Ernesto Núñez trabaja como camionero y llegó de un viaje a su casa del barrio
Alto Mendoza el martes a las 20.30. "Le pregunté a mi esposa a qué hora llegaba Gabuchi y como ya
había pasado un tiempo salí en el auto a buscarla", contó ayer el padre de Gabriela Núñez, la chica
asesinada esa noche en Sucre al 1100. El destino lo llevó hasta el instituto Oxford, de Mendoza
entre Sucre y Carriego, donde la joven estudiaba inglés. El hombre entró y preguntó si estaba su
hija. "No. Ella salió a las 19.45", le respondieron. Entonces emprendió el regreso por San Juan.
Para eso tomó por Sucre y ahí se topó con una muchedumbre que rodeaba el cuerpo de una adolescente
muerta de un disparo en la cabeza. La chica sobre la vereda era su "chiquita". Esa postal de dolor
extremo jamás podrá borrarla de sus retinas. "Estamos desgarrados", contó el hombre mientras
contenía entre sus brazos a su esposa Mirta.
El matrimonio vive desde hace más de 18 años en Carranza al
1200. Hasta allí llegaron desde la provincia de Buenos Aires para hacer realidad el viejo sueño de
la clase media trabajadora. Comprar el terrenito y hacerse la casita. Tuvieron dos hijas. Gabriela
era la mayor. Iba al colegio San Antonio, de Provincias Unidas y Marcos Paz, y estudiaba inglés en
el Oxford. "Mi hermano se vino de Buenos Aires sin nada. Tuvieron que dormir en una plaza, comiendo
lo que podían, hasta que se instalaron. Construyó esta casa para el futuro de sus hijas. Yo es la
primera vez que vengo y mirá que se cansó de invitarme. Y tengo que venir cuando le matan a la
hija", contó resignado Néstor Núñez, tío de Gabriela.
Sin dudas. En el barrio donde viven los Núñez no había dudas sobre el grado de
participación que tuvo Andrés Sosa en la muerte de la adolescente. El muchacho de 23 años vive a
diez cuadras, en la zona de Nicaragua y Mendoza, jurisdicción de la subcomisaría 22ª. Según
contaron las vecinas de Alto Mendoza, trabaja como chofer para un servicio de emergencia médica.
"El venía con su Peugeot 206 color negro, todo cancherito y haciéndose el galán. Andaba siempre
dando vueltas con el auto por acá", contó una mujer de la barriada.
"Mi hija lo conoció a Andrés en las cuatro plazas
(Provincias Unidas y Mendoza) charlando. Era un muchacho que entró bien. Al menos eso es lo que
conocimos. Después empezó a frecuentar la casa, pero no como novio. Siempre como amigo", rememoró
el padre de la víctima.
La diferencia de edad entre Andrés y Gabriela fue una luz
roja de alarma para la familia. Mirta agregó: "A propósito, lo invitamos a comer para conocerlo
porque era un flash. Venía, la traía y ella nunca decía que era la novia. Queríamos saber cómo era
su amigo. El venía con todas las chicas. Ellas estaban tomando mates en la plaza y él aparecía con
facturas. Después las traía hasta casa. Donde estaban las chicas estaba él. En la plaza o en la YPF
(de Mendoza y Cullen). Se integró al grupo. Y cuando empezó a tener problemas con Gabriela, él le
mandó mensajes de texto a todas amenazándolas", relató Mirta.
¿Cuál fue el punto de inflexión para que la relación con
Andrés se modificara radicalmente? Una propuesta a la que Gabriela, según cuentan sus familiares,
no accedió. "Como mi hija no quiso tener una relación con él, sabiendo que tenía novia, se
obsesionó", relató Ernesto.
"Nosotros indagamos que era una persona violenta hace dos meses y le dijimos a
nuestra hija que terminara", recordó el padre de Gabriela. "Creemos que es él. No hay otros
indicios", afirmó. Ernesto no puede con su cruz. "Tenemos un CD con las grabaciones del messenger
(programa de mensajes por internet) del día anterior en el que ella chateando con una amiga le
había contado que él la había agarrado del cogote. Esos son los antecedentes que nosotros
encontramos y se los voy a llevar a la Justicia", precisó Ernesto. "Lo que pasó fue que la noche
anterior (el lunes) la encontró en la esquina y la agarró del cuello. Vino con la novia y la piba
lo agarraba de atrás para que no le pegara a mi hija. «No le pegués» decía la piba. Y todo eso me
enteré por los datos acumulados en el messenger", contó. l