"Después de matarlo fumé dos cigarrillos y me puse a pensar por qué lo había
hecho". Eso dijo Ana María Basualdo al ser detenida por asesinar a su novio con un martillazo en la
cabeza y dos cuchilladas en el cuello. La mujer necesitó de esa pausa para pensar en los motivos
del ataque que se desató tras una discusión en una casa de Puerto San Martín. Tras eso, ya entrada
la noche, enterró el cuerpo en el patio. Ahora, un año después, un juez la condenó a 14 años de
prisión tras descartar que actuara con alevosía.
Ana María Basualdo tiene 41 años y fue sentenciada por el crimen de Héctor
Daniel Alcaraz, de 38, quien era su pareja desde tres años antes. El fallo fue emitido por el juez
de Sentencia Antonio Ramos y no está firme porque fue apelado por la mujer. En el juicio se
discutió si ella actuó con alevosía, como pedía el fiscal Ismael Manfrín, o bajo un estado de
emoción violenta, como planteó el defensor oficial Oscar Loberse. Para el juez, no hay elementos
que acrediten esos supuestos y por eso condenó a la imputada por homicidio simple.
El caso quedó al descubierto cuando la madre de Alcaraz denunció en la comisaría
de Capitán Bermúdez que su hijo Héctor no había vuelto a su casa en los últimos días. Además,
reveló que el hombre trabajaba en una distribuidora de gas de Puerto San Martín y que mantenía una
relación sentimental con una mujer de esa localidad.
La búsqueda. Los policías fueron hasta la casa de San Martín al 500, en Puerto
San Martín, y fueron atendidos por el ex marido de Basualdo, quien estaba allí al cuidado del hijo
de ambos, de 18 años, porque la mujer había viajado para visitar a una hermana a San José de la
Esquina. Al ser interrogado, el hijo de Ana María dijo que un tiempo atrás su mamá le había pedido
que cavara un pozo profundo para enterrar unos animales. Y puestos a requisar la vivienda,
encontraron un colchón en el que habían cosido un trozo de tela sobre una mancha de sangre.
Bajo la sospecha de que Alcaraz había sido asesinado allí, los pesquisas
comenzaron a cavar en el patio y hallaron el cuerpo cubierto por una manta. El hombre tenía un
golpe que le había aplastado parte del rostro y dos puntazos en el cuello. Después, Basualdo fue
detenida en San José de la Esquina y confesó los detalles del crimen.
Ana María y Héctor se veían desde 2005 aunque no vivían juntos: el residía con
su madre y ella con su hijo. Según el relato de la mujer, el 14 de junio de 2008 a las 16.30
estaban tomando mates cuando empezaron a discutir. Fue cuando ella le planteó que no le diera más
dinero a su madre. El "comenzó a gritar". La pareja atravesaba problemas en la relación por lo que
Ana estaba bajo tratamiento psiquiátrico y Héctor en un estado depresivo por un trauma que
acarreaba de la infancia.
Amenaza y muerte.En medio de la discusión ella lo amenazó con cortarlo "con una
trincheta" si no se iba de la casa, pero él le respondió que "nunca cumplía con esas amenazas" y se
fue a acostar. Según Basualdo, le puso un almohadón en la cabeza y buscó un martillo para
golpearlo. Cuando estaba a punto de hacerlo, él se dio cuenta y se sacó el almohadón del rostro,
adonde de todos modos le efectuó el primer golpe. "¿Qué hiciste?", le reprochó Héctor. Ella le dijo
que se fuera, que le pediría una ambulancia.
Pero él, dijo Ana, respondió que si quería matarlo "lo hiciera de una vez". Un
nuevo golpe en la frente lo desmayó. "Todavía respiraba y yo entré en pánico. Le dije: «Negro vos
no vas a sufrir más». Busqué un cuchillo, me senté arriba de él y se lo clavé en el cuello", relató
la mujer.
"Luego me puse a pensar y encontré las razones de por qué lo había matado. La
primera fue porque me dijo que era una cobarde y no me animaría a hacer nada. Y la segunda porque
él mismo me pidió que lo matara de una vez por todas", reflexionó. También planteó que, a veces,
Alcaraz le había pegado y la había insultado.
Esa noche, en un momento en que estuvo sola en la casa, Ana María envolvió a
Héctor en una manta y lo enterró en el pozo que ella misma terminó de cavar. Luego cosió un trozo
de tela sobre la mancha de sangre del colchón. Pese a los sórdidos detalles de su relato, nunca
intentó justificarse ni aliviar su situación: "No le encuentro justificación a lo que hice. No
tiene explicación", expresó en el Tribunal, lo que fue tenido en cuenta al graduar la pena.