POLICIALES

Dos "mulas" bolivianas fueron condenadas a 6 años por traficar cocaína en un matafuegos

Fueron detenidos en un colectivo, que unía Santa Cruz de la Sierra con Caba, en mayo de 2019 en jurisdicción de Luis Palacios.

Miércoles 28 de Julio de 2021

Dos ciudadanos bolivianos, ambos de 34 años, fueron condenados por el Tribunal Oral Federal 2 a la pena de 6 años de prisión como coautores de tráfico de estupefacientes, bajo la modalidad transporte. Los condenados fueron detenidos el pasado 15 de mayo de 2019 en un control rutinario del Escuadrón Núcleo 46 “Rosario-Victoria” a la altura del kilómetro 22 de la ruta nacional 34, en jurisdicción de la localidad de Luis Palacios, cuando circulaban en un colectivo que unía la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra y la estación de ómnibus de Liniers, en Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Los gendarmes encontraron detrás de uno de sus asientos un matafuegos con “5.093,10 gramos de cocaína (unas 157.539,7 dosis umbrales intravenosas)”, según se describió en el fallo condenatorio rubricado por el camarista federal Otmar Paulucci. El fiscal Federal Oscar Fernando Arrigo había pedido para ambos una pena de 8 años y 6 meses. El defensor Gustavo Concha Villagra había solicitado la absolución de la dupla.

¿Mulas del narco o perejiles? Esa pareció ser la cuestión en el juicio debate en el que fueron juzgados Roberto Saucedo “Kikito” Roca, nacido en Santa Cruz de la Sierra y domiciliado en la ciudad de Catamarca, y su primo Carlos Alberto Roca Méndez, nativo y residente de la capital petrolera, sojera e inmobiliaria de Bolivia, como se reconoce a la localidad santacruceña. Ambos abordaron un colectivo de la empresa Potosí en la localidad de Santa Cruz de la Sierra. Luego de haber transitado cerca de 2 mil mil kilómetros y cuando aún le restaban 320 para llegar a su destino en la estación de Liniers, fueron detenidos a media mañana del miércoles 15 de mayo de 2019. Según la acusación eran los responsables de un matafuegos que contenía en su interior poco más de 5 kilos de cocaína con un nivel de pureza de más del 77,33%. Una carga que tranquilamente podía ser triplicada para su consumo en el narcomenudeo urbano.

Los acusados, al dar su versión de lo sucedido, indicaron que la droga no era de ellos y responsabilizaron a la azafata del colectivo de la larga distancia internacional de haberlos “embagayados”, como en el argot de se conoce al haber sido víctima de una trampa. Una teoría fabulatoria que incluyó un supuesto cambio de colectivo que los colocó cómodamente en situación de potenciales perejiles.

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Por el otro lado, la acusación describió una escena en la que dos “mulas” (como se reconoce a las personas utilizadas por el narco para transportar droga) fueron interceptadas en un control de rutina de Gendarmería Nacional a unos 30 kilómetros de la ciudad de Rosario. El relato fiscal se basó, en buena parte, en el testimonio de una azafata del micro quien prestó declaración en la instrucción realizada por el Juzgado Federal 3 pero que no hizo lo propio en el debate oral. Según indicó la defensa de los ciudadanos bolivianos, la mujer “no pudo ser encontrada” para que prestara testimonio oral y público. “Hubiera sido interesante poder entrevistarla para poder despejar dudas” que fueron determinantes, resaltó el defensor Concha Villagra. El juez Paulucci le dio la derecha a la hipótesis fiscal y le bajó el martillo a los dos acusados.

Ciudad estrella

Santa Cruz de la Sierra está considerada como una ciudad estrella de América Latina, según artículos especializados de revistas económicas inglesas y estadounidenses. Con 2 millones de habitantes, la proyectan como una de las 15 ciudades más prometedoras de Occidente para las próximas décadas. Un lugar donde se va a expandir la clase media. Ninguno de los dos acusados de esta historia parecen representar esa proyección de ensueño. “Kikito” Roca dijo ser un empleado de la construcción que cuando se quedó sin trabajo comenzó a contrabandear ropa teniendo contactos en su ciudad natal, Santa Cruz, y en su residencia en la ciudad de Catamarca. Su primo, Roca Méndez, trabajaba en un supermercado en Iquique “como empleado de bodega, es decir en un supermercado llamado «Chiuamco» donde se vendía arroz, azúcar, comestibles, aceite, café”, según se describió en una breve semblanza de su vida en la resolución de 60 páginas. Desde mediados de marzo de 2019, cuando se le venció la visa de trabajo, dejó Chile y se fue a vivir con su madre a Santa Cruz.

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Según explicaron en sus declaraciones indagatorias abordaron el colectivo de la empresa Potosí el 13 de mayo de 2019. Eso es lo único que quedó claro de su relato que, luego de varios giros y contragiros, terminó en una serie de acusaciones cruzadas contra la azafata del micro, a la que Kikito acusó de haberlo “embagayado”. Lo concreto es que a media mañana del 15 de mayo de 2019 efectivos de Gendarmería detuvieron el paso el colectivo sobre la ruta 34. Según explicó en su declaración Kikito, hasta ese momento habían pasado “en la terminal de Santa Cruz de la Sierra tres controles, luego en la frontera y Migraciones en Argentina, que fueron aproximadamente siete controles” sin tener ningún tipo de complicaciones.

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Cuando los gendarmes subieron al micro encontraron un extintor de incendio de color rojo con la inscripción “Extintores Americans Finex”, que no era compatible con los matafuegos del colectivo y sin sujeción alguna. Los primos venían sentados en los asientos 54 y 56 de la planta baja del micro. El extintor estaba detrás del asiento 55, que no tenía ocupantes pero que estaba junto a los asientos de los condenados. ¿De quién es ese matafuegos? Esa fue la cuestión. Problema que se acrecentó más aún cuando los gendarmes tomaron una sierra de mano y lo abrieron. Las entrañas del matafuegos eran 5 kilos de cocaína. El comandante a cargo del procedimiento indicó en el debate que “se trataba de una práctica usual, que en general se deposita el estupefaciente dentro de un objeto que lo disimula y se lo ubica en un lugar donde no haya nadie”.

Los primos Roca y Roca Méndez fueron detenidos. Una vez indagados fueron trasladados al Complejo Penitenciario Federal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, más conocido como la cárcel de Devoto. La defensa de los ciudadanos bolivianos planteó que no se podía acreditar que la droga fuera de sus clientes planteando dudas sobre la participación de la azafata, quien les asignó a los acusados los asientos. Kikito indicó que fue la propia azafata quien los marcó ante los gendarmes para que fueran detenidos. Según la estrategia el matafuego le pertenecía al personal del micro o, al menos, la azafata participaba de una conducta delictiva.

A la hora de resolver, el camarista federal Otmar Paulucci le dio la derecha a la teoría acusatoria. “Estoy en condiciones de afirmar con la certeza absoluta que esta instancia exige, que Roberto Saucedo Roca y Carlos Roca Méndez transportaron la cocaína contenida dentro del extintor ubicado detrás del asiento número 55 del ómnibus”, sentenció en su dictamen el camarista. “No existe ningún elemento de prueba que permita acreditar la teoría conspirativa que elabora la defensa, describiendo una supuesta actuación de la azafata _en connivencia con el resto del personal de la tripulación_ en contra de sus defendidos, haciendo parecer a éstos como responsables del transporte de dicho estupefaciente”, explicó en su resolución condenatoria Paulucci.

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