Central

Liviano de juego, falto de inteligencia

Central tuvo la chance de traerse un empate de Chile habiendo hecho poco y nada pero no tuvo la capacidad de aguantar cuando al menos sumaba un punto, que si bien no cortaba la racha sin victorias podía servir de empuje.

Jueves 14 de Marzo de 2019

No son pocos los rótulos que se le pueden poner hoy a Central, pero hay uno que le cae a la perfección: liviano. Eso es el canalla hoy, un equipo que vive preso de una escasa capacidad futbolística y que el mínimo hueco de luz que encuentra lo tapa para martirizarse a sí mismo. Por supuesto que esa liviandad encuentra lazos sanguíneos con otros tantos males. Es de la incapacidad de mostrar el mínimo de inteligencia está a la luz. Y se expuso con todas las letras anoche en el San Carlos de Apoquindo. Jugar mal un partido del minuto 1 al 90, empatarlo a los 92 y perderlo a los 94 alcanza para explicar y hasta podría eximir de cualquier comentario. ¿Producto de eso qué? Dejó escapar una chance increíble de posicionarse, aun jugando para perder en una posición expectante, segundo en el grupo H de la Copa. Pero claro, esa es apenas una gragea más en medio de los pesares que vive hoy el canalla.

   En un partido normal esos tres minutos finales se encararían de una manera diferente a lo que lo hizo Central. Porque no sólo no está de más, sino que es necesario describir que tras el gol de Vergara, Católica encontró el penal con un pelotazo largo, a espalda de toda un defensa, en especial de Rizzi, que había quedado desprotegida y, obviamente, mal parada. Una verdadera locura de parte del canalla darle al rival la chance de meterse con tanta libertad en su área con un partido que se moría con los jugadores chilenos tomándose la cabeza por lo que se les estaba yendo de las manos.

   A esa falta de inteligencia también es necesario enmarcarla. Si Central fuera un equipo sólido, que gana más de lo que pierde, que se escape un resultado así no sería tan grave (en este caso igual lo sería por tratarse de Copa Libertadores), pero en las condiciones en la que está el equipo del Loncho Ferrari lo sucedido fue un pecado capital.

   Porque no le alcanzaba para ganar, pero sí para meterle un tremendo maquillaje a otra mala actuación en un partido que igual le impedía romper con la racha de 12 partidos sin triunfos (con el de anoche llegó a 13, 9 por Superliga, dos por Copa Argentina y 2 por Copa Libertadores). No en vano el festejo alocado del Loncho Ferrari, metiéndose dentro del campo de juego, gritando desaforadamente un empate transitorio que el propio técnico sabía que no merecía. De eso se trata la inteligencia en un equipo que parece no lograr entender el momento que lo abruma.

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   Futbolísticamente Central fue más de lo mismo. Un equipo incapaz de generar juego, de mostrar solidez en el fondo, de provocar un mínimo de preocupación en el rival. En definitiva, un conjunto aturdido y sin capacidad de reacción. Porque anoche en el San Carlos de Apoquindo no estuvo ni cerca de acercarse a esa imagen más o menos convincente que había mostrado frente a Gremio y que le pareció inyectarle un mínimo de esperanza. Esa ciclotimia también forma parte de los males que sobrevuelan sobre Arroyito.

   Una actuación como esta, con resultado adverso incluido, lo que hace es poner un rojo más fuerte sobre el presente futbolístico y, si se quiere, aún sin ser tremendistas, sobre el proceso que comenzó de la mano de Ferrari.

   Cuando el técnico decidió preservar a Parot y Zampedri dejó en claro que el partido contra San Lorenzo también tiene su importancia. Y ese domingo (el próximo) en el Gigante se escribirá un nuevo capítulo en esa torturante historia llamada Superliga que ya demasiados dolores de cabeza está proyectando a futuro.

   Podría ignorarse los 90' en los que Católica fue claramente superior. Es que el momento en que Vergara anotó el empate y dejó a los jugadores chilenos desahuciados y con el alma por el piso fue "el" momento en el que el equipo debió demostrar una pizca de inteligencia para emparchar todo lo malo anterior, aunque ello no alcanzara tampoco para impedir la reacción de los hinchas segundos después del zapatazo del colombiano.

   Explicaciones se pueden encontrar miles. Algunas pueden convencer y otras no. Da lo mismo. De lo que nadie puede desentenderse hoy en Central es que a este equipo le faltan varias cosas. Entender el momento por encima de todo. Cuando eso suceda se podrá aspirar a un fútbol que hoy es confuso y a una inteligencia de la que, por lo vivido anoche, no se puede hacer gala.

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