Las callecitas serpentean por todos lados en Bronnitsy. Se abren paso entre un cuidado casco histórico y casas bajas que lucen muy bien conservadas. Una típica postal de las pequeñas poblaciones de la Europa del este. Un escenario uniforme, con aroma medieval, que convive sin histerias con parques y vegetación. El enviado de Ovación se encuentra en el corazón de la localidad en la que se aloja la selección argentina de cara a su participación en el Mundial 2018. Todo es apacible, nada se hace a las apuradas. Lo único que altera el ritmo de elefante es cuando se cruza una de las avenidas principales del pueblo y se topa con un inmenso mural de Lionel Messi, quien luce cruzado de brazos con la camiseta celeste y blanca y con una mirada desafiante que asusta. Justo bien enfrente de la catedral de cinco cúpulas del Arcángel Miguel, uno de los edificios icónicos de Bronnitsy, al artista callejero ruso Sergey Eropheev se le ocurrió inmortalizar la figura del capitán de la selección argentina. Es una obra que la empezó a pintar hace unos días en la pared de una de las casas de un barrio que se insinúa populoso. El autor del homenaje cuenta que lo terminó antes de que Leo se transformara en el visitante más célebre de la población y que el sueño que lo desvela es que Messi en algún momento se dé una vueltita para sacarse una foto en esa esquina que se convirtió en un culto para los lugareños.



























