Central

La levedad del ser canalla

En su intento de mostrar algo más de audacia, Central volvió a ser un equipo livianito en relación con las urgencias que lo persiguen. Mereció algo más que Belgrano pero no pudo lograr el primer triunfo en el año.

Domingo 03 de Marzo de 2019

La levedad de Central le está jugando una mala pasada. No se torna insoportable (la palabra que le falta a la conocida frase) porque si bien el presente es malo hay cierto margen para la recuperación. Pero está claro que de continuar de esta forma al canalla las facturas le van a empezar a entrar por debajo de la puerta con importes suculentos (para estar a tono con la realidad) y ahí sí será tiempo de hamacarse para ver de qué manera logra asomar la cabeza. Por lo pronto, con cada partido que pase el margen de error será cada vez menor y el malestar que suele hacerse carne en la cancha tomará la misma magnitud que hoy se ve en la calle o en redes sociales. Ayer ese clima de hostilidad que se esperaba por todo lo sucedido en la última semana no dijo presente, amén de los reclamos que aparecieron tras el partido con un grupo de hinchas que se acercó al palco dirigencial para mostrar su descontento y que fueron la continuidad de las pintadas que aparecieron por la mañana direccionadas al vice primero Ricardo Carloni y al ya ex vice segundo Martín Lucero (ver página 3).

   Motivos tenían los hinchas para hacer del Gigante una olla a presión por lo ocurrido en los últimos días. Sin embargo no pasó. Es probable que todo haya sido producto de esa confianza que se tenía para que el equipo entregue una señal de vida. Pero eso tampoco ocurrió. Pudo haber un pequeño atisbo de reacción y eso se vio traducido en el escaso merecimiento que hizo Central para ganar el primer partido en el año, pero teniendo en cuenta que enfrente estaba este aturdido Belgrano hizo que el empate fuera visto con un solo cristal, el de la improductividad y la intrascendencia.

   A este ritmo a Central le va a costar horrores despojarse de los males que lo persiguen. Porque futbolísticamente el equipo deja mucho que desear, más allá de algunas buenas intenciones del nuevo entrenador que puedan enmarcarse, al menos por ahora, más en el campo teórico que el práctico. Es que con buenas intenciones queda claro que no alcanza. No puede darse el lujo el canalla de conformarse sólo con intentarlo. Hay un paso más largo que indefectiblemente debe dar. Ese paso es el que debe marcar el rumbo hacia el triunfo.

   Es atendible el amanecer de un nuevo proceso futbolístico, con todo lo que ello implica. Es lógico que el equipo todavía no comprenda o no haya terminado de internalizar el mensaje del Loncho Ferrari, pero teniendo en cuenta que los nombres (salvo alguna excepción) son los mismos que los que venía utilizando el Patón Bauza, no se puede buscar excusas por el lado de que hace falta conocimiento entre los futbolistas o adaptación a un nuevo formato. El fútbol es siempre el mismo y por eso pesa la lógica de que si se jugaba mal con Bauza en este primer partido de Ferrari sucediera algo similar.

  Si en su momento se valoró la actuación porque enfrente estaba nada menos que River, ahora es imposible despojarse de ese tipo de análisis y obviar que el rival de turno era Belgrano, un equipo que en los seis partidos que disputó en el año convirtió un solo gol.

Por eso la corrida del telón para que la aseveración de que Central camina tomado de la mano con una liviandad futbolística que no le permite sacarse la venda de los ojos. Por esa ceguera indefectiblemente es más lo que choca que lo que juega.

   Va a ser difícil para Ferrari (lo mismo hubiera ocurrido para cualquier otro técnico que hubiera llegado) hacer despertar a un equipo que en medio de esas buenas intenciones comete errores inadmisibles, sobre todo cuando tienen como protagonistas a jugadores de una dilatada trayectoria. Puede haber una táctica y una estrategia clara, pero si intentando ser salida Ortigoza pierde la pelota dos veces en la misma jugada y pone al rival con la posesión del balón y de frente a una defensa que queda expuesta, porque el resto del equipo ya estaba buscando posiciones en ofensiva, todo se puede ir al demonio en un minuto. Pasó otras tantas veces con Gil. Es que no es casualidad que cuando eso sucedió el "Y Central ponga huevo" se haya disparado de manera automática. Una lógica consecuencia.

   Más datos concretos de los que hay a mano no hacen falta. Central lleva siete partidos desde el reinicio de la Superliga y todavía no pudo ganar. Hasta aquí tuvo que conformarse con los empates frente a Aldosivi, Newell's, River y Belgrano, algunos con sabores disímiles. Pero el despertador al canalla todavía no le suena y puede que la siesta se le está haciendo eterna. Los ojos que mantuvo cerrados durante el ciclo del Patón Bauza no pudo abrirlos en el debut del Loncho Ferrari.

   Ese mal clima que se preveía y que no se dio (al menos en la magnitud que muchos esperaban) no fue motivo para afirmar que el equipo jugó bajo una presión extrema. Pero no está demás mirar lo de enfrente para entender lo propio. Ante este Belgrano que está rogando a gritos quedarse en primera Central intentó meterle algo más de audacia, pero su levedad volvió a jugarle una mala pasada.

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