El fútbol es ilógico dentro de la cancha, pero debe ser lógico fuera del rectángulo de juego y a la hora de tomar decisiones. Y la realidad es que la debacle futbolística en la que se encuentra sumido el club de Arroyito no es producto de la casualidad ni de la mala fortuna. Si bien en el mundo auriazul no era todo color de rosa desde lo numérico ni en el juego en 2018, sí hay que decir que el punto de quiebre que de manera inexplicable marcó el principio del fin fue la obtención de la Copa Argentina el último 6 diciembre. Como si fuera una mueca traviesa del destino el Canalla, tras ese logro tan ansiado por sus hinchas, comenzó con una sucesión de errores groseros a nivel dirigencial, con una buena cuota aportada también por el equipo, que puso hoy a Central en el medio de una severa crisis de identidad y a esta altura con más preguntas que respuestas de cara a lo que viene. Lo que se sabe es que Paulo Ferrari ya no será más el técnico de la primera división canalla. Anoche no había vuelta atrás.
Por supuesto que los balances se realizan siempre con el diario del lunes y hoy justamente es ese día. Entonces vale la pena enumerar la cadena de desaciertos que hundieron al canalla en la crisis que se acentuó tras la derrota de ayer por la mínima diferencia ante San Lorenzo y las consecuencias de la misma.
Error de cálculo con Bauza
Lo primero que hay que remarcar en este presente paupérrimo de Central es que si la decisión dirigencial era ponerle un punto final al ciclo del Patón Bauza, a pesar de haber alzado la Copa Argentina, debieron haberlo hecho antes del inicio de la última pretemporada. Porque sostuvieron con alfileres al Patón, algo que jamás puede sucederle a un ídolo inoxidable del club, y ante un arranque torcido con tres empates y tres caídas en 2019 le pegaron un voleo que lo sacó de Arroyo Seco. Y justo antes de iniciarse la defensa de la Copa Argentina y la incursión en la Copa Libertadores de América, dos torneos con formato especial en los que Bauza se siente como pez en el agua. Por ello el desplante al Patón, además de irrespetuoso por la forma, fue totalmente inoportuno. Era antes o después, jamás se hace en el medio del río.
Ferrari sin el mínimo respaldo
Para poner de pie a Central los dirigentes apostaron fuerte con la contratación de Paulo Ferrari, ex jugador y técnico sin ninguna experiencia a nivel profesional. Y la apuesta salió para el demonio, incluso sin darle tiempo al DT para que pueda implementar su idea. Así terminó siendo un bombero al que ante las primeras llamas le cortaron el agua de la manguera. Tal vez fue inoportuno designarlo, pero ningún proyecto serio dura 22 días, como fue el del Loncho con seis partidos (dos derrotas y cuatro empates). Y es inminente la salida del mánager Mauro Cetto.
Refuerzos en deuda
En el reciente mercado de pases llegaron al canalla seis refuerzos con cierto reconocimiento en el ambiente del fútbol. No se trata de futbolistas desconocidos ni apuestas a futuro. Pero ninguno de los seis hasta el momento logró plasmar de manera regular los argumentos por los que llegó a Central. Duván Vergara recién ayer fue titular y por ahora mostró apenas insinuaciones. Nahuel Molina se está asentando como lateral. Fabián Rinaudo es el que más jugó y no hay reproches desde la entrega, pero con la pelota está en deuda y no marca la diferencia. Agustín Allione todavía no es el carrilero descollante y filoso que se fue a buscar. Claudio Riaño luchó más de lo que aportó en ataque. Y el colombiano Jarlan Barrera, que era el refuerzo estrella, jugó pocos minutos y ahora está realizando un reacondicionamiento físico.
Números en rojo
Central acumuló ayer el partido número 14 sin triunfos, 10 por Superliga, dos por Copa Argentina y 2 por Copa Libertadores. La última victoria auriazul se remonta al 27 de noviembre de 2018, ante San Martín de San Juan en el Gigante por 1 a 0 con gol de Parot, por la Superliga. Y lo más preocupante, aunque no irremediable porque resta todo el año que viene, es que hoy Central está en zona de descenso en el promedio de la próxima temporada.