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La historia de sacrificio y carencias de Luciano Ferreya, la nueva "joyita" de Central

La joven promesa canalla llegó desde Sáenz Peña con sólo 10 años, después de transitar momentos de muchas necesidades. Hoy es la ilusión auriazul.

Lunes 26 de Octubre de 2020

No siempre todo brilló en la vida de Luciano Ferreyra, el pibe que hoy la rompe en Central y aparece como la futura estrella canalla. Hay una historia detrás cargada de innumerables peripecias y necesidades producto de la pobreza en la que se crió. Realidades que transitaron muchos jugadores que llegaron a transformarse en figuras gracias al ímpetu y la mente focalizada en cambiar su vida de privaciones. Todo el sufrimiento que cargó en su mochila desde pequeño le permite hoy, con 18 años, transitar otro camino disímil plagado de ilusiones y esperanzas. De una nueva vida, muy diferente a la que transitó tiempo desde purrete.

La llegada a Arroyito comenzó hace cerca de ocho años en una prueba de jugadores que se realizó en Sáenz Peña, donde el técnico del Pupi en el club Olimpo de esa ciudad se contactó con gente de Villa Constitución. El exjugador y representante Leandro Bianco (trabaja para la empresa Twenty Two) fue a ver la misma y quedó encantado con ese pibito atrevido de sólo 10 años y que tenía toda la picardía a cuesta. No era para menos, Pupi estaba acostumbrado a jugar los torneos barriales en una zona marginal en la que vívía por plata y con gente más grande que él.

La situación que transitaba no era la mejor. Estaba mucho tiempo en la calle, sufrió frío y hasta padeció la falta de un plato de comida en la mesa. La madre se las arreglaba para vender cualquier cosa con el fin de poder alimentarlo tanto a él como a sus hermanos.

Ferreyra es el menor de cuatro hermanos, dos de ellos “con algunos problemas con la Justicia”, según contaron allegados al jugador, “el mayor un crack, pero que nunca tuvo la chance de ir a un club”. También una hermana mayor. Y el papá en el último tiempo trabajaba de "trapito" en la ciudad chaqueña y ahora se encuentra acompañando a su hijo en Rosario.

La primera tarea fue convencer a los padres para que lo autorizaran a venir a Rosario. El papá es analfabeto y costó, pero Pupi en lo único que pensaba era en jugar al fútbol, no le importaba otra cosa. Eso fue determinante para que recibiera el “okey”.

¡Conociendo a Luciano "Pupi" Ferreyra!

De Chaco fue directo a Central, donde Daniel Teglia (coordinador en ese momento) lo vio y enseguida dio la orden para que sea alojado en la pensión del club. Parecía que la vida de Ferreyra comenzaba a cambiar, pero a los pocos meses el entonces exdirector deportivo Gustavo Grossi lo sacó de la misma. Pero meses más tarde el Pupi regresó. Y comenzó a escribir una nueva historia, de muchas más alegrías. En el trayecto de ascenso en las inferiores a la par también cursaba el secundario y llegó a completarlo.

“Tiene personalidad, no fuerte, pero se hace respetar. Todos lo quieren”, dicen los que lo conocen de cerca al pibe espigado y flaquito. Y que posee un gran corazón y una debilidad por su madre. A tal punto que con el premio en dólares que ganó el año pasado en el Sudamericano Sub 17 de Perú, donde Argentina salió campeón, lo destinó para comprarle una “casita” a su mamá.

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“El Pupi es mi as de espada”, cuentan que dijo tiempo atrás el Kily González, quien apostó todas las fichas por el chaqueño surgido del club Olimpo de Saénz Peña. El DT tiene debilidad porque el pibe carga con todo el potrero encima, además de mostrar mucha personalidad y desparpajo. Tan es así que logró pasar por encima a otros compañeros que estaban por delante de él en busca de un lugar entre los once principales.

Hoy entrena para ser titular. Todo lo vivido desde chiquito le sirve de experiencia para no tener temores ni que los nervios lo consuman dentro de una cancha. Por eso no le costó debutar y lo hizo aplicando el caradurismo y el desenfado con el que siempre deslumbró.

El Pupi -que hoy es llamado por infinidad de representantes, pero se mantiene firme con el que apostó por él en sus inicios- siempre fue enganche, pero con el final de ese puesto jugó de doble cinco, como extremo y hasta de nueve. Pero hoy lo hace como extremo para sacar a relucir su gambeta, encarar y ser desequilibrante en el ataque canalla.

Ferreyra empezó a sonar con más fuerza en el fútbol grande de Central. Con apenas unas pocas muestras de su calidad de juego, pero con un futuro que aparece auspicioso. Por eso el Kily apostó por él y la dirigencia espera que sea la joya que en un tiempo no muy lejano sirva para acomodar las finanzas.

El Pupi, mientras tanto, sueña con seguir creciendo para triunfar y archivar su historia de carencias y necesidades. Hoy está por iniciar ese camino, sólo depende de él.

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