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El Cai Aimar: "Así como te lo digo: Timoteo es como mi viejo"

Carlos Aimar recuerda y agradece la impronta del Carlos Timoteo Griguol en su vida profesional y personal

Jueves 06 de Mayo de 2021

La partida de Carlos Timoteo Griguol hacia el eterno recuerdo de los amantes de la redonda dejó una estela de tristeza y anécdotas que lo ponen entre los personajes más importantes del mundo del fútbol. Y más todavía sobre el que se juega acá, con Rosario Central como protagonista de estas páginas de vida. Para saber quién era Griguol y por qué debe ser homenajeado, nadie mejor que su hijo dilecto, aquel con el que compartió vida y trabajo. A los 70 años, Carlos "el Cai" Aimar hace memoria, se emociona y sobre todo agradece la posibilidad de haber jugado al fútbol, de haber sido referente y campeón con Rosario Central y de aprender de uno de los mejores directores técnicos de la historia del fútbol rosarino, nacional y mundial. Y reconoce: "Griguol es mi viejo".

El Cai nació en 1950 en Corral de Bustos y a los 17 años, tras terminar el secundario, hizo su primera prueba para jugar al fútbol en River Plate. La superó pero no pudo acceder a la pensión del club en Buenos Aires. El también corralense Miguel Nicolau que jugaba en Boca Juniors lo apadrinó para hacer la prueba en el xeneize. Pero fue rechazado, y volvió de la capital para seguir estudiando abogacía en Córdoba.

Los fines de semana de 1970 el Cai jugaba para el Sporting Club de Corral de Bustos en un torneo regional en el que su equipo llegó a la final contra Rosario Central. Y tras el partido alguien sugirió que faltaba una prueba por hacer.

En 1969 Carlos Timoteo Griguol había colgado los botines jugando para Central e inmediatamente se había hecho cargo de las inferiores del club junto a Francisco Erausquin. Y la final mencionada fue la vidriera que el Cai necesitaba. Le encaró a la ruta y se vino a dedo a Rosario para hacer su test en el canalla. El propio Aimar confirma que Timoteo se refería a él como “ese flaco” que “tiene algo interesante”. Y fue recibido en Central con pensión en la calle Pueyrredón y todo.

En la primera canalla

Jugó en la cuarta división, en la tercera y el 16 de mayo de 1971, Aimar debutó en primera división de la mano del técnico interino Juan José Gómez contra Huracán. A las pocas semanas, Ángel Labruna se hará cargo del plantel, confirmará a Aimar como titular y se consagrará campeón del Metropolitano 1971, dándole a Central su primera estrella.

Son años que el Cai recuerda con enorme cariño, sobre todo porque durante una huelga el restaurante del club donde comían los pibes de la pensión no abrió y los llevaron a otro lugar, “frente a una cortada” donde había unos chicos de Central que querían ver a los jugadores, entre ellos el hermano de Sonia, una chica rosarina de 17 años que en 1972 se transformó en su esposa y compañera hasta su fallecimiento en 2000.

Ya con Griguol en el banco de suplentes, Aimar volverá a gritar campeón en 1973, será con ese conjunto subcampeón del Metro y del Nacional de 1974, y además de jugar la Copa Libertadores de 1972, 1974 y 1975, el Cai formará parte de lo que la mística canalla llama “el mejor equipo de Central de la historia”, cuando a la sólida estructura colectiva montada por Timoteo se incorpore el joven goleador bellvillense Mario Alberto Kempes, de una “potencia física impresionante, un pibe bárbaro, profesional, de una humildad, va ser muy difícil encontrar otro jugador como Kempes”.

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Aimar fue referente, capitán y campeón con Rosario Central, en 1973 de la mano de Griguol.

Aimar fue referente, capitán y campeón con Rosario Central, en 1973 de la mano de Griguol.

El Central de Timoteo jugaba con cuatro en el fondo, dos marcadores centrales, un diez adelantado y tres delanteros. “Los volantes éramos Eduardo Solari y yo, y nos teníamos que aguantar al 10 de ellos que siempre era un jugadorazo. Por la derecha jugaba el uruguayo José Jorge González, y cuando él atacaba yo volvía de 4 y él de 8, o cuando nos desbordaban yo me metía entre los centrales para ayudarlos a cabecear. Y en los corner en contra yo me paraba en el primer palo y en los a favor la peinaba en el primer palo”. Aimar apela a su propia cuenta y exclama: “Yo era un volante defensivo y sin embargo hice 44 goles”, con tantos importantes como en dos semifinales y dos al eterno rival.

El Cai era un mediocampista por derecha, marcador, rápido para cortar, cabeceador, sacrificado, solidario en los relevos y de gran personalidad. Lo ayudaba su estatura y estampa. Le tocó siempre bailar con la más fea, a excepción de Sonia claro está: perseguir a los 10 de época, una tarea de lo más difícil si se nombran a Zanabria, Bochini, Babington, Alonso y otros de zurda maravillosa. Quizás, aventura Aimar con el tiempo, Timoteo se vio en él como en un espejo y de allí la relación tan cercana con el jugador, luego aprendiz y amigo.

