Lionel Scaloni no es un técnico mediático ni mucho menos. Como punto de partida se focalizó en armar un equipo competitivo a partir del recambio generacional y convenció a Lionel Messi para que siga jugando y liderando a la selección, pero dejándolo ser feliz en la cancha, que se divierta y que no sienta la presión de ganar a cualquier precio. Y paulatinamente el joven entrenador fue consiguiendo los objetivos. Citó a jugadores lejanos a los flashes, les inculcó el espíritu de grupo, los animó a jugar a partir de la pelota en cualquier cancha y siempre confió realmente en el potencial de cada futbolista. Y, sobre todas las cosas, no ocupó nunca un rol protagónico ni coqueteó con el periodismo para cubrir sus espaldas. Scaloni amalgamó un equipo compacto, corajudo, de buen pie y con hambre de gloria. Todo eso se conjugó para que Argentina grite campeón de América, con absoluta justicia venciendo 1 a 0 a Brasil en la final y ahora el sol asoma en el horizonte para lo que viene. Habrá que el sellar el pasaje mundialista, pero ahora el sueño de llegar lejos en Qatar 2022 no parece un sueño totalmente inalcanzable.




























