Policiales

Asesinan a un joven y dejan grave a su padre en una ejecución a quemarropa

Les tiraron seis veces en el complejo de Rodríguez al 2900. Marcos Navarro, de 23 años, murió en el lugar y Martín, de 42, permanece internado

Martes 03 de Abril de 2018

La lluvia caía intensamente y no había un alma en la calle cuando la noche del domingo, cerca de las 22, al menos seis disparos retumbaron entre las torres de barrio Latinoamérica, en Rodríguez y Amenábar. En un patio común enrejado que hace las veces de quincho, bajo un tinglado conversaban Martín Navarro y su hijo Marcos, quienes fueron el blanco de los disparos realizados desde una calle interna por dos o tres atacantes en moto. El menor de los Navarro recibió un balazo letal a centímetros del corazón; su padre sufrió varias heridas y permanecía internado en grave estado en el Hospital Clemente Alvarez. Sus vecinos contaban ayer lo ocurrido entre la consternación y la sorpresa: "Les tiraron a matar. Lo que nadie sabe es por qué".

Los investigadores consultados por este diario tampoco aportaron certezas sobre los móviles del crimen, aunque un parte del Ministerio Público Fiscal aseguraba que existe "una línea concreta en cuanto a la motivación que por el momento se mantiene en reserva". El gabinete criminalístico de la Policía de Investigaciones (PDI) levantó en el lugar material balístico que será peritado y anoche se esperaba el informe de autopsia del joven fallecido, Marcos Javier Navarro, de 23 años.

En el quincho

El ataque ocurrió en un patio común a dos torres de tres pisos que se levantan en Rodríguez 2940. En un departamento del tercer piso, según vecinos, vive junto a su padre el hombre que sobrevivió al ataque, Martín Adam Navarro, de 42 años. Era común que se quedara en el quincho por las noches. A ese patio coronado por la sombra de un sauce se accede desde el hall de la planta baja que reparte escaleras hacia ambas torres. Pero también es de fácil acceso desde el fondo: una calle interna de tierra bordea el predio, enrejado y al descubierto, con parte de las rejas pintadas con los colores de Rosario Central.

En el centro de ese terreno hay un techo de chapa que cubre un parrillero, una mesa, una heladera atada a un lavarropas y un horno pizzero. Ese es el lugar donde conversaban Navarro padre e hijo cuando irrumpieron los agresores y les tiraron desde el otro lado de la reja, a una distancia de escasos metros. "Llovía mucho. No había gente afuera. Yo estaba cenando cuando se escucharon los disparos", contó una vecina apesadumbrada tras la irrupción de policías que hasta las 2 de la madrugada se quedaron trabajando en el lugar.

"Los impactos se sintieron terriblemente", confió la mujer. Y aunque ella pensó que podían ser cohetes, su esposo no dudó en esclarecerla. "Eran tiros. Fueron impactos muy secos", contó el hombre. Los dos integrantes del matrimonio contaron seis detonaciones. Luego, los vecinos de las torres de enfrente llamaron al 911. Una ambulancia del Sies que llegó al lugar trasladó hasta el Heca a Navarro padre, quien fue sometido a una cirugía y permanecía internado en estado reservado según los últimos partes. Se consignó que sufrió heridas en el tórax y en una pierna.

Albañil y quiosquero

En tanto que Marcos Javier murió en el lugar con un disparo que le ingresó unos cuatro centímetros por debajo de la tetilla izquierda, con salida por debajo de la axila derecha. "La policía levantó vainas 9 milímetros", comentaron algunos vecinos. Del mayor de los Navarro contaron que trabaja como albañil y vive con su padre en un departamento del tercer piso. Del hijo fallecido, que vivía en otro barrio y solía colaborar con el quiosco de su tío en la vereda de enfrente al lugar del ataque.

"Yo le vendía sándwiches de miga. No lo conozco mucho porque era distante", consignó otro habitante del Fonavi sobre el muchacho fallecido. La investigación a cargo del fiscal Ademar Bianchini, quien se presentó en el lugar del hecho con el equipo de la PDI, no privilegiaba anoche ninguna hipótesis. Se aguardaba el resultado de pericias del gabinete criminalístico y del relevamiento de cámaras de vigilancia de las inmediaciones. De acuerdo con escasos testimonios, los atacantes eran entre dos o tres y se movían en moto.

Una versión aportada por vecinos a este diario indicaba que, junto a las víctimas, se habría encontrado un tercer hombre al que no le dirigieron disparos y que escapó corriendo: "Eran tres pero les pegaron a dos, a uno lo mataron", comentaron. Pero la existencia de un tercer hombre no consta en la pesquisa fiscal y los investigadores consideran improbable que alguien pudiera esquivar los balazos a tan corta distancia. "Ellos estaban siempre ahí atrás, siempre se reunían a comer algo", comentaron los vecinos como única certeza, sin arriesgar las razones del ataque: "¿Por qué fue? No sabemos".

barrio latinoamÉrica. Vecinos en la noche del domingo, poco después de la balacera a sangre fría.

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