El sábado a la noche Juan Bautista Villagra regresaba en su moto a la pizzería
de la zona oeste de la ciudad donde trabajaba. Había dejado un pedido y le faltaba entregar dos más
para terminar la jornada. Cuando llegó al cruce de Provincias Unidas y José Ingenieros se detuvo
para dejar pasar algunos vehículos. Entonces, una pareja se le acercó con la intención de robarle
el rodado y él intentó resistirse. En respuesta, el asaltante le hundió un cuchillo en el corazón y
lo mató.
Juan tenía 24 años y trabajaba en la pizzería que desde
hace un par de años su padrastro, Claudio Rolón, tiene en la misma esquina donde ocurrió el trágico
asalto. Eran las 23.30 del sábado cuando el muchacho volvía al negocio en su Zanella 110 tras dejar
un pedido en una casa situada a un par de cuadras del local. El tránsito que circulaba por
Provincias Unidas lo obligó a detenerse y fue en ese momento que una joven pareja se le acercó
caminando por un lavadero de vehículos.
Resistencia fatal. Al parecer, Juan sospechó e intentó eludir a los
ladrones. Pero lo agarraron y forcejeó con ellos. "Aparentemente, mi hijo no quiso entregarles la
moto. Entonces el tipo le dio una puñalada y la chica lo empujó al suelo", contó Rolón.
A pesar de estar malherido, el muchacho logró incorporarse
mientras sus atacantes escapaban corriendo y sin llevarse nada. Con las pocas fuerzas que le
quedaban, Juan cruzó la avenida en dirección a la pizzería y se derrumbó en medio de un charco de
sangre. Murió frente al comercio sin saber que los maleantes habían dejado la moto tirada en la
vereda.
Una vecina acudió en auxilio del cadete, que con sus ojos
abiertos parecía clamar ayuda sin poder pronunciar palabras. La mujer se contactó con el Sies pero,
mientras esperaban, una ambulancia privada pasó por el lugar y los médicos intentaron reanimar a
Juan sin éxito. El muchacho murió cuando lo llevaban al Heca.
Rolón estaba detrás del mostrador del negocio cuando los
vecinos le avisaron lo que había ocurrido. Desesperado, salió a buscar a los asesinos pero no los
halló. Sin embargo, por algunos testimonios, sabe que viven en la barriada, en una villa situada a
unas tres cuadras de la escena del crimen. "Se esconden en un canchita de Juan B. Justo y Fraga
porque allí le dan protección", comentó un vecino.
La vida de Juan estuvo signada por el esfuerzo. Unos meses
atrás le habían robado otra moto mientras realizaba un reparto, en José Ingenieros y México, y para
comprar el rodado nuevo "había sacado un crédito", contó Rolón, quien conoció a la madre de Juan
cuando éste todavía era un nene. "Prácticamente lo crié yo", dijo con orgullo.
Ayer Rolón lucía desencajado, parecía impotente y sólo
repetía que "de esta manera no se puede seguir trabajando". "El sábado a la noche estuvimos
comentando la inseguridad que hay en Buenos Aires después de ver un noticiero, y ahora nos tocó a
nosotros", reflexionó.
"Solamente trabajaba y no salía nunca", comentó Rolón
mientras una vecina conmovida se acercó a saludarlo. "Era un buen muchacho", dijo la mujer. Juan
vivía con la mamá y sus hermanos en José Ingenieros al 6900, a dos cuadras de la pizzería y muy
cerca de donde ayer su familia acondicionaba un pequeño salón para poder velarlo.