Dos hombres armados irrumpieron en una empresa de computación del centro y en
cuestión de pocos minutos se apoderaron de más de 10 mil pesos, una cantidad aún no confirmada de
dólares y euros, cuatro computadoras portátiles, varios monitores de LCD y pertenencias de los
empleados y clientes que se encontraban allí. El asalto fue advertido por un grupo de empleados que
estaban en el subsuelo del local, quienes en un intento por llamar a la policía se comunicaron por
teléfono con la seccional 1ª mientras el delito se estaba concretando.
La desesperación mutó a sorpresa cuando desde el otro lado de la línea, una
mujer policía contestó: "Esa es otra jurisdicción, llame a la 2ª". El testigo que había llamado
intentó persuadir a su interlocutora de que ella se encontraba en mejores condiciones para dar la
voz de alerta, por ejemplo, al Comando radioeléctrico. Pero la segunda respuesta fue un abrupto
corte de comunicación.
Angustia. Los empleados y los dueños de la firma Signa, de Rioja al 1800, jamás
olvidarán los momentos de tensión que vivieron el jueves a partir de las 17. Todos de alguna forma
acusaron el impacto psicológico de la presión que ejercieron los maleantes. Uno de los trabajadores
ayer no pudo presentarse a su puesto como consecuencia de la conmoción y al contador de la empresa,
uno de los más hostigados, le hicieron sentir varias veces el caño de un revólver en la cabeza.
Los delincuentes actuaron a cara descubierta. Tendrían entre 35 y 40 años. Uno
llamó la atención enseguida porque lucía unos lentes del sol parecidos a los del cantante del grupo
La Mosca, pero un poco más pequeños. Los tipos ingresaron hablando entre ellos y cuando llegaron al
final del inmenso salón exhibieron las armas.
En ese momento había once personas en la parte principal y otras nueve en el
subsuelo. Los asaltantes enseguida comenzaron a presionar a las víctimas.
Voz de mando. Hubo gritos e insultos y permanentes amenazas de muertes hacia los
diez empleados y un cliente que se encontraban en el sector. Un testigo del asalto, que pidió
reserva de nombre, contó que los hampones se movieron como verdaderos profesionales.
"Uno de ellos hablaba de un modo que no tenía nada que ver con un chorito de
poca monta. Tenía una clara voz de mando", describió el informante. Según la fuente, los maleantes
comenzaron a exigir el dinero que estaba en la caja fuerte. Pero en el negocio no existe ningún
cofre de seguridad. Así y todo, uno de los empleados acató la orden y les entregó el efectivo que
había en ese momento.
Por más. Pero al parecer, esa suma no los conformó y entonces comenzaron las
presiones más fuertes. El contador del negocio fue uno de los que más sufrió porque los hampones se
empeñaban que conocía la existencia de más dinero. Uno de los empleados sufrió un fuerte golpe en
la cabeza que lo hizo caer al piso y fracturarse una mano.
Mientras todo eso ocurría en la planta baja del local, en el subsuelo los nueve
empleados ubicados allí escuchaban todo lo que ocurría arriba. Uno de ellos intentó comunicarse al
101, pero no pudo. Entonces, desbordado por la situación, marcó el número de la seccional 1ª. Desde
esa dependencia, una mujer le contestó que Rioja al 1800 era "otra jurisdicción, la 2ª". La policía
fue alertada por el sistema de monitoreo con que cuenta el comercio.
Pero los delincuentes lograron escapar. Encerraron a las 11 víctimas en un baño
y después salieron corriendo y en Dorrego entre Rioja y San Luis abordaron un auto.