Policiales

El silencio a veces es peor que difundir lo que se sabe

Domingo 14 de Julio de 2019

En los últimos siete meses la Fiscalía de Delitos Sexuales recibió denuncias por abusos sexuales cometidos bajo un mismo modus operandi y por parte de una persona con idéntica fisonomía. Al 9 de julio se contaban ocho casos. Pero en ese largo período, la investigación judicial y policial no avanzó un ápice.

Así lo dijo a este diario Jorgelina, dueña de una veterinaria que puso en fuga al agresor con una tijera y que tras sufrir el acoso se contactó por sus propios medios con otras cuatro víctimas: "Hicimos la denuncia en Fiscalía pero una semana después todavía no se han comunicado con nosotras. Si alguien no lo detiene, si alguien no le pone freno, le va a seguir cagando la vida a otras mujeres".

Apretados por la difusión del caso y el saber que había otros hechos similares, trascendió un identikit del agresor. La imagen se viralizó en las redes sociales poniendo en alerta a posibles nuevas víctimas. Recién entonces la Fiscalía salió del closet y entendió que seguir trabajando a oscuras generaría peores consecuencias. Fue así que dio a conocer un fotofit y llamó a la ciudadanía a colaborar en buscar al agresor.

Ya era tarde. De los cuatro casos que relató Jorgelina, la suma de víctimas se había duplicado. Es claro que los tiempos y los métodos de la Justicia y las fuerzas de seguridad no son los mismos que los del periodismo, pero tampoco los que las víctimas requieren. Así fue que la policía salió a cazar al abusador y cayó Carltitos, un perejil que estuvo un día preso por ser parecido al agresor serial. Ninguna de las víctimas lo reconoció, pero hoy una mochila le marca la espalda.

Quizás el hecho lleve a replantear la relación de la Justicia y la policía con quienes denuncian y con la prensa. A veces, el silencio es peor que el alerta y la difusión.

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