En el marco de las medidas de aislamiento social obligatorio a causa del coronavirus, el espacio cultural, social y educativo La Colmena de Granadero Baigorria se puso a disposición de sus vecinos que forman parte de grupos de riesgo para posibilitar que puedan protegerse en sus casas y cumplir efectivamente la cuarentena. La iniciativa de asistir a la población de riesgo (embarazadas, mayores de 60 años, personas inmunodeprimidas o con patologías previas) fue ideada por quienes integran ese centro cultural aún antes de que se decretara oficialmente el aislamiento obligatorio. En diálogo con La Capital, Ana Paula Milo presidenta de la asociación civil, dice que cuando en conferencia de prensa el presidente Alberto Fernández explicó que había que evitar circular y que especialmente debían protegerse las personas más vulnerables al virus, entendieron que había que ponerse a disposición de esa población “y ayudarlos a resolver el día a día”. Además remarca que para quienes integran La Colmena ese tipo de iniciativas están naturalizadas, porque es el trabajo que colectivamente realizan de manera cotidiana: “Es lo que hacemos en la diaria, tratamos de resolver situaciones que muchas veces el Estado deja de lado y que en este momento surgen con más fuerza por la situación de emergencia sanitaria que estamos viviendo”.
Mientras la sociedad ensaya experiencias colectivas ante lo inédito, quienes integran este espacio supieron desde el principio que la organización colectiva y las prácticas de cuidado y fortalecimiento comunitario, son las medidas más efectivas para minimizar los riesgos ante cualquier crisis.
Sobre la asistencia que hasta el momento brindan a aquellos que integran grupos de riesgo en este marco de cuarentena, Milo cuenta: “Desde que hicimos esa publicación en nuestras redes sociales pudimos resolver un montón de situaciones, de gente que necesitó que vayamos al Hospital Eva Perón a retirarle medicación, de vecinos que requirieron que le hagan las compras, de gente que no tenía dinero para comprar alimentos y de alguna manera pudimos conseguir una bolsa de mercadería y entregársela. A diario nos llegan mensajes, también es necesaria mucha contención emocional. O nos avisan de alguna vecina que está sola, entonces vamos y vemos que necesita. A veces esa persona no necesita nada pero le da tranquilidad que le acerquemos un número de teléfono y saber que estamos a disposición”.
Milo explica que el ofrecimiento de asistir a los vecinos que lo requieran en esta situación crítica sigue en pié y que lo hacen extremando todos los cuidados. Además, comenzaron a ayudar a quienes necesiten a inscribirse en el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia): “Muchas veces la gente desconoce sobre algunas medidas que pueden ayudarla, o no tienen internet, o no saben cómo hacer el trámite. Así que estamos todos organizados, pasándonos los datos de las personas que lo necesitan para hacer los trámites desde cada casa”.
El aislamiento obligatorio dejó ver reacciones sociales de las más diversas, las expresiones individualistas y egoístas de algunos se cruzaron con las actitudes altruistas y los gestos solidarios de otros. En este proceso desorientador la falta de empatía con el otro también tiene su contracara que vale la pena visibilizar.
“Como en todas las ciudades, en Baigorria también hubo denuncias de personas que no estaban cumpliendo con la cuarentena, pero nosotros nos enfocamos en los que la están cumpliendo y nos necesitan. Tratamos de armar una red para poder contenerlos, es lo que más nos preocupa de esta situación de pandemia, los sectores más vulnerables y vulnerados que no van a poder sostener mucho tiempo el encierro por necesidad. Tratamos por todos los medios de contenerlos para que no salgan, porque también sabemos que por su mala alimentación y por su precariedad habitacional, más allá de la edad o de cualquier patología previa, son personas en riesgo también”, resume.
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A principios de año los talleristas se reunieron para planificar el año. Hoy cada uno colabora desde su hogar con los vecinos.
Desde el inicio
“Todo lo que hacemos tiene una fuerte impronta social porque somos militantes sociales, que pensamos y gestamos esta casa desde ese lugar”, dice Milo. El anclaje que tiene La colmena en el seno de su comunidad se comprende cuando se conoce su historia y las propuestas y servicios, que hasta antes de la cuarentena, el centro ofrecía a sus vecinos.
La Colmena nació en el verano de 2017, cuando un grupo de unos 20 vecinos y vecinas de la ciudad de Baigorria empezaron a pensar la necesidad de contar con un espacio de encuentro. Según cuenta la presidenta de la entidad, buscaron un lugar donde alojarse hasta que encontraron una casa que estaba abandonada en el centro de la ciudad y allí se quedaron.
“Comenzamos a ir todos los sábados a arreglarla, nos pasamos todo el verano trabajando en la casa, y cuando llegó el mes de abril definimos brindar propuestas educativas y talleres culturales para toda la comunidad. La realidad superó ampliamente nuestras expectativas. Claramente era algo que estaba pendiente en nuestra ciudad”, recuerda.
La ubicación de la casa tuvo que ver con una visión estratégica, porque La Colmena está anclada en el centro de Granadero Baigorria, cerca de los barcos, la iglesia, la Municipalidad, los cajeros y las escuelas, en el lugar que concentra el tránsito de toda la ciudad.
“Si bien teníamos experiencia de trabajar con los barrios de la periferia -agrega-, cuando pensamos donde instalarnos consideramos que el centro era el lugar ideal, porque es el lugar por el cual todos los vecinos de la ciudad por algún motivo tienen que circular, lo pensamos estrategicamente, queríamos que el espacio esté situado en un lugar de paso para los vecinos de todos los barrios”.
La estrategia dio resultados positivos porque desde que se instalaron hasta el momento de la pandemia, La Colmena no ha dejado de ampliar su concurrencia. Y lo que es más importante, ha logrado que convivan y trabajen unidos vecinos de los distintos barrios de la ciudad. “Y eso está buenísimo”, dice Milo, al tiempo que asegura que en el trabajo cotidiano se generan vínculos impensables.
Aunque el equipo estable de la organización continúe siendo de veinte personas, ellos tienen la tranquilidad de saber que son muchos más, porque en las distintas circunstancias siempre cuentan con un montón de vecinos colaboradores que están dispuestos a colaborar.
Armando la red
En su agenda de actividades hasta antes de la expansión de la pandemia, el espacio ya ofrecía unos 30 talleres para todas necesidades destinados a niños, adolescentes y adultos, colonia de vacaciones, clases de apoyo escolar y merendero para los chicos que asistían a las clases.
Pero además, si hay algo que supo hacer La Colmena en estos años fue trabajar en red y vincularse con otras instituciones de la ciudad en beneficio de la comunidad. Prueba de ello es que en el espacio funciona un aula del Caeba de la provincia para la alfabetización de adultos y las asesorías jurídicas de la UNR, también articulan con el área de salud mental del Hospital Eva Perón, el hogar de menores varones, el centro de día San Teodoro y la escuela Nuestra Señora de la Esperanza que trabaja para personas con discapacidad.
En épocas de crisis sanitaria, económica y social organizaciones como La Colmena, aún cuando trabajan a pulmón, corren con ventaja porque por historia y lógica de funcionamiento saben cómo dar respuestas a la comunidad.