Central

El esquema es lo de menos

El equipo auriazul falló por errores conceptuales más que por la implementación del 4-4-2 que ya conoce y es el que más utilizó.

Lunes 18 de Febrero de 2019

Caer en la afirmación de que a Central no le salieron las cosas porque volvió al 4-4-2 tradicional resultaría un terrible facilismo. No fue por eso que el canalla actuó en función de lo que siempre propuso Tigre. Fue por la incapacidad absoluta de jugar e impedir no sólo que el rival juegue, sino peor, que se floree. Igual, está el dato empírico de que Bauza modificó el 4-1-4-1 que puso en práctica contra River al dibujo que más lo convence. Claro que aquello había sido por un motivo especial, que fue moverse en contraposición a los movimientos del equipo del Muñeco Gallardo. Ayer la cruz que cargó el canalla fue la del desconcierto. También la de las formas.

Ya es historia conocida que Ortigoza es un jugador intocable para el Patón, porque el técnico lo considera el mejor armador de juego que hay en el plantel. Ocurre que si el volante merodea más la zona de la mitad de la cancha que la de tres cuartos su efecto se diluye. Encima, cuando el equipo pierde la pelota su retroceso es demasiado lento. De igual forma, las malas coberturas no fueron responsabilidad suya. De hecho, Rinaudo pasó de largo unas cuantas veces, la mayoría de ellas por la locura de enmendar el error de un compañero, en ese primer tiempo de terror.

También es supernormal ver a Central jugando con dos líneas de cuatro, donde las bandas tienen un compromiso enorme con las chances de generar algo en ofensiva, algo que ayer no sucedió ni por asomo. Camacho se encargó de errar una y otra vez (en una jugada en particular se equivocó tres veces en apenas 10 segundos) y a ese mal partido se le sumó el rápido hostigamiento por parte de los hinchas que a cualquiera pone nervioso. Duró tan sólo 45 minutos en cancha. Lo mismo para Allione, al que casi todo lo que intentó le salió mal.

Este equipo jamás se sintió en condiciones de tirar manteca al techo por el fútbol desplegado. Más bien todo lo contrario. Siempre estuvo más cerca de la austeridad que del derroche, sin que ello dé cuenta de la efectividad obtenida. Pero frente a esa apatía es lógico que sufran los delanteros, porque jamás les llega una pelota limpia ni siquiera en momentos como en el segundo tiempo de ayer, cuando un Tigre replegado permitió que cualquiera de Central manejara la pelota, desde Ortigoza, hasta Rinaudo o el propio Caruzzo.

Ya ni en la pelota parada aparece la salvación. Ayer, en un córner a favor todos fueron al área y nadie a ejecutar, hasta que le dijeron a Vergara que lo hiciera. Y más, con Gil en el banco, un tiro libre que iba directo al área fue ejecutado por Rinaudo. Dos claras muestras del desconcierto, entendible en cierto sentido por la derrota y trámite adverso en el que se encontró Central y que estuvo más allá del esquema al que volvió por la simple razón de que es el más conocido y, a la luz de los resultados, hasta podría decirse el que mejor le sienta.

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