POLICIALES

Condenan a un "chico bien" por una violenta entradera

En un proceso abreviado Bruno Ibáñez aceptó la pena de 6 años y 8 meses de prisión por un robo cometido en abril pasado

Viernes 06 de Noviembre de 2020

Lo detuvieron porque circulaba sin permiso y con un arma a cuestas en la fase más dura de la cuarentena. Salió en libertad bajo fianza, pero al poco tiempo se descubrió que aquel día volvía de protagonizar una violenta entradera en una casa ubicada a solo 15 cuadras de su domicilio, en el barrio de Fisherton. Siete meses después, Bruno Ariel Ibáñez fue condenado en un juicio abreviado a 6 años y 8 meses de prisión como coautor de un asalto en banda y a reparar a las víctimas con 10 mil pesos.

La sentencia fue dictada por el juez Facundo Becerra al cabo de un procedimiento abreviado en el que Ibáñez, preso en el penal de Coronda, aceptó su responsabilidad en el asalto. En un acuerdo entre el fiscal Pablo Socca y el defensor Mariano Fernando Morel se arribó a la condena por el robo con cuatro implicados además de una menor de edad, por el que ya hubo otros dos sentenciados como partícipes.

Ibáñez, de 21 años, fue declarado coautor de un robo calificado por el uso de arma, en poblado y en banda y “con perforación o fractura de puerta de un lugar habitado”, además de la portación ilegal de un arma. Como parte de la condena se comprometió a reparar a las víctimas con 10 mil pesos que se depositarán en una cuenta bancaria del Ministerio Público de la Acusación dentro de un plazo de diez días.

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Ibáñez fue detenido en pasaje Stella y Alvarez Condarco cuando llegaba caminando a su casa de Fisherton a las 3 de la mañana del 28 de abril pasado. Un grupo de policías afectados al control del aislamiento social obligatorio por la pandemia de coronavirus le preguntaron por qué circulaba sin permiso y descubrieron que portaba ilegalmente un revólver Galma calibre 22 largo con tres cartuchos en el tambor. El joven, que vive en una familia desahogada económicamente y no tenía antecedentes, obtuvo la libertad bajo fianza a través de un abogado particular y quedó sujeto a un proceso por la portación ilegal del arma.

Pero pronto quedaría conectado con un asalto cometido esa misma madrugada en una casa de Pasaje 1659 al 1100. Entonces una mujer y sus dos hijos, de 20 y 17 años, trabajaban confeccionando barbijos y se quedaron helados cuando un hombre joven y robusto casi derribó la puerta e irrumpió en el living. Iba con otro muchacho y una adolescente. Los varones estaban armados y con las cabezas cubiertas.

A uno de los habitantes de la casa le apuntaron con un revólver en la cabeza desde menos de un metro. “Dame los celulares porque los matamos", le ordenó uno de los ladrones mientras la joven asaltante intentaba desatar una moto que estaba con una cadena en el comedor. Uno de los hijos de la mujer consiguió salir hacia un patio para pedir ayuda a los vecinos mientras los ladrones recorrían la vivienda. Al advertirlo, los maleantes decidieron irse pero dejaron una amenaza: “Si llaman a la policía los matamos”.

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Salieron a la calle llevándose solo los teléfonos móviles y subieron a un viejo Fiat Spazio blanco. Al arrancar el auto, uno de los vecinos advertido de la situación le arrojó un piedrazo que rompió el vidrio del lado del conductor. Desde el auto, como respuesta, le dispararon un balazo. El llamado al 911 de los vecinos generó una recorrida policial en la zona que terminó cuando un patrullero detectó un Fiat Spazio blanco en Juan B. Justo y Maradona con tres personas adentro.

Al requisarlo identificaron a los ocupantes _tres varones y una chica menor de edad_ y levantaron del piso del auto un revólver 22 largo marca Bagual. Los ocupantes tenían dos celulares que más tarde las víctimas de la entradera reconocieron como suyos.

Los dueños de la casa asaltada recordaban cualidades físicas muy distintivas de los ladrones: uno de ellos tenía tatuajes en el cuello, otro era bizco y la chica tenía una herida notoria sobre la ceja. Las víctimas indicaron que a uno de los implicados lo habían visto en la seccional donde radicaron la denuncia pero esa persona no había sido acusada. Dijeron que era un joven alto, robusto, morocho y vestía ropa negra.

En una revisión más puntillosa, el fiscal Socca detectó que quien estaba detenido ese día y a esa hora en la seccional por la portación de un arma era Ibáñez. Y en un rastreo por sus redes sociales se lo encontró en una foto con el detenido Jesús Zenteno, de 21 años, quien resultó ser su primo. Con esos elementos volvió a ser detenido y ahora aceptó la condena.

Zenteno, en tanto, aceptó en agosto una pena a 3 años y 6 meses de prisión como partícipe secundario del robo, la portación del arma hallada bajo el asiento del Fiat Spazio y la tenencia de un revólver hallado en el patio de su casa. Otro acusado, Brian Sabino, recibió 3 años y 9 meses también como partícipe y por el delito de abuso de armas, por ser quien disparó al vecino que les lanzó piedras en la huida. Los dos habían sido detenidos dentro del auto junto a la chica y al coimputado Javier S., de 30 años, y son quienes durante el asalto esperaron como conductor y acompañante al trío de ladrones dentro del Fiat Spazio blanco.

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