El estadio de confusión de Newell’s con el que entr ó a jugar el segundo tiempo fue de terror. La misión era salir revitalizado del vestuario, después de 45’ iniciales en los que había defeccionado, con un 1-0 en contra. Pero sucedió todo lo contrario. Endeble como casi nunca en el torneo, en un breve lapso puso la mejilla para que le dieran tres cachetazos. Ni antes ni después había jugado bien. Pero esos instantes lo condenaron a no tener la mínima chance de modificar el resultado. En el tiempo que fue del primer minuto hasta el once de la segunda etapa, Newell’s fue por demás de endeble. La perdió fácil en propio campo y, con el equipo a contrapierna, Gimnasia fue golpeando a fondo. La endeble tarea defensiva rojinegra incluyó a todos, claro que especialmente a defensores y volantes.






























