Ovación

“Hay una cosa de negar la muerte”

El periodista Federico Bianchini  dio detalles de su libro “Desafiar al cuerpo”, en el que compila historias relacionadas con el deporte extremo.

Lunes 18 de Mayo de 2015

¿Dónde está el límite a la hora de desafiar al cuerpo? ¿Realmente existe? Diez historias. Diez personajes. Diez maneras de sobreponerse al dolor. Un racimo de relatos convertidos en un juego literario en los que el autor Federico Bianchini indaga en aquello que permite hacer posible lo que, a simple vista, no lo es. De eso se trata “Desafiar al cuerpo. Del dolor a la gloria”, el libro que editorial Aguilar presentó hace algunas semanas y deja flotando interrogantes acerca del deporte extremo. Crónicas que dan cuenta de nadadores, rescatistas y maratonistas que van más allá de un denominador común: la resistencia. “Me parece que habitualmente el periodismo trata al deporte de una manera sucinta, muy breve, lo cuenta a partir de resultados, tabla de posiciones, estadísticas y a veces le da la palabra a una de las partes. Pero no se ocupa de lo que hay detrás de eso, de la perseverancia, la disciplina cotidiana de los deportistas, los sufrimientos que hay en algunos deportes extremos como los que trato en el libro. Así que la idea fue mostrar lo que la mayoría de nosotros no podemos hacer”, le dijo a Ovación Bianchini, editor de la revista digital Anfibia. Y abundó a la hora de entender los porqué en el andar de sus personajes: “Hay una cosa de negar la muerte”.

Damián Blaum nada 8 horas y 17 minutos en el maratón Hernandarias-Paraná y aún así no claudica por el cansancio. Cristián Gorbea resiste 42 horas atrapado en una roca con un precipicio a sus pies por desbarrancar en una carrera de aventura, pero no le teme a la muerte. Piensa en Fernando Parrado y en la supervivencia en la tragedia de los Andes. Gustavo Muñoz corre 80 kilómetros en la montaña, tarda 7 horas y cuarenta minutos, llega séptimo y se siente disconforme. María Inés Mato tiene una pierna amputada pero nada aguas abiertas en los sitios más helados y recónditos. Se mete en el mar Báltico y en la Antártida,  aunque no se conforma. Quiere más, desafíos superadores. Y cuando siente dolor o monotonía, imagina personajes, contextos y sensaciones, para ganarle al cuerpo. Alfredo Aguirre tiene 64 años y una hija de 5. También la recomendación médica de no correr. Pero él corre, porque cree que con ello le escapa a la muerte. Pablo García ya recorrió más de 87 mil kilómetros en bicicleta, pasó por 70 países y casi muere en Nigeria. Aunque no le importa. Pedalear es todo lo que quiere en la vida. Estas son algunas de las historias de “Desafiar al cuerpo”, un libro que tiene al dolor como denominador común pero sin saber mucho de qué se trata: “El dolor, en estos casos, está negado, no se lo piensa. Porque si se lo pensara, estos personajes no harían lo que hacen. El dolor también es la condición necesaria para poder lograr lo que uno quiere. Porque en este tipo de desafíos que se imponen estas personas el dolor es parte constitutiva del trayecto, sin embargo ellos no lo tienen muy racionalizado. A la hora de contarlo, primero hubo que definirlo. Y es difícil, como definir la belleza: ¿qué es?, ¿cómo la contás?”, plantea Bianchini.

Pero hay historias que hablan por sí solas. Por eso cuando el médico le dice que no corra más Daniel Feraud, de 59 años, con nueve stents, varios infartos y once operaciones del corazón, sigue corriendo. No piensa en ser la excepción a ninguna regla sino la confirmación de que una persona con ataques cardíacos puede hacer deporte y no le pasa nada. “Me parece que estamos en una sociedad y vivimos en una cultura donde el cuerpo está bastante limitado y en la que por diferentes y determinadas cosas pensamos que somos mucho menos capaces que lo que realmente somos. Estos personajes hacen cosas que cualquiera podría pensar que el cuerpo humano no está preparado para hacer y sin embargo son la muestra de que sí, ellos mismos van corriendo los límites, no compiten contra otros sino contra sí mismos. Y se van sorprendiendo”, dice el periodista.

Sobre estos ejes giran las historias que rescata Bianchini, haciendo culto al estilo narrativo de la no ficción, ese mediante el cual busca ganarse la confianza de los personajes para sacarles el jugo a los relatos como no resulta con las entrevistas convencionales. Por eso acompaña a Blaum durante las horas que corre el maratón, por eso se mete en las carreras para estar al lado de los protagonistas, por eso indaga, con preguntas reiterativas, tontas, una y otra vez. Para describir sensaciones de aquello que la mayoría no puede hacer.

Y en un pasaje del libro se toma una licencia. E infiltra una historia que no es de deporte en sí, pero que se contrapone a las demás. Desde lo inverso, muestra esto. Se trata de “La historia de un rescatista”, en la que Ramón Chiocconi relata sus recuerdos de la tarde del 1º de septiembre de 2002, cuando se produjo la peor tragedia del andinismo argentino en la que nueve estudiantes del profesorado de educación física de la Universidad del Comahue murieron en Bariloche.

“La del rescatista es una escena que no pasa dentro de un deporte extremo, porque esos chicos estaban haciendo una excursión, pero sirve para mostrar el riesgo al que se someten personajes como los del libro. Cuando les preguntás si tienen miedo a morir, ellos lo reconocen, pero en palabras. Es una buena forma de mostrar al lector lo concreto. Cuando Chiocconi escucha que suena el teléfono de su casa sabe que tiene que ir a buscar cadáveres. Entonces, a estos riesgos hay que asumirlos, pero también minimizarlos, hay una cosa de negar la muerte. Y en realidad es un poco lo que nos pasa a todos, Si supiésemos cuándo vamos a morir nos volveríamos locos”, explica Bianchini. El cuerpo invita a desafiarlo. Pasar umbrales o detenerse en ellos está en cada uno.

Otras historias en el agua. El periodista Federico Bianchini, actual editor de Anfibia y docente en la Universidad de La Plata, compiló en “Desafiar al cuerpo” crónicas publicadas en Brando en los últimos cinco años. Sus trabajos, casi casualmente, tienen un denominador común, historias vinculadas al agua. Además de los textos que aquí se exponen el autor publicó dos crónicas memorables: “Fogwill: el hombre que nada”, sobre el escritor homónimo, y “El supremo anfibio”, sobre el ex juez de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni.

 

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