Barcelona amaneció gris. Plomiza. Extraña. Por la mañana los turistas caminaban temerosos mirando el cielo. Un cielo demasiado enigmático. Un cielo donde el sol era cubierto por nubes que emanaban tristeza. Hasta que sobre las 18 comenzó a llover. No fue un aguacero. Fue una lluvia que empezó a caer tímidamente. Suavemente. Como si no quisiera hacer daño. Como si quisiera decir algo. Sobre esa misma hora, el Fútbol Club Barcelona anunciaba oficialmente la muerte de su ex entrenador Francesc Tito Vilanova a los 45 años, víctima de un cáncer en la glándula parótida detectado en 2011. Sí, la noticia que se esperaba en las últimas horas pero que nadie quería oír, finalmente se concretó: Tito murió. Tras dos años de lucha ese hombre simple y de valores, nacido en un pueblo de Catalunya, y con un gran conocimiento táctico sobre el fútbol, se marchó. Ese hombre que ayudó a Pep Guardiola a hacer de Barcelona el mejor equipo del mundo, ese entrenador que hizo posible la inolvidable Liga de los 100 puntos dijo adiós. Y la ciudad se puso triste. Y esa tristeza se contagió por toda España. Y por los amantes del fútbol.





























