Policiales

Confesó el joven universitario imputado por el crimen de la chica

Un estudiante avanzado de ciencias económicas, detenido e incomunicado como sospechoso de haber asesinado a Gabriela Liliana Núñez, reconoció ser el responsable del crimen. El joven habría admitido ser quien disparó contra la adolescente de 16 años en Sucre y San Juan el martes por la noche. Aunque dijo que su intención fue asustarla...

Jueves 07 de Agosto de 2008

Un estudiante avanzado de ciencias económicas, detenido e incomunicado como sospechoso de haber asesinado a Gabriela Liliana Núñez, reconoció ser el responsable del crimen. El joven habría admitido ser quien disparó contra la adolescente de 16 años en Sucre y San Juan el martes por la noche. Aunque dijo que su intención fue asustarla y que el tiro salió accidentalmente.

La situación implicó un giro con respecto a la primera versión dada por Andrés Sosa, de 23 años, que se entregó pocas horas después del homicidio en la comisaría 30ª. En principio declaró con énfasis su inocencia. Pero por la tarde no sólo habría admitido su acto: también revelado la zona rural donde escondió el arma utilizada y los motivos de su reacción.

La policía rosarina secuestró evidencia que va en el sentido de lo que admitió el muchacho. Lo fundamental son tres teléfonos celulares: el de una amiga de la víctima, el de Gabriela y el del propio joven.

Antes de recibir el balazo en la cabeza, Gabriela le había enviado un mensaje de texto a una amiga en el que advertía: «Andrés me quiere matar»". Ese mensaje, según fuentes de la investigación, fue enviado a las 19.45. La presunción es que eso fue 25 minutos antes de que Gabriela fuera atacada.

Los teléfonos incautados contienen cruces de mensajes que, según fuentes del caso, aportan claridad decisiva sobre lo ocurrido.

Ante la policía, en un primer interrogatorio que se extendió entre la 1 y las 3 de la mañana de ayer, Andrés relató lo que hizo durante todo el día del homicidio. Pero aseguró tener una laguna sobre sus actividades entre las 17 y las 20.30. A esta hora, según dijo, recuerda que se fue en auto a Oliveros. Regresó para ir a la comisaría. Y dijo ser inocente.

 

La declaración. Pero ayer a la tarde, tras casi un día de incomunicación, la situación dio un vuelco. Andrés habría relatado que la negativa de la chica a interrumpir el vínculo afectivo que los unía lo decidió a mostrarle un arma para convencerla de su determinación de romper y alejarla definitivamente. En esas circunstancias y en medio de una discusión, habría referido, salió el balazo.

La investigación sugirió desde el arranque una motivación pasional. El joven universitario había tenido una relación con Gabriela pero, además, una relación más formal con otra chica. La hipótesis fundamental fue que en las tensiones de esa dualidad estaba la explicación del crimen.

Andrés Sosa es hijo de una médica pediatra que trabaja en una empresa de emergencias. Le faltan dos materias para graduarse como contador público. Es un joven alto y de físico robusto. Dos horas después del crimen se presentó en la comisaría 30ª en la zona de barrio Parque Field II. Es lejos del lugar de los hechos pero un primo de Andrés trabaja allí como policía. Al reportarse el caso fue trasladado a la comisaría 6ª de San Luis al 3200.

Allí fue interrogado por personal de Jefatura. Andrés comentó, según fuentes del caso, que recibió a Gabriela en su casa a las 17. La chica llegó allí con siete amigas para buscar un pulóver. Luego afirmó tener una laguna sobre sus acciones.

Eso fue a la madrugada del martes. Pero por la tarde los elementos en su contra se habían afianzado. Fueron fundamentales aportes de testigos, en especial, el círculo de amigos de Gabriela. Pero la voz esencial habría resultado la de un chico de 16 años (ver aparte) que vio un fragmento del incidente y describió los rasgos físicos del chico agresor con una precisión notables.

 

El desconcierto. Andrés no cuenta con antecedentes penales, tiene un hábito regular de trabajo y estudio y reconocimiento en su entorno. Los diagnósticos de su perfil psicológico no estaban listos, lo que no impidió que un oficial diera una síntesis basada en el contacto preliminar. "Es un chico de apariencia normal que parece haberse mandado el cagadón de su vida".

Puntos débiles. Lo que tendrá validez decisiva es lo que pase a partir de las 15, cuando Andrés declare ante la jueza de Instrucción Nº 2, Alejandra Rodenas. Según fuentes tribunalicias, el balazo que mató a Gabriela Núñez ingresó por el occipital derecho sin orificio de salida. "El disparo fue a corta distancia y el plomo se deterioró dentro del cráneo", comentó un vocero policial. Eso no impide el peritaje si se ubica el arma.

"La muchacha tiene un raspón en la rodilla, que pudo ser a raíz de la caída. también tenía otro en su rostro, que se supone que no fue producto de la caída, daría a pensar que fue por un forcejeo previo al balazo o es del día anterior. También tenía una lesión en el dorso de la mano derecha, como si se la hubieran apretado" explicó.

Andrés vive en Nicaragua y Mendoza, en jurisdicción de la subcomisaría 22ª, a unas diez cuadras de la casa de Gabriela, en Carranza y Mendoza.

Los padres de la adolescente lo conocían porque el muchacho frecuentaba la casa. Y aunque fueron cautelosos, sostienen la idea de que el chico estaba obsesionado con Gabriela. Dijeron saber que Andrés tenía conductas violentas y que por eso le sugerían a ella que interrumpiera el vínculo (ver página 29). Al final la versión inversa prevalecía: que Andrés estaba obsesionado, pero por cortar la relación, y que en el afán de hacerlo desató una tragedia.

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