Dos integrantes del sindicato de Camioneros santafesino tenían un motivo para
matar a Abel Beroiz. El histórico conductor del gremio había apartado a uno de ellos de su cargo,
tenía en la mira al otro y los había relegado en la estructura de poder del sindicato. Para
recuperar terreno y reposicionar a su protector, el ex número dos Raúl Luna, contrataron a dos
sicarios que ejecutaron al dirigente el 27 de noviembre pasado en la cochera del ACA. Ese es el
móvil que el juez de Instrucción Osvaldo Barbero atribuyó a los gremialistas procesados como
instigadores del crimen.
La motivación que el juez endilgó a los sindicalistas Juan Carlos
Dell’Arciprete y Alejandro José Lázaro es de carácter político institucional, pero también
económica. Consideró probado que esos afiliados derivaban juicios laborales del gremio al gestor
particular Julio Gerez, actividad que les generaba una ganancia adicional. Para el juez, los tres
formaron una suerte de "sociedad", con una actividad muy superior a la admitida por ellos. Ese
negocio efectuado por fuera de la estructura gremial había sido advertido y restringido por Beroiz.
Quien desbarató el "seguro rédito económico" que, en palabras de Barbero, generaba ese desvío de
casos.
El dictamen. La semana pasada el juez Barbero procesó a siete personas por el
crimen del ex tesorero de Hugo Moyano. Además de los gremialistas y el gestor envió a juicio al
confeso autor material, Raúl Oscar Flores, dos tíos suyos fueron procesados por una participación
secundaria y su ex mujer por recibir parte del dinero pagado por el crimen.
La columna vertebral de esa resolución surge sobre el final de las 41 páginas
del dictamen. Allí el juez expuso el móvil que a su criterio movilizó a los tres actores
principales a contactar a otras personas para aniquilar al sindicalista. También detalló las
pruebas que los incriminan. Las principales son los cruces de llamadas entre ellos y Flores, que
aumentaron en los días cercanos al crimen.
Ese movimiento inusual de llamados entre los presuntos autores intelectuales del
asesinato también alcanzó a Raúl Luna, ex número dos de Beroiz que no fue imputado en el caso
aunque declaró bajo sospecha de haber liderado una incipiente oposición a Beroiz.
Dell’Arciprete y Lázaro eran hombres cercanos a Luna. Para el juez, los instigadores
planeaban que Luna ocupara el lugar de Beroiz para recuperar escenario en el gremio.
El espacio perdido por Del’Arciprete era la conducción de la filial de
Casilda. Beroiz lo había desplazado al detectar irregularidades en el manejo de fondos. Lázaro
estaba al frente de la sede San Lorenzo, pero poco antes de su muerte Beroiz había dado pasos
concretos para intervenirla.
Había dispuesto enviar abogados gremiales para que se ocuparan de los juicios
laborales y, de paso, controlaran a Lázaro. Esa actividad iba a iniciarse justo la semana que lo
mataron. Pero al asumir en su lugar, Luna la suspendió.
En ese contexto, para el juez, Dell’Arciprete y Lázaro planearon el
crimen. Según la resolución, al primer paso lo dio Gerez al contactar a Flores, a quien le había
tramitado un juicio por un accidente laboral en el puerto. Así lo reveló en su confesión el propio
Flores. Dijo que Gerez y un hombre apodado "Abuelo" —a quien más adelante identificó como
Dell’Arciprete— le ofrecieron 80 mil pesos para eliminar al dirigente.
Para Barbero, estos tres hombres no sólo actuaron como ideólogos sino que
también tuvieron "intervenciones materiales previas" como contactar a Flores con Juancito, el chico
de 15 años con el que cometió el homicidio, otorgarle un celular, un arma y efectuar parte del
pago. El juez evaluó que estas actividades están probadas por cruces de llamadas de los dos días
previos al 27 de noviembre, ese día y el siguiente. De esos contactos se desprende que:
Gerez usaba un Nextel que fue desactivado el 4 de diciembre, cuando
cayeron los primeros detenidos. En ese teléfono recibió mensajes de Flores.
A Flores le entregaron un celular que estuvo activo desde el 22 de
noviembre hasta el 27 inclusive. La línea dejó de funcionar entre las 8 y las 8.43 de ese día, es
decir, una hora después del ataque a Beroiz.
El 26 de noviembre Dell"Arciprete le escribió a Gerez que se comunicara
con "Coqui" (por Flores) y le envió en el mensaje el número del sicario.
La triangulación de llamadas entre Dell’Arciprete, Gerez y Lázaro
aumentó notablemente la tarde del 26, cuando Beroiz llegó a Rosario, y continuó hasta la hora del
crimen.
A las 9.56 del día después del homicidio Dell’Arciprete llamó a
Flores al celular de un pariente.
Más temprano y a la madrugada, Flores, Lázaro, Gerez y Dell"Arciprete
intercambiaron llamados.
Las comunicaciones entre Lázaro y Luna fueron "múltiples y constantes",
así como los contactos entre Luna y su chofer, Mario López.
Sobre esta base y el detallado relato de Flores, Barbero procesó al gestor y a
los dos sindicalistas por homicidio calificado. "Los tres resultaron instigadores al prometer a
Flores recompensa en dinero", dijo Barbero, para quien además de inducir el crimen tuvieron una
activa participación en su diseño.