ese sitio y los otros domicilios
requisados fueron incautados dos autos, 16 celulares, 13.500 euros, documentación de la
importación, 16 notebooks y 600 pesos que guardaba uno de los detenidos de sus viajes a Argentina.
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