“Tendrían que declarar al barrio como «Ludueña, capital de la metra»”. La ocurrencia de un vecino mide en humor negro la realidad de uno de los barrios de Rosario que está estallado de violencia. La última página del crimen, escrita de puño y letra por la muerte, ocurrió este miércoles poco después de las 20.30 en una casa de Liniers al 300. Una vivienda que los vecinos apuntaron como “el quiosco de Claudia”, un punto de venta de drogas que llevaba varios años en actividad. A la hora señalada, cuando la tormenta amenazaba con desatarse, dos hombres en moto estacionaron al lado de la ventana del punto de venta. El acompañante bajó, se acercó a la ventana y fulminó a balazos a Lidia Mabel Mensegue, la mujer de 43 años que estaba sola en el lugar. La mujer recibió cinco impactos calibre 9 milímetros y murió en el lugar.
Los investigadores pusieron bajo la lupa un incidente en el que un adolescente de 14 resultó baleado en un testículo en Humberto Primo y Larrea, cerca de donde vivía Mensegue, para determinar si tiene relación con el homicidio. La sensación que quedó tras el crimen es que la ejecución tuvo como intención “quemar” el punto de venta de drogas. El crimen es investigado por el fiscal de homicidios Gastón Ávila.
La muerte tiene alquilado varios sectores de barrio Ludueña. Los alrededores de la plaza Claudio “Pocho” Lepratti, en Vélez Sársfield al 5400 es sólo un mojón simbólico. Un mes antes del asesinato de Lidia Mensegue, a escasos 200 metros, el sábado 12 de febrero a la hora de la siesta Sebastián Eduardo Ibarra, policía en disponibilidad de 37 años, e Iván Nicolás Ferreto, de 23. estaban en la vereda de la casa del primero, en Vélez Sársfield al 5500 cuando fueron ejecutados a balazos. Sebastián Ibarra era hermano de Cristian, un policía de 29 años que fue asesinado en julio de 2019 por un hijo del fundador de Los Monos, Ariel “Viejo” Cantero: Ariel Maximiliano “Chanchón” Cantero, quien aceptó en un juicio abreviado una pena de 14 años de cárcel. Y el padre de los hermanos, Mario Eduardo “Negro” Ibarra, fue asesinado a balazos el 26 de febrero de 2014 cuando conducía un auto en el que trabajaba de remisero en barrio Ludueña.
Doce horas antes, la madrugada de ese sábado, Brian Ortigoza, de 26 años, caminaba por las inmediaciones de Vergara al 2200, a unos 600 metros de Vélez Sarsfield al 5500, cuando fue emboscado por dos hombres en moto que lo persiguieron hasta el ingreso a un pasillo y le dispararon en la cabeza. Ortigoza murió la madrugada del domingo 13 de febrero. Vivía en Barra al 1200. Fueron tres asesinatos en menos de 24 horas en un radio de seis cuadras. A esta nefasta estadísticas hay que sumarle un ataque a balazos contra un grupo de alrededor de 200 personas que participaban de una fiesta callejera, en French y Larrea (a 400 metros del quiosco de Claudia), el 13 de marzo pasado a las 5 de la mañana. En ese ataque fue asesinada Brenda del Valle Bravo, de 24 años, y nueve personas fueron heridas de balas.
Balazos e inseguridad
“Acá las balaceras son constantes y permanentes. Mirá, tenés la inseguridad de que no podes salir a hacer mandados o a tomar el colectivo porque te roban; tenés las balaceras de los transeros que se balean para sacarse clientela; tenés los que pasan y dejan el cartelito diciendo que si no pagas no podes trabajar, como le pasó hace un par de días al carnicero de Pedro Lino Funes (amenazado esta semana); y no nos olvidemos del doble crimen en otro quiosco de venta de drogas hace unos meses en Teniente Agnetta y Gandhi. Así vivimos a menos de diez cuadras de la seccional 12ª o de la comisaría 20ª”, explicó una vecina.
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El doble asesinato al que hacía referencia la residente ocurrió la tardecita del lunes 29 de noviembre pasado, en Gandhi al 5500, a escasos 100 metros del quiosco de Claudia. Esa tarde, alrededor de las 18, dos hombres en moto pasaron por Gandhi entre Liniers y Teniente Agnetta y dispararon contra un domicilio apuntado por los vecinos como un punto de venta de drogas. Gerardo Miqueo, vecino de 50 años, y Miguel Ángel Farías, un joven de 23 oriundo de la localidad bonaerense de Tandil, recibieron impactos y murieron en el lugar. Enardecidos, vecinos de Miqueo, dijeron a viva vos: “La policía sabía que estaba el búnker. Pasaban a cobrar todos los días y un gordo que entró al búnker se llevó la plata”. Otro dijo: “La policía sabía de este búnker. El Oso lo instaló hace un año, lo manejan sus familiares. Todos lo sabemos. Cuando mataron a los dos llegó un pelado de la policía, entró al pasillo y al búnker y se llevo un montón de plata”, dijo alguien que vive en el barrio desde hace mucho.
La ejecución
La tarde del miércoles estuvo amenazante por tormentas, algo que sobre las 20.30 se hizo insostenible. Fue a esa hora que los fogonazos iluminaron por última vez el rostro de Lidia Mabel Mensegue. La mujer estaba sola, en apariencias, en una casa de Liniers 378 bis. El acompañante de una moto que se estacionó frente a la ventana y disparó al menos cinco veces con calibre 9 milímetros. Cinco disparos, cinco impactos. Mensegue quedó tendida agonizante sobre el piso de cerámicos. En el cuarto, a la vista, había una mesa de madera, una silla desvencijada, un armario pelado, un termo, una yerbatera, un mate color rojo y un envase vacío de gaseosa. “Mi hermana había salido hace poco de estar en un centro de rehabilitación en Buenos Aires. Estaba vendiendo droga para una amiga de ella”, explicó una de las hermanas de la víctima del ataque.
“Se la dieron al quiosco de la Claudia. Ella hace poco que salió de estar en cana. Ellas siempre tenía sus quilombos con el «Fran» (Francisco Ezequiel Riquelme, «el Pablo Escobar de Empalme», preso por el ataque a balazos contra Mariana Ortigala el 13 de marzo de 2021). «Fran» está en cana y el que sigue manejando sus cosas es el hermano”, explicó otro residente. “Acá hace unos años mataron a un pibe. Lo tiraron en la vereda”, agregó. Se refería a lo ocurrido poco después de las 2 de la madrugada del 2 de enero de 2017 cuando Juan Jesús Godoy, de 39 años, fue baleado desde un auto mientras estaba con amigos en la puerta de una casa de Liniers 380 bis. Godoy recibió tres disparos en el abdomen y otros tres en las piernas, y su primo político fue alcanzado por dos proyectiles, en el tórax y el hombro izquierdo. Godoy vivía en Granadero Baigorria y según indicaron por aquellos días los investigadores tenía en su prontuario una condena por robo calificado de 2001 que cumplió en 2006.
“En esta zona, no sé de donde las sacan, pero los guachos andan en moto con metras (en la jerga, pistola ametralladora FMK 3), disparando a lo loco. Acá el problema es que estamos hablando acá vos y yo, pasan y les gustamos, y entonces nos cagan a tiros sin remordimientos. Te matan. Chau tu historia”, agregó un residente. En paralelo los investigadores pusieron bajo la lupa un ataque a balazos contra Kevin Uriel A., un adolescente de 14 años en inmediaciones del domicilio de Mensegue, en Humberto Primo al 2500.