Iban 15 minutos del partido y la sorpresa era mayúscula: Central le manejaba la pelota a River. A partir de esa sentencia se entiende gran parte de lo que fue el partido de mayor generación en la faceta ofensiva del equipo canalla en la era de Edgardo Bauza. Resaltarlo no está de más. Por una sencilla razón: enfrente estaba el cuco del fútbol argentino, este equipo del Muñeco Gallardo que al oponente que encuentra distraído y con la guardia baja le puede hacer pasar un papelón tremendo. Tuvo de todo el partido en los dos arcos. Central pudo ganarlo sin lugar a dudas. También pudo perderlo sin lugar a dudas. Todo por ese ida y vuelta que propuso el conjunto canalla ante un rival de comprobada jerarquía. Por eso suena muchísimo más loable el punto obtenido que la nueva fecha que dejó atrás sin poder ganar. Este Central jugó a otra cosa. Fue más incisivo, más voraz, más dinámico. Incluso corriendo riesgos que quizá posiblemente hayan parecido más pronunciados por la categoría del rival.































