Maximiliano Rodríguez es un grande de verdad. Un fenómeno. Un tipo que hizo las cosas muy bien a lo largo de su carrera dentro y fuera de la cancha. Y que fue forjando grandes amistades. Compañeros de fierro. Uno de ellos es nada menos que el mejor jugador del mundo: Lionel Messi, otro fuera de serie, que estuvo junto a su amigo en su histórica despedida, desde el rol de acompañante, de invitado y sin dudas su presencia fue la frutilla del postre de la ya noche legendaria en el Coloso. Un aplauso de pie para Leo, que a su cumpleaños número 36 lo celebró jugando a la pelota, rodeado de afectos, junto a más de 40 mil personas y abrazó a su compinche: la Fiera.
Nadie se animaba a confirmar su presencia. Es que su asistencia no era sencilla por cuestiones de seguridad y logística. Pero Leo sabe esquivar rivales y protocolos y apareció. Claro que a los hinchas de Newell’s los conmovió. Les hizo sentir el máximo orgullo por tenerlo en la casa leprosa, en el Coloso.
Y no hay dudas que Maxi lo hizo. Lo logró. Lo convenció. Y su amigo no le podía fallar. Messi jugó en el Coloso esta vez como campeón de mundo, como máximo rey del fútbol, como la leyenda que la pelota tendrá por siempre. Ya habían bajado todos los invitados del micro en el playón del Parque, pero ni rastros de la Pulga. Estaba la ilusión de su presencia, pero la única verdad es la realidad. Y había que ver para creer.
Y fue justo a las 19, cuando ya habían ingresado todos los invitados al césped del Coloso, cuando la pantalla del estadio lo enfocó a Messi en el vestuario. Fue una explosión conmovedora. La gente se pellizcaba para certificar que no era un sueño. Sí, era Leo listo para saltar a la cancha por el túnel leproso. La fiesta era completa.
Entonces Lionel saltó a la cancha y explotó el Coloso. Era un griterío impresionante. Era el campeón del mundo otra vez en casa. Era el diez glorioso en Newell’s y en el adiós de su amigo inseparable: Maxi Rodríguez.
“Messi tiene lepra”, fue uno de los primeros cantos que bajó de las tribunas. La emoción hasta las lágrimas invadió a la mayoría. Enseguida le cantaron en masa el feliz cumpleaños. Se concretó el deseo de todos. La figurita más difícil de la lista de invitados estaba para completar el álbum de estrellas.
Ya con el partido en marcha Leo clavó un golazo de tiro libre y luego anotó dos más. Todo dentro de un partido distendido y lleno de risas y bromas entre los protagonistas.
Al segundo tiempo lo vio desde el banco. La historia de su presencia ya estaba escrita con letras inoxidables. Y así los hinchas cumplieron su gran sueño, de despedir al gran ídolo Maxi y con el plus de que Messi lo acompañe. “Messi, esta es tu casa, podés volver”, le gritaba la tribuna leprosa. Pero eso será para otro momento. El presente fue perfecto, con Maxi teniendo su despedida tremendamente emotiva y con Leo como uno de sus laderos.
Tras la conquista del Mundial, Messi no pudo saludar a los hinchas de su ciudad, pero esta vez sí hubo contacto entre el genio del fútbol y la gente. Y quedó clarísimo que ese amor recíproco es extraordinario. Ahora la Pulga partirá a Inter de Miami y después se verá qué ocurre. Newell’s está orgulloso de Leo y el diez campeón del mundo volvió a demostrar que tiene lepra. Y además es leal a sus amigos, como lo fue con Maxi, en una noche que ya es parte de la historia de la pasión rosarina por el fútbol.