Coronavirus

Cómo se comportan los virus y cómo se logra atenuar su diseminación

La viróloga Daniela Gardiol explica los mecanismos de acción ¿Por qué y cómo van cambiando? ¿Se encontrará una vacuna rápidamente?

Martes 31 de Marzo de 2020

"Los virus (del latín veneno) son parásitos intracelulares submicroscópicos. Las partículas virales por sí mismas no pueden multiplicarse, no poseen la capacidad para generar la energía metabólica necesaria para los procesos biológicos. Por eso necesitan infectar una célula para poder replicarse. De esta manera, se aprovechan de los componentes y maquinaria celular, y en esto son muy eficientes", explica Daniela Gardiol, viróloga, profesora e investigadora del IBR/ Conicet/UNR, quien agrega que "existe una gran diversidad de virus, como resultado del éxito que tienen estos agentes de parasitar distintos organismos".

La científica explica en esta nota las diferencias entre virus y bacterias, cómo surgieron los coronavirus en el mundo, qué características particulares tiene el Covid-19 para el que será muy difícil hallar un medicamento específico. Por qué la esperanza de ponerle un freno está centrada en la vacuna.

— ¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre virus y bacterias?

—Existen muchas diferencias. Podemos enumerar algunas, como por ejemplo el tamaño, gran parte de las bacterias pueden observarse con un microscopio óptico mientras que los virus son de tamaño notablemente menor y sólo pueden detectarse con microscopios electrónicos. También se diferencian por su estructura. Los virus tienen una estructura muy simple, en general poseen un genoma (que contiene la información genética viral) recubierto por una cápside de proteínas y algunos de ellos también se encuentran recubiertos por una envoltura lipídica (los llamados virus envueltos). Las bacterias, en cambio, son más complejas incluyendo la llamada pared celular. Los virus carecen de metabolismo propio, en cambio sí lo poseen las bacterias, aunque con características diferentes según los tipos bacterianos. Los virus no pueden cultivarse en medios libres de células, como sí las bacterias. Otra diferencia es la forma en que se multiplican: las bacterias pueden hacerlo por sí mismas en presencia de los nutrientes necesarios. Al contrario, los virus no pueden ni replicar su genoma ni multiplicarse fuera de una célula, sino que al infectar una célula introducen su genoma que, al expresarse, reprograma los mecanismos celulares en beneficio propio para producir muchos nuevos virus.

 —¿Cómo se originaron los coronavirus?

— Los coronavirus son una gran familia de virus incluyendo algunos causantes de los resfríos comunes. Sin embargo, durante los últimos años emergieron algunos que causaron enfermedades severas en humanos. El primero, muchos lo recordarán, fue el llamando SARS (de las siglas en inglés, severe acute respiratory syndrome) que apareció en 2002 causando enfermedades severas y luego desapareció. Más tarde en 2012 se identificó el MERS (del inglés Middle East Respiratory Syndrome), que continúa afectando un número muy reducido de personas. En diciembre de 2019 se identificaron numerosos casos de neumonías severas en China y ya en enero se pudo identificar y conocer la secuencia (genoma) del agente involucrado, que presentaba cierta similitud con el virus del SARS y se lo llamó SARS-CoV-2, responsable del COVID-19 (del inglés coronavirus disease 2019). Sin embargo, también se identificó que su secuencia tenía similitud con un coronavirus de murciélago, que es considerado reservorio de una gran variedad coronavirus.

—¿Se sabe efectivamente que surgió porque alguien comió un murciélago?

—En realidad se postula que el brote se inició en un mercado de mariscos, donde probablemente no habría murciélagos. SARS-CoV-2 podría haberse trasmitido del murciélago a un hospedador intermediario que cruzó la barrera de especies. Entre estos se han mencionado a tortugas, pangolines y otros animales, pero esto no ha sido determinado aún, son algunas hipótesis. Los últimos análisis de comparación de secuencias proponen cambios genéticos en relación a otros coronavirus que deben ser analizados más profundamente para determinar fehacientemente el origen de este nuevo coronavirus.

