Rusia 2018

Una selección en ruinas juega su propia "final"

Argentina afronta una instancia crucial: para pasar debe vencer a Nigeria y esperar que Islandia no le gane a Croacia por más goles que la albiceleste.

Martes 26 de Junio de 2018

Cuesta una barbaridad despojarse de la sensación de escepticismo con el que llega la selección argentina a jugarse la vida futbolística contra Nigeria. No hay motivos tangibles para creer en el milagro. Tampoco para darle espesura a esa ilusión de clasificar a los octavos de final. Porque en un santiamén, un tren de alta velocidad arrasó con todo y dejó a este grupo de jugadores, al entrenador Jorge Sampaoli y hasta la conducción de la AFA en ruinas. Entre los malos resultados cosechados ante Islandia y Croacia, la aparición de videos y audios ventilando rencillas internas y la sublevación del plantel en contra de la conducción de Jorge Sampaoli terminaron con la paz en la concentración de Bronnitsy. Hay mucho clima irrespirable en la previa a esta "final del mundo" que afrontará la Argentina, aunque la recompensa esta vez no será levantar la copa sino el mísero premio de avanzar de fase.

Ya todo lo que rodea a la selección aparece en estado de descomposición. Ni el cicatrizante de las palabras que intentaron ponerle Javier Mascherano, Lucas Biglia, Claudio Tapia y el técnico podrá reconstruir los puentes de confianza que se rompieron. El propio Zurdo ayer en la conferencia de prensa habló de que al lado de la selección existe una realidad virtual de la que él no participa. Pero la verdad es que las famosas reuniones tripartitas entre jugadores, el entrenador y el presidente de la AFA terminaron por demoler este ciclo. Al menos lo dejaron entre escombros. A tal punto que el DT casildense ya no conduce ni ordena. En ese cónclave consensuaron recortarle el poder y parte de sus facultades. La foto que trascendió ayer entre el Zurdo y Mascherano en el entrenamiento matutino retrató con peligrosa realidad el nuevo gobierno.

La formación que se perfila para enfrentar a los nigerianos también tiene una marcada impronta de los históricos. Se anuncia que volverán al equipo Rojo, Di María e Higuaín, quienes no fueron titulares en el derrumbe contra Croacia. Obviamente, Messi, Mascherano, Otamendi y Mercado, todos jugadores curtidos en batallas pretorianas, aunque tienen más perdidas que ganadas, también estarán obligados a dar la cara de una bendita vez. Las posibles salidas de Salvio y Meza, dos representantes fidedignos de la corriente sampaolista, entregan más certezas para creer que en elección de los jugadores intervino alguna mano jugadorista. Aunque alguno de los dos podría jugar si Enzo Pérez no llega en óptimas condiciones.

De cualquier manera, nada cambia el concepto. Desde todos los lugares de donde se los mire a estos jugadores, parece que ni los sucesivos mazazos deportivos, con las finales perdidas en cadena y la crítica despiadada que sufrieron de los hinchas en general, lograron desgastar el poder de autogestionarse. Ellos siempre estuvieron convencidos de un mando que nunca consideraron compartir con nadie. Este grupo de futbolistas no sólo siempre estuvo comprometido con sí mismo, sino que siempre se salió con la suya. Sampaoli también ayudó con descontrol y desconcierto a la hora de plantear los partidos contra Islandia y Croacia. Nunca supo qué hacer para reconvertir al equipo. Por eso hoy se parte desde la nada misma. Y con Sampaoli perdido en un laberinto. Seguramente la salida que encontrará será la de irse de la conducción del equipo cuando termine la participación de Argentina en el Mundial 2018.

   Aunque para eso falta. Primero se impone ganarle a Nigeria y esperar una mano providencial en el partido entre Islandia y Croacia. Ya no hay tiempo para seguir explorando las peores profundidades y no esperar un designio reparador. Lograr la clasificación traería efectos sanadores para estos jugadores que hace rato que acostumbraron a un país a fallar siempre. Ahora ellos están parados en la puerta de 90 minutos que producen vértigo. Si se caen de nuevo al precipicio nadie intentará salvarlos. Están más obligados que nunca a demostrar que no entran en pánico cuando todo un pueblo les pide a gritos que no se escondan más detrás de las derrotas.

   El escenario no puede ser más cautivante. El estadio Zenit Arena de San Petersburgo, la capital imperial de Rusia. La ciudad que es la gema de la corona, la más cautivante de todas. Recorrerla es viajar en la historia. Más en junio, cuando se producen las eternas noches blancas y el sol se oculta apenas un par de horas cerca de la medianoche. En ese contexto ideal en lo ambiental, Argentina no jugará la final que imaginó cuando el Mundial recién se está desperezando. Afrontará un partido traicionero. Porque los recuerdos de aquella eliminación tempranera en el Mundial 2002 todavía dan vueltas como un duende maldito por la cabeza de cada uno de estos jugadores. En especial por el cuerpo y la mente de Lionel Messi. El crack rosarino ya no tiene permitido irse de Rusia con esa imagen meditabunda y de chico enredado en sus propios demonios. Sería el hundimiento definitivo para él y para una generación de futbolistas que nunca pudo dejar bien parada a la selección argentina. El partido contra Nigeria no aceptará que sean dubitativos. Tampoco les disculpará distracciones ni los indultará si son indiferentes. Messi, Sampaoli y los que entren a la cancha ya están avisados. Como posteó Mascherano, "40 millones de argentinos deben tirar para adelante". Ojalá que ellos también se contagien de esa onda positiva que se expandirá como una mancha de aceite en cada casa de los hinchas argentinos.


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