Policiales

Entran a una pizzería de zona oeste, balean al dueño y se escapan con 15 mil pesos

El sangriento atraco fue en San Luis y Paraná. La víctima, un hombre de 65 años, recibió un tiro en la espalda. Su esposa se defendió tirando a los ladrones frascos de conserva.

Sábado 30 de Mayo de 2015

Edith y Arístides llegaron a Rosario desde la región central de Perú hace una década acompañados por sus nueve hijos. Se instalaron en el barrio Azcuénaga, más precisamente en la esquina de San Luis y Paraná, muy cerca de la vía que corta la ciudad de sur a norte. Allí, desde hace cinco años, montaron una pizzería a la que llamaron "Noelia". El jueves, poco después de las 20 y cuando recién abrían la persiana, cuatro delincuentes armados ingresaron al local. Edith, una mujer menuda de escaso 1,50 metro, no se amilanó y decidió enfrentarlos con un cuchillo mientras les arrojaba frascos con conservas. Pero uno de los maleantes disparó y baleó a Arístides en la espalda. El hombre, de 65 años, cayó malherido y debió ser internado en el Hospital de Emergencias. En tanto los ladrones se llevaron alrededor de 15 mil pesos que los comerciantes tenían para pagar a los proveedores.

La pizzería de Edith y Arístides está ubicada frente a un complejo de canchas de fútbol 5 y a unos 70 metros de las vías que corren paralelas a Felipe Moré, donde hay un paso peatonal y por el que a menudo suelen también pasar autos, que desemboca a las puertas del club Ideal. Justo en el límite de las jurisdicciones de las comisarías 6ª y 14ª y de los barrios Azcuénaga y Belgrano. En la planta alta de la pizzería reside el fuerte de la familia de origen peruano: el matrimonio y buena parte de sus nueve hijos cuyas edades oscilan entre los 20 y los 35 años. Ellos llegaron desde el distrito de Huancaya, un poblado de más de mil habitantes ubicado a 207 kilómetros de Lima.

Noelia se jacta desde su cartel de la elaboración propia de sus pizzas. Abre a las 20 y tiene delivery en moto que dan cobertura a la zona oeste y del barrio Echesortu, según indica el cartel del negocio.

Rateros. "Apenas los vi llegar por la ventanita desde la que estaba trabajando, me dije: «Estos son unos rateros». Y comencé a armarme con cuchillos. Mi esposo no se dio cuenta porque estaba sacando del horno el primer pedido. Y yo comencé a gritar« «Rateros, rateros»". Edith comenzó así el relato del tercer robo en los últimos tres años que le tocó padecer en su pizzería de San Luis al 5000. Dice que eran cuatro hombres, "tres de ellos tenían armas de juguete, porque con todo lo que hice me tendrían que haber disparado", según explicó. También dijo que arribaron cerca de las 20.15, después de la llegada de los cadetes que hacen el delivery. Y que su sensación fue "que venían a meterse adentro de mi casa, porque nunca pidieron por dinero, directamente comenzaron a revolver la caja", recordó la mujer.

Edith es pequeña y da sensación de fragilidad desde su escaso 1,50 metro de altura. Sin embargo no titubeó al sentir que los delincuentes amenazaban a su familia y los enfrentó cuchillo en mano. "Cuando uno de ellos vio que yo los enfrentaba con el cuchillo, comenzó a sacar la pistola y le disparó a mi marido en la espalda. El cayó al piso. Yo lo fui a auxiliar pero me resbalé porque a los rateros les había aventado un frasco de ajos en aceite. Ahí me agarraron y me pusieron un precinto plástico. A mi marido, que estaba desmayado, también le pusieron el precinto en las manos", rememoró con voz tenue y el acento de su tierra natal bien marcado. Fue entonces que los ladrones pudieron hacerse con el botín.

Para Edith los maleantes tenían los tiempos calculados. "Ellos vinieron a meterse a mi casa. Era como que conocían los tiempos de los patrullajes. Después de encontrar el dinero, que era para pagarle a los proveedores hoy por la mañana, se fueron caminando por San Luis hacia las vías. Un vecino contó que allí los esperaba un auto, en la esquina de San Luis y Felipe More, del otro lado de la vía", explicó la mujer, a quien le quedó la marca de un fuerte golpe al costado derecho de su nariz. "La verdad es que no sé en qué momento me lo hicieron", dijo.

Buscan pruebas. La charla con Edith se vio interrumpida varias veces ante la llegada de los proveedores que llegaban a cobrar. "¿Cómo está el viejo? ¿Ya lo trajeron?", preguntaban. "Ya salió del peligro, ya le sacaron la bala que casi le tocó la columna. Pero tiene dos costillas rotas", explicaba una y otra vez Edith y les pedía perdón por no poder pagarles la mercadería.

Arístides fue trasladado al Hospital de Emergencias donde quedó internado en estado reservado pero fuera peligro. El proyectil lo impactó en medio de la espalda y en su caída se fracturó dos costillas, según relató Edith. El caso fue denunciado en la comisaría 6ª y quedó en manos del fiscal de Flagrancia Gustavo Ponce Asahad, quien solicitó las grabaciones de las cámaras de videoviglancia públicas que existen en la zona para rastrear a los posibles asaltantes.

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