Buenos Aires.— El tercer sospechoso de haber asesinado a Marcelo Mansilla
y a Sandra Rabago, el matrimonio cuyos cadáveres aparecieron el martes a la vera de la ruta
Panamericana, en jurisdicción de Campana, se entregó ayer a la policía y aseguró que los dos hijos
de las víctimas, Agustín y Milagros, también fueron asesinados y sus cuerpos arrojados muy cerca de
donde fueron hallados los de sus padres. Tras la confesión, efectivos de la policía bonaerense y el
fiscal de la causa, Marcelo Pernici, se dirigieron al lugar y empezaron una minuciosa tarea de
rastrillaje que se interrumpió provisoriamente anoche.
Según los voceros, Cristian Fernández, de 22 años, se
declaró inocente de los crímenes al entregarse ante la policía pero reveló que en su casa escuchó
que a Agustín, de 12 años, y a Milagros, de 8, los mataron por "bronca personal". Además, agregó
que "los tiraron un poco antes" de donde fueron hallados los cuerpos de sus padres.
Cristian es hijo de Angel Antonio Fernández, un hombre de
41 años que fue detenido dos días atrás junto a Jesús Osvaldo Cáceres, de 47, ambos acusados de
matar a la pareja. De la confesión del muchacho se supo también que el móvil de la masacre sería la
venganza, ya que los Mansilla habían declarado como testigos por el robo a una casa quinta cercana
donde vivía el matrimonio, en el barrio Frino de José C. Paz, e involucraron a esos hombres en el
hecho por lo que Fernández hijo fue procesado.
Antecedentes. No es la primera vez que los Fernández caen presos por delinquir.
El padre gozaba hasta el jueves de arresto domiciliario tras haber sido condenado en 1991 a 25 años
de cárcel por violación seguida de muerte. Y lo hacía bajo la modalidad de monitoreo, es decir con
la utilización de una pulsera electrónica que al parecer no funcionaba, ya que varios testigos lo
vieron fuera de su vivienda en reiteradas oportunidades (ver aparte).
Por su parte, Cristian fue detenido el 22 de enero de 2005
por robo calificado y portación de arma y beneficiado también con un arresto domiciliario por el
Tribunal Oral 2 de San Martín, que ordenó que sea monitoreado por una pulsera electrónica igual que
su padre. El jueves, el muchacho había escapado por los techos cuando los detectives de José C. Paz
allanaron la casa de su padre en busca de pruebas para la causa. Respecto de Cáceres, hasta anoche
los investigadores aguardaban los datos sobre sus antecedentes.
Pruebas. En el marco de la pesquisa, los investigadores llegaron el jueves a la
casa de los Fernández luego de escuchar a testigos que afirmaron haber visto en ese lugar de Los
Polvorines, el Volkswagen Polo de la familia Mansilla. El auto apareció calcinado el miércoles en
esa misma localidad.
En la vivienda de los sospechosos, los policías encontraron
tres elementos incriminatorios: los electrodomésticos robados en la casa de las víctimas (un DVD y
una computadora), un rollo de cinta de embalar idéntica a la utilizada por los asesinos para vendar
y maniatar al matrimonio y ropas manchadas con sangre que fueron enviadas a laboratorio.
Los bomberos y la Policía Científica incluso iniciaron
excavaciones en un chiquero con tierra removida ubicado en el fondo de esa casa ante la sospecha de
que pudieran estar los cadáveres de los nenes, pero no los hallaron.
El último día. Mansilla, Rabago y sus hijos fueron vistos por última vez el
miércoles 23 de julio a la noche cuando fueron a cenar a la casa de un amigo. A la mañana
siguiente, un familiar escuchó cómo el auto de Mansilla salía de la casa del barrio Frino a gran
velocidad y desde entonces no se supo nada del paradero de la familia.
Incluso, ese día Mansilla no fue a trabajar a la estación
de servicios de Tortuguitas donde estaba empleado y, desde entonces, los niños no concurrieron a la
escuela.
La historia empezó a revelarse el martes cuando los
cadáveres del matrimonio fueron encontrados en un descampado a la vera de la ruta Panamericana, a
la altura del kilómetro 60, en juridicción de Campana. Los forenses determinaron que fueron
asesinados a hachazos en la cabeza en ese lugar y que llevaban muertos entre 72 y 96 horas. Desde
entonces, los pesquisas centraron su accionar en la búsqueda de los hijos de la pareja, que hasta
anoche no habían sido hallados, aunque la confesión de Cristian Fernández confirmaría la peor de
las sospechas. l