"Estoy muy mal, eran nuestros únicos ahorros", dijo sollozando doña Delia un día
después de que un desconocido que se hizo pasar como el contador de un banco la despojó de poco más
de 7 mil dólares que tenía atesorados en su casa del macrocentro de la ciudad.
Delia tiene 80 años y vive junto a su esposo Venancio N., de 82, en un senciollo
departamento de pasillo de Güemes al 2200, a metros del transitado bulevar Oroño.
La pareja no tiene hijos y en los últimos años había ahorrado los billetes
estadounidenses con "mucho esfuerzo" para solventar los gastos médicos que tendrían que afrontar
ante una posible enfermedad.
Por teléfono. La trampa en que cayó el matrimonio empezó a desarrollarse el
miércoles a la mañana cuando un hombre llamó por teléfono a su vivienda. "Señora, la llamo del
banco. ¿Ustedes tienen dólares?", preguntó el interlocutor a doña Delia. Y ella, ingenuamente, le
respondió que "sí".
Enseguida el hombre le aclaró que era el contador de la entidad financiera,
aunque no precisó el nombre del banco, y le explicó el motivo del contacto telefónico. "Hay dos
series de billetes estadounidenses que van a salir de circulación y tal vez tenga que cambiarlos",
dijo el hombre en un tono cortés.
Al parecer, ese tono amable del contador le granjeó la confianza de los
ancianos. Entonces, el matrimonio aceptó que el empleado bancario acudiera a su vivienda para
cambiarle los billetes. A las 16 del miércoles, el farsante tocó el timbre en la propiedad de
Güemes al 2200 y, tras presentarse, Delia le franqueó amablemente el paso. El recién llegado era un
hombre de unos 35 años, bien vestido aunque sin traje ni corbata, sólo ropa informal.
Una vez adentro de la propiedad, el maleante actuó con rapidez. La anciana le
entregó 7.160 dólares que tenía en un lugar de la casa y, con el efectivo en su poder, el hombre se
marchó corriendo sin brindar a sus víctimas ningún tipo de explicación.
El alerta.Recién en ese momento, Delia se percató de que había caído en una
trampa. Había sido víctima de una de las tantas variantes del cuento del tío. Desesperada, se
contactó con un sobrino para contarle lo que había ocurrido y el familiar, resignado, le confirmó
que todo había sido un ardid para quitarle los billetes estadounidenses.
Así las cosas, Delia acudió a la comisaría 3ª —con jurisdicción en la zona
donde ocurrió el suceso— y denunció el atraco, pero hasta anoche el embustero no había sido
localizado. Al respecto, los pesquisas deslizaron que una de las hipótesis que manejan es la
presencia de un entregador, alguien allegado a las víctimas que supiera de la existencia de dólares
en la propiedad y que haya permitido armar la trampa.
Ayer a la tarde, LaCapital se contactó con Delia, pero la mujer se excusó de
contar detalles lo que había ocurrido. "Estoy muy mal. Discúlpeme, pero prefiero no hablar. Los
dólares los habíamos ahorrado para tener dinero para cuando tuviéramos una enfermedad", explicó con
los ojos llorosos.