Ovación

Paro de hinchas

En la génesis no fue más que una broma salida de una charla entre cuatro amigos, fanáticos del fútbol y cansados de los atropellos.

Jueves 01 de Febrero de 2018

En la génesis no fue más que una broma salida de una charla entre cuatro amigos, fanáticos del fútbol y cansados de los atropellos.

Es decir desde el bondi atestado de gente, los más exaltados con el torso fuera de las ventanillas, gritando desaforados y arengando al resto a cantar lo mismo so pena de ser tildado de traidor, hasta el apriete de los lugartenientes de la barra brava ya en la popular del estadio, pasando por las interminables colas bajo frío, calor o lluvia para comprar una entrada y el cacheo repetido hasta tres veces en el ingreso de parte de una fuerza policial que se sale de la vaina para descargar bastonazos. Eso, antes de entrar a contar las "comodidades" de la cancha, empezando por los baños. Y, desde siempre, terminando en la cantidad de hinchas muertos en las inmediaciones de los estadios desde que el fulbo es fulbo y "pasión de multitudes".

De todo eso estaban podridos pero también del espectáculo que se ofrecía. Equipos diezmados, llenos de pibes tirados en la cancha porque lo mejorcito se vendía para sanear las finanzas de los clubes. El runrún pestilente del resultado a como dé, lo que redundaba en partidos decididamente malos, con jugadores con miedo a perder ("¿qué miedo? Cagazo tienen", graficó uno de los amigos en cuestión). Mantener el cero en el arco propio y después reventarla para arriba y que alguien ayude. No, así no iba la cosa.

El último cachetazo fue la codificación de los partidos en la televisión. Ni siquiera ese consuelo quedaba si un día el desánimo y el agobio te rebelaban y optabas por quedarte en casa.

Entonces lo charlaron, primero en el café, después con otros amigos en el club de barrio. Hasta se animaron a comentarlo con los ocasionales vecinos en la tribuna del club de sus amores. Alguno intercambió mensajes con parientes de otras provincias y, apenas se sacaba el tema, el denominador común era el hastío. Los hinchas de toda la geografía del país coincidían en que se había tocado fondo y que había que hacer algo.

En esos días, uno de los cuatro amigos trajo una noticia sobre los simpatizantes del Borussia Dortmund alemán, quienes habían hecho público un comunicado en el que llamaban a boicotear un partido de su club programado para un lunes. Las razones esgrimidas eran más que atendibles, ya que sostenían que un día laborable es muy difícil ir a la cancha, pero sobre todo porque hacían hincapié en el gran negocio de la televisión en el fútbol, que se olvidaba de los verdaderos artífices del negocio: los hinchas.

Entonces informaba que el núcleo mayor de lo que sería la barra brava, que en Europa se llaman ultras, no iba a participar de tal partido y llamaba a todos los hinchas del Dortmund a imitarlos y provocar un vacío en el estadio para hacer reflexionar a las autoridades pertinentes.

Eso los envalentonó aún más y decidieron hacer algo, darle forma a la protesta, o al menos intentarlo. Al rato comenzó a tomar forma como utopía. La ilusión los enseñoreaba con sus tules ondulantes: veían estadios con las tribunas vacías y las cámaras de televisión tomando la perpejlidad de los jugadores, los técnicos, los dirigentes, los policías... y entrecerraban los ojos para acercar ese futuro lejano.

Desde el bar salieron como disparados por la hora y las obligaciones incumplidas. La charla le quedó rebotando a cada uno en un rincón del cuerpo. "Claro que se podría", pensó el más viejo. "¿Por qué no?", razonó otro. "Tenemos que organizarlo", sentenció el tercero. Mientras que el último fue mucho más expeditivo: "Manos a la obra".

En tanto se conectaban con hinchas de otras ciudades y provincias motorizaron un sigiloso experimento en una liga amateur de la ciudad, que era conocida por llevar una respetable cantidad de gente a la cancha. Y les fue bien, no hubo nadie pegado a los alambrados y los futbolistas y los dirigentes de los clubes se miraron extrañados y a todos los motivó la misma reflexión: "¡Qué raro!".

En las hinchadas de los clubes del ascenso hubo mucha receptividad y casi sin darse cuenta se había tejido una red de descontentos que atravesaba casi todo el país. Pensaron en una gran asamblea de hinchas para llamar la atención de los grandes clubes de primera, pero desistieron porque en el medio hubo llamados de algunos caciques barrabravas. "No podemos garantizarlo", les dijeron.

La idea del paro seguía cobrando forma y en el bar no se hablaba de otra cosa. Se formó una comisión en el mayor de los secretos. Hubo viajes a otras provincias, febriles negociaciones y las redes sociales comenzaron a hacerse eco de la movida. Hasta desde países limítrofes hubo contactos con la propuesta de extender la jornada a la mayor cantidad de naciones posibles. En Uruguay, Brasil, Chile, Paraguay y Bolivia había gente dispuesta a levantar la bandera del cansancio.

Ya más que bravucones y desafiantes decidieron poner una fecha. La mesa chica del comité central del paro de hinchas definió el fin de semana siguiente y comenzó a contactar a todos en la red para ir preparando la protesta con tiempo y en estricta reserva.

La fecha elegida comenzaba como siempre los viernes, pero todos convinieron en que no importaba mucho porque eran partidos con equipos de poca convocatoria, aunque si las imágenes en TV eran más bien lacrimosas, es decir con sólo un puñado de plateístas diseminados en lo ancho y alto de las tribunas, significarían un espaldarazo terrible a la cruzada.

Pero todos sabían que lo que realmente importaba era el día siguiente, cuando se jugara el grueso de los partidos del ascenso y algunos de la primera. Ahí estaba el gran match. Allí radicaba el éxito o el fracaso.

En las horas anteriores al inicio de la jornada futbolera, en la misma mesa del bar donde comenzó el sueño había mucho nerviosismo. Los cuatro amigos se miraban con marcado desasosiego mientras pedían otra vuelta de cerveza para hacer más corta la previa. A todos les rondaba la misma pregunta en la cabeza: ¿será posible alguna vez un paro de hinchas?

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