La esperanza es lo último que se pierde y aunque esa frase trivial puede claro asociarse a esta realidad de la selección argentina de sequía de títulos, justo cuando empieza un nuevo sueño, no debe en este caso tomarse a la ligera. Sería una falta de respeto para las víctimas de una pandemia que no dio tregua en el mundo y para todos aquellos que día a día, sin sacarle el hombro a su responsabilidad social, luchan sin cuartel para evitar más muertes y para devolver salud. No sería lógico hablar sólo de fútbol sin tomar en cuenta ese contexto. Porque es en él, en uno de los países cuyos gobernantes más minimizaron la enfermedad, donde Argentina empezará esta noche una nueva ilusión de conquista, colectiva y con Lionel Messi adentro. Todo lo que se diga entonces adquiere, más que nunca, carácter de relativo, como que en esta nueva oportunidad en la Copa América que inicia ante Chile tratará de romper con la normalidad de casi tres décadas sin vueltas olímpicas, justo en medio de una nueva normalidad que alteró la vida misma. Quizás sea el momento.


































