“Mientras admiraban las maniobras de Carlovich, los memoriosos recordaban aquel partido entre un combinado rosarino y el seleccionado argentino, previo al Mundial de Alemania . Sostenían que rindió en la misma proporción que aquella noche inolvidable. Parece que la cancha de Newell’s es un terreno propicio para que este gran dotado para el fútbol recree toda su destreza”. El texto no pertenece al día después del 17 de abril de 1974, cuando la selección rosarina bailó a la nacional, sino a otra actuación inolvidable del Trinche, en el 4 a 0 a Almagro, en la final por el ascenso a la B del 82. Esa y otras actuaciones memorables que apuntan los mendocinos, en un amistoso ante Boca jugando para Independiente Rivadavia (gol al Loco Gatti incluido) o ante Milan, con Andes Talleres, recrearon el mito viviente. Pero ninguna otra como aquella vez que humilló a la misma selección nacional.



























