Si hay un tema de lo que se habló en Central en estas últimas semanas fue de la partida de Alejo Veliz, primero con la efervescencia de haber logrado la venta más importante en la historia del club, pero de inmediato el foco de atención cambió y se centró en quién debía tomar la posta del goleador canalla del último torneo. Es cierto, más temprano que tarde será necesario dejar de llorar sobre la leche derramada, justamente porque Veliz ya no está más, pero hasta que el equipo se acomode y aparezca alguien que lo supla será tema de discusión. ¿Qué deja esta introducción, pero sobre todo qué dejó este primer partido de la Copa de la Liga? Que la falta de un 9 goleador será siempre un problema mientras el equipo no logre abastecer a quien le toca jugar en allí. Miguel Russo ya mostró algunas cartas, pero en medio de la apuesta puso fichas sobre los futbolistas que había en el plantel, por eso la titularidad de Octavio Bianchi y el ingreso a los 59’ (por el exAll Boys) de Luca Martínez Dupuy.
Se podría hacer un ejercicio de imaginación sin que conlleve a un análisis erróneo y es que si Veliz hubiese jugado ante el decano seguramente le hubiera costado, como le costó primero a Bianchi y después a Martínez Dupuy.
Para que un 9 pueda lucirse es indispensable tener detrás suyo un equipo que genere. Es sólo para algunos pocos, tocados por la varita mágica, arreglárselas solito, sin la ayuda del resto de sus compañeros. Y está claro que este Central del debut hizo poco y nada para colaborar con el jugador de área.
Bianchi tuvo una sola y no pudo convertir. A los 7’ quiso sacarse la mufa que lo acompaña desde que llegó a Arroyito, en ese excelente centro de la izquierda de Coyote Rodríguez, pero el cabezazo hacia abajo fue muy bien leído por Marchiori, que la desvió al córner.
De ahí en más Bianchi fue una figurita de adorno, sin poder generar algo por cuenta propia, pero sin que el equipo lo ayude. Porque tuvo empuje, entrega y corrió para todos lados, pero hasta el momento en que lo reemplazaron jamás volvió a quedar de cara al gol.
Esa primera apuesta de Russo tuvo su fin a los 14’ del complemento, cuando el DT llamó a Martínez Dupuy. El mexicano lo primero que hizo fue dar una mano enorme en defensa (evitó el gol olímpico en un córner) y trascartón metió una buena corrida, que terminó con un tiro al arco defectuoso y desviado. A él tampoco el equipo lo ayudó porque todos fueron pelotazos al centro del área, donde los defensores decanos se movieron como pez en el agua.
La idea de que Central necesita un nueve está instalada más por la millonaria venta de Veliz que por la especulación de lo que pueden aportar Bianchi y Dupuy. Porque si llega alguien, el equipo igual mente deberá mejorar en la concepción del juego.
El mismo libreto hasta el final
Central jugó de principio a fin con la misma partitura, que no cambió ni siquiera después de la expulsión de Carrera, con 20 minutos más la adición por delante. Claro, ya había ingresado Dupuy por Bianchi y no hubo chances de apostar por un doble 9 (no había otro de esas características en el banco), pero Russo consideró que la situación no ameritaba algo distinto, por eso las variantes que llegaron fueron de jugadores de aptitudes parecidas: Lo Celso por O’Connor y Lovera por Giaccone. Sin sorpresas en nombres ni cambio de esquema.