—¿Por qué mutan los virus? ¿Siempre que cambian se vuelven más agresivos?

—Pueden mutar y esa capacidad depende de las características propias de cada virus y sobre todo de la naturaleza de su genoma. Ejemplo de esto son los cambios que se presentan estacionalmente en el virus influenza (gripe), por lo que las vacunas deben actualizarse cada año. Lo que sucede con el denominado Covid-19 (SARS-CoV-2) es que, cuando un virus emerge, a pesar de que hayan circulado virus relacionados, las diferencias específicas en el nuevo virus, pueden implicar que gran parte de la población puede infectarse, de allí la importancia de prevenir su diseminación. En cuanto al nuevo coronavirus es bastante similar a otros, como el SARS, pero se han encontrado algunas diferencias a nivel de la proteína que permite la unión del virus a las células que infecta. Estas diferencias son motivo de investigaciones para poder entender si pueden relacionarse con las diferencias de las infecciones entre SARS y SARS-CoV-2 .

—¿Es posible encontrar un antiviral para tratar la enfermedad que tiene en vilo al mundo?

— La verdad es que en cuanto a los antivirales en general, dada la estrecha relación entre el ciclo de replicación viral y los distintos procesos biológicos celulares, y debido a sus características de parásito intracelular obligado, hace muy difícil identificar blancos específicos que no impliquen daño a la célula. Por eso, el desarrollo de antivirales se ha focalizado para virus asociados con severas patologías, de alta incidencia y que pueden generar infecciones a largo término. Como ejemplo, el Virus de Inmunodeficiencia Humana y Virus de Hepatitis B y C. Es un campo muy interesante la búsqueda de compuestos que bloqueen algunas proteínas virales o bien procesos implicados en su replicación inducidos por el virus. Al momento, para SARS-CoV-2 existen algunos estudios que evalúan la eficacia de algunos antivirales ya usados para otros virus. Hay investigaciones que están siendo llevadas a cabo por diversas instituciones a nivel internacional.

—¿Y la vacuna, llegará pronto?

—Sabemos que laboratorios prestigiosos están avanzando en el diseño e incluso en las pruebas pertinentes de seguridad. Gracias a las nuevas metodologías fue posible disponer rápidamente de la secuencia genómica del virus y así determinar las proteínas virales antigénicas presentes en la superficie viral, importante para la formulación de la vacuna. Ya comenzó la etapa o fase I de ensayo para uno de los desarrollos, que se focaliza en determinar la seguridad de la vacuna. Sin embargo, quedan muchas preguntas acerca de la respuesta inmunitaria natural respecto a este nuevo virus, la duración de la misma y cómo la vacuna podría inducir a una respuesta similar. Según los expertos, a pesar de los avances, se requiere un tiempo importante para evaluar correctamente su eficiencia y tenerla disponible.

—¿Cómo nos protegemos hoy, es con el aislamiento y la higiene?

—Para prevenir tenemos que seguir las instrucciones impartidas por los estamentos oficiales tanto a nivel nacional, como provincial y municipal. Nos encontramos en una etapa donde la prevención es sumamente importante. Las indicaciones acerca del lavado exhaustivo de manos, de las superficies, ventilación y fundamentalmente el distanciamiento social deben ser respetadas como parte de una responsabilidad individual y colectiva. Tenemos que prevenir la diseminación evitando los contagios, respetando, indiscutiblemente, las pautas fijadas por las autoridades competentes. Es por el lado del mayor aislamiento, menor circulación y como nunca, conciencia social. Lo que escuchamos a diario, pero que es necesario repetirlo, es poner los esfuerzos en achatar la curva de contagios, y así, prevenir el colapso del sistema de salud. Aún queda mucho por entender de esta epidemia, faltan muchas respuestas que brinden un panorama real del escenario epidemiológico.

—Qué dudas, por ejemplo.


—El número de casos asintomático y su relevancia en la definición de la magnitud de los contagios. Esto pone de manifiesto los esfuerzos y el compromiso de la comunidad científica internacional en buscar respuestas rápidas a esta emergencia.

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