Policiales

Encerrado en un lugar precario

Domingo 10 de Mayo de 2015

La cárcel de Las Flores se levanta en la zona noroeste de la ciudad de Santa Fe. Cada paso que se da, desde el portón de ingreso hasta el pabellón donde está recluido Tognoli, muestra el deterioro del viejo edificio y el descuido en las instalaciones. Yuyos, alambrados oxidados, falta de pintura y varios vehículos del Servicio Penitenciario en desuso y pudriéndose al sol pintan el sector de extramuros. Adentro de los pabellones nada cambia. Cables sueltos, cielorrasos caídos, capas de pintura desgarradas en las paredes, muebles desvencijados en todos y cada uno de los rincones, baños rotos.
 
Tognoli está en una habitación de 2,5 metros de lado en un sector donde hay más de una decena de piezas iguales que confluyen a una galería común. Allí están alojados los policías y militares juzgados por delitos de lesa humanidad. El ex jefe policial tiene un camastro con dos colchones, un viejo televisor y una heladera en cuya puerta se ven las fotos de su nieta Tatiana. Abajo de la cama y en alguna sillas se amontonan cajas de cartón en las que hay hojas y hojas de los expedientes que lo tienen como actor principal y que él dice leer una y otra vez “para encontrar una prueba” que lo vincule a los delitos por los que está procesado. Un cable cruza la habitación a modo de soga para colgar la ropa. Una pequeña hornalla eléctrica donde calentar el agua para el mate que durante la entrevista no dejará de ser cebado por él.
 
Algunos estantes, una mesa redonda en el medio del ambiente y algunas sillas plásticas completan el mobiliario. En la puerta de madera que cierra la habitación hay una pequeña calcomanía que le regalaron sus hijos. En ella se lee una frase del Papa Francisco: “La soga se puede estirar sólo hasta cierto límite”.
 

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