A Braiton Ezequiel Cejas lo corrieron tres hombres en moto en Nuevo Alberdi y cuando entró a resguardarse a la casa de su abuela le dispararon hasta matarlo a través de una ventana. Por la muerte de este joven de 20 años y las heridas causadas a otros cuatro integrantes de su familia que estaban en el lugar de sobremesa, Ramón Daniel Barrios fue condenado a 19 años y medio de prisión al término de un juicio oral por ese ataque de octubre de 2020 en Servellera al 3900. Como tenía una condena anterior, las dos se unificaron en 22 años y 6 meses.
La sentencia fue dictada este martes por los jueces Gustavo Pérez de Urrechu, Nicolás Vico Gimena y Alejandro Negroni. El tribunal condenó a Barrios como autor de un homicidio agravado por el uso de arma y otros tres hechos en tentativa, además de la portación ilegal de un arma de fuego. El fiscal de Homicidios Ademar Bianchini había solicitado una pena de 28 años de prisión por esos delitos. El defensor público Cesar Baroni había pedido la absolución.
El juicio por el caso se desarrolló a lo largo de una semana en el Centro de Justicia Penal y el martes al mediodía los jueces dieron a conocer su veredicto. La pena de 19 años y medio de prisión que dictó el tribunal se sumó a una condena previa a 3 años de prisión condicional que había recibido el 13 de marzo de 2020 como autor de un robo calificado. El fallo, del que más adelante se conocerán los fundamentos, unificó las dos condenas en 22 años y medio.
El crimen ocurrió el 14 de setiembre de 2020 en Nuevo Alberdi. Cerca de las 23.30 de ese día, tres hombres en una moto marca Skua se detuvieron frente a una casa de Servellera al 3900, a metros del cruce con Grandoli y a unos 350 metros al oeste de la ruta nacional 34. Al menos uno de los atacantes que bajó de la moto y atacó a tiros la vivienda a la que Cejas entraba corriendo.
Apenas cerró la puerta se escuchó el primero de unos 15 a 20 disparos. El atacante empezó a tirar en la calle y siguió asomado a la ventana del comedor, donde seis adultos y cuatro niños quedaron sin escapatoria ante las balas. Cejas murió con cinco tiros, uno en la nuca. En su familia hubo otros cuatro heridos, tres de gravedad.
Su abuela María A., de 63 años, sufrió heridas en la pierna izquierda y el brazo derecho por las que fue trasladada al Hospital Clemente Alvarez. A su padre Diego Alejandro C., de 39 años, un balazo le atravesó el tobillo izquierdo y le provocó una fractura, por lo que fue llevado al Hospital Alberdi. José Luis F., de 55, fue alcanzado por disparos en el abdomen, la pierna y el hombro izquierdo. Un vecino lo trasladó al Heca, donde quedó internado en estado reservado. Una adolescente de 14 años recibió el roce de un proyectil en una rodilla y fue atendida por los médicos del Sies en el lugar.
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Los ocupantes de la moto escaparon por Grandoli hacia el oeste. En la calle quedaron esparcidas 15 vainas calibre 9 milímetros. En el frente de la propiedad la policía detectó seis impactos de bala, al menos dos proyectiles atravesaron la puerta y otros ingresaron por una ventana que da al comedor.
En su primer contacto con policías de la subcomisaría 2ª, el padre de Braiton dijo que estaban reunidos en la vivienda cuando pasaron al menos dos muchachos en moto y descargaron una lluvia de balas “sin que mediara un conflicto previo”.
Luego la familia contó que estaba reunida en el comedor cuando entró corriendo Braiton, cerró la puerta con un hombro y enseguida comenzó la lluvia de disparos. Una de las víctimas reconoció a Barrios, de entonces 29 años, como quien se asomó a disparar desde la ventana. El joven fue detenido en un allanamiento a una propiedad de la misma manzana en que se cometió el homicidio, en Servellera entre Vieytes y Grandoli. y quedó preso como el autor de los disparos.
“Braiton entra, cierra la puerta y escuchamos el primer disparo que tiraron desde la calle. Ahí se vinieron acercando y siguieron tirando desde la ventana para adentro de la casa a todos los que estábamos adentro”, contó un familiar del joven asesinado.
“Estaba en el baño y empecé a escuchar tiros y muchos gritos. Por eso salí rápido del baño pero Braiton ya estaba tirado en el piso. Ya estaba muerto. Me arrastré hacia él pero no pude llegar”, contó la abuela de la víctima, quien tiene amputados ambos pies a causa de la diabetes y sufrió complicaciones por los disparos.
Uno de los familiares reveló que los agresores se movían en una moto negra de “alta cilindrada tipo cross, sin cachas” y precisó que reconoció a uno de ellos como Ramón Daniel Barrios, a quien conocían por el sobrenombre de “Bei” o “Bebi”.
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Los familiares contaron que en el último tiempo Braiton había ido a refugiarse a la casa de un tío por los problemas que tenía con conocidos del barrio. “Este chico (por el acusado) salió hace poquito de estar preso. Supuestamente dicen que vende droga, no sé para quien, tampoco pregunté. Para mi que debe andar armado”, atestiguaron los allegados al muchacho fallecido. “También quiero decir que Braiton me había contado, antes de que pase esto, que Barrios le había dicho que se querían quedar con la casa” de la su abuela, dijeron las víctimas de la balacera,
“Fue con alevosía. Braiton ya estaba tirado en el piso muerto y le seguían disparando. Fueron a matarlo”, dijeron los familiares, que atribuyeron el ataque a unas amenazas que había sufrido el muchacho de parte de un grupo que se quería quedar con la casa de su abuela.
Pero un vecino que declaró bajo reserva de su identidad dijo que el ataque había sido “pagado por la banda de Lichi Romero”, detenido por liderar una banda narco en Nuevo Alberdi, y añadió que el detenido Barrios “aparte de ser su soldadito, es su sicario”.
“Tengo entendido que todo fue a raíz de lo que sucedió aquella vez en la ruta donde los Romero tuvieron que dejar sus casas”, dijo este testigo, e indicó que en esa ocasión Braiton y tres amigos “se habrían aprovechado de la situación, ingresaron a los domicilios abandonados por la familia Romero y le robaron todo”, añadió, e identificó a Barrios como quien “le guarda los fierros a los Romero”.