Tres meses sin ganar. Siete empates en hilera que encima precedieron a dos derrotas consecutivas ante Vélez y Estudiantes. Un equipo que fue desmejorando considerablemente su andar, más allá de algunas ráfagas apenas discretas que tampoco alcanzaron para asomar la cabeza del pozo. Un bajón generalizado en el nivel individual de los jugadores, desde el arco propio con un Ledesma que se contagió de las dudas del resto hasta el área de enfrente, con el centrodelantero Claudio Riaño que hace cinco cotejos que no convierte. Y lo más preocupante es que el equipo no puede salir de la zona roja del promedio, objetivo de mínima de esta temporada. Con este cóctel de defectos y presiones estrictamente futbolísticas, además del duro contexto que sobrevuela en la entidad de Arroyito (ver página 2), Central enfrentará esta tarde a Godoy Cruz, con el Gigante que será una caldera, y en el que habrá una única misión: Ganar para cortar la sangría y salvarle el pellejo al entrenador Diego Cocca. Lo contrario será echarle más sal a la herida. Más que un partido, en Central se pone a prueba un proyecto futbolístico.































