“Nosotros estamos piloteando ahí, nosotros somos mafia. No sé si te suena plata o plomo, comunicate conmigo porque te va a ir re mal, no te estoy jodiendo”. Con frases como esa, la pareja de Catriel A. y María B. se dedicaban al negocio de la extorsión y las usurpaciones. El muchacho de 24 años ya estaba preso por otros delitos y motorizaba las amenazas desde la cárcel; en sus propias palabras, “piloteaba” a veces “en nombre de Los Monos” o invocando ser parte de “Los Colombianos” como para meter más miedo. Y la chica, conocida como “Pelo Duro”, realizaba el trabajo de calle que podía variar entre seleccionar o contactar a las víctimas, o directamente ocupar una casa para usurparla.
En una audiencia realizada el viernes pasado los fiscales Federico Rébola y Franco Carbone imputaron a ambos de diversos delitos cometidos en al menos seis hechos ocurridos entre febrero y octubre de este año: abuso de armas, intentos de extorsión, usurpaciones y amenazas. Fuentes judiciales indicaron que el muchacho pidió la palabra y quiso dejar en claro que él hizo todo, que no trabajaba para nadie más. La jueza Valeria Pedrana dictó para ambos la prisión preventiva efectiva por el plazo de ley.
Uno de los hechos que le imputaron a Catriel consistió en haberle exigido a la dueña de una veterinaria de la ciudad de Pérez que le entregara entre 35 mil y 80 mil pesos. La maniobra empezó la madrugada del 7 de junio pasado cuando llegaron dos personas en una moto hasta el local y dispararon varias veces contra el frente. Al día siguiente volvieron a aparecer dos hombres armados para exigirle a la víctima “que pague la suma de dinero que debe”. Como la víctima se negó a responder, Catriel la llamó a partir del 9 de junio para amenazarla.
El segundo episodio se le atribuyó a ambos y se desencadenó el 31 de julio de 2022. Sobre las 23.30, según la acusación, María fue en taxi hasta el domicilio de la víctima en el extremo oeste de Rosario y le entregó una nota amenazante (“comunicate, somos la mafia”, decía) para que se comunicara con dos teléfonos, que eran las líneas que por entonces usaba Catriel. Otras dos personas volvieron a ir por la misma víctima el 13 de agosto y entregaron otra notita, esta vez al hijo de la víctima.
En el hecho siguiente, el 19 de agosto, se le atribuyó a Catriel haberle exigido a un hombre la entrega de 30 mil dólares bajo amenazas de muerte que fueron reforzadas con una balacera contra el frente de su casa. Como en los otros casos, la maniobra también empezó con un joven que fue en un auto hasta el domicilio de la víctima y le entregó la notita a una empleada. Tres días después, ante la falta de respuesta, Catriel se hizo cargo de las amenazas.
“Somos la familia. Hoy sí o sí haceme llegar 30 mil dólares adónde yo te digo, si no te reviento la casa y a vos. Te vamos a hacer poner de rodillas, te vamos a explotar la casa. No sabés con quién estás hablando, si no ponés la plata vamos a cerrar todos los puertos secos de la zona. ¿Te pensás que no te conocemos? Tenés un campo en Victoria, una empresa y andás en un BMW”, detalló el extorsionador. Y la maniobra siguió hasta el 9 de septiembre cuando otros dos tipos armados y en moto volvieron a dejar una nota escrita en la puerta de la vivienda.
"Estamos piloteando Godoy"
En el cuarto episodio María aparece seleccionando a la víctima, al parecer una vecina a quien conocía desde hacía un tiempo. El 20 de agosto, sobre las 11.30, Catriel llamó y envió mensajes de WhatsApp a esta persona. “Amiga, te estamos hablando bien, ¿o querés que te cierren el negocio a tiros? ¿Qué te pensás, con quién estás hablando? Estamos piloteando Godoy”, decían algunos de los mensajes.
Al día siguiente dos personas le dejaron un papel escrito a mano con los números de Catriel para que se comunicara. Pero como no obtuvo respuestas a sus amenazas, insistió con los mensajes. “Ahí te va a llamar el Colombiano, atendé así hablás, sino te caemos. Tengo gente en Cabín, en dos minutos te dejo ese negocio lleno de plomo. Vos elegís”. Para ser más convincente, el 2 de octubre llegaron otra vez dos tipos en moto y uno disparó cinco veces contra la casa de la víctima. Los mensajes se repitieron los días 6 y 19 de ese mes.
El quinto hecho atribuido ocurrió a comienzos de este año y se trató de la usurpación de una casa de barrio Tablada a partir de una maniobra que incluyó múltiples actos de violencia y amenazas. El 2 de febrero, por orden de Catriel, personas hasta ahora desconocidas aprovecharon que un hermano de la víctima había sido detenido y, luego de destrozar los vidrios de la casa y la puerta de ingreso, se metieron en la propiedad y continuaron con los destrozos.
Desde ese momento la casa estuvo ocupada por diferentes personas que respondían a Catriel, entre ellas su novia, María, y mientras tanto no abandonaban la rutina de apretar y amenazar a la dueña de la vivienda. “Te hablo por las buenas pero, si no, va a ser por las malas. La casa ya es mía, perdiste. Si me batís no la contás, fijate lo que hacés”, decía uno de los tantos mensajes enviados por el apretador.
Balazos desde el enrejado
El último episodio achacado al dúo comenzó el pasado 17 de octubre, sobre las 20, cuando María fue a la casa de las víctimas en barrio Bella Vista. Luego de amenazar de muerte con un arma de fuego a los dueños de la casa, la muchacha les exhibió un celular con el que estaba en videollamada y así pudieron ver a un hombre que, pantalla mediante, les decía: “Abandoná la casa antes de las 22. Somos de los Cantero. Si no vamos a entrar, golpear y matar a todos los que se encuentren adentro”.
Las víctimas no dieron el brazo a torcer, por lo que María volvió dos días después con dos tipos en un auto. Se bajaron del vehículo y, luego de un breve diálogo con los dueños de casa, uno de los delincuentes extrajo un arma de fuego y se colgó del enrejado del frente de la casa para realizar varios disparos contra la vivienda. Al menos seis balazos impactaron en la puerta, pero no hubo heridos. Tampoco en este caso prosperó la idea de Catriel de apoderarse de la casa.
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Con toda la información recabada, el fiscal Rébola requirió la detención de María en un allanamiento el lunes de la semana pasada pero no la pudo encontrar. Entonces se ejecutó el plan B: así, fue capturada en la puerta de la cárcel de Piñero, adonde había ido a visitar a su novio y socio.