Sobre esa experiencia, el Cai no tiene medias tintas: “Yo lo pongo a Timoteo siempre de ejemplo. Jugábamos con línea de cuatro con dos laterales lanzados y cuando teníamos que defender nos hacía hacer un triángulo entre uno de los volantes y los centrales. Para eso nos hacía entrenar a los tres defensores contra ocho rivales y nos enseñó a retroceder ordenados. Nos hacía en los años 70 hacer trabajos y utilizar sistemas que se usan ahora”.

Según las estadísticas, Aimar jugó en Central 334 partidos e hizo 32 goles, y hasta su salida del club en 1978 no solamente fue el capitán del primer equipo, sino su referente máximo. Al punto que el Cai cuenta que la década del 70 se lo llegó a señalar como el responsable de “arreglar los empates en los clásicos con Mario Zanabria”, el ídolo leproso.

Como director técnico

Una artrosis de cadera, que lo obligó más tarde a intervenciones de prótesis en ambos lados, dejó en 1979 a Aimar fuera de los campos de juego luego de jugar seis meses en San Lorenzo a pedido de su técnico, Carlos Bilardo.

Fue un momento muy duro: “Yo era un jugador muy serio, muy profesional, me cuidaba, ayudó que me casara joven porque uno se cuida más. Yo vivía para el fútbol, amaba hacer esto, y con 28 años tuve que dejar. Si me preguntas ahora qué sería si pudiese volver en el tiempo, jugador o DT, sin dudas volvería a ser jugador de fútbol”.

Y cuando las nubes del retiro arreciaban, apareció el Viejo de nuevo en la vida del Cai, invitándolo a formar parte de su equipo de trabajo en la primera y las divisiones inferiores del Club Ferro Carril Oeste, del barrio porteño de Caballito.

¿Qué te quedó de esa experiencia?, pregunta cándidamente el periodista. Y Aimar corta por lo seco, como en el mediocampo canalla y afirma: “Todo, todo”. Y explica: “Aprendí sobre la autoridad de Timoteo como entrenador, su seriedad, un tipo muy preparado que tenía paciencia para explicar lo que quería. Siempre fue muy serio y cuando había que embromar, embromaba”.

Un recuerdo vale de ejemplo: “Siempre fuimos con Central de pretemporada a las sierras de Córdoba y el último día Timoteo organizaba una fiesta con todos nosotros y la gente que paraba en el hotel. Y el que lo veía a Timoteo bailando en la fiesta disfrazado no podía creer que fuese tan serio”. El Viejo era “simpático y alegre cuando tenía que serlo, y autoritario y con mucha personalidad cuando lo tenía que ser”.

-¿Qué le copiaste a Timoteo además de pegarle en el pecho a los jugadores?

-Me inculcó el laburo, el valor del trabajo, aprender a explicarle a un jugador un sistema y tener la paciencia para repetir el trabajo todas las veces que sea necesario. Y aprendí a saber cómo se trata a los más jóvenes y a los más grandes también. En ese aspecto él se manejaba muy bien con eso.

El fútbol no para

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Carlos Aimar fue durante 17 años el director técnico de diferentes equipos argentinos y españoles, entre ellos Rosario Central.

Carlos Aimar fue durante 17 años el director técnico de diferentes equipos argentinos y españoles, entre ellos Rosario Central.

Fueron ocho de años de aprendizaje junto a su Maestro en el fútbol y en la vida, lo acompañó como ayudante por pedido expreso de Timoteo en su campaña en 1987 en River Plate, y en 1988 el Cai comenzó su carrera como DT en Deportivo Español, en 1989 pasó a Logroñés de España al que volverá en 1992-1994 y 1997, en la temporada 1989/1990 arribó a Boca Juniors, con el que ganará la Supercopa y la Recopa Sudamericana, además de ser el técnico del Celta de Vigo, el Tenerife y el Leganés, todos equipos españoles, y de San Lorenzo, Lanús y Quilmes, donde se retiró.

El Cai volvió a su ciudad y a su club por adopción para calzarse el buzo de técnico. Será entre el 1º de enero de 1991 al 30 de junio de 1992. “Estaba muy contento (por la convocatoria) y no me fue bien. Me hubiese gustado que me vaya mejor porque es el club que me abrió las puertas para ser jugador profesional, salí campeón dos veces con un equipo del interior que en esa época era imposible, y me brindó la posibilidad de haber ido ir a Rosario, conocer a mi mujer y tener mi familia ahí”. Cuenta que la respuesta de los pibes fue muy buena pero que les faltó una cuota de suerte en determinados partidos. No sumaron y la cosa se puso difícil.

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El presidente de Central, Víctor Vesco, y el Cai firman el contrato que lo unió al Canalla como DT en enero de 1991.

El presidente de Central, Víctor Vesco, y el Cai firman el contrato que lo unió al Canalla como DT en enero de 1991.

Aimar ratifica que tuvo un contacto en 2006 para volver por segunda vez al banquillo de Central cuando el ex intendente de Rosario Horacio Daniel Usandizaga fue presidente del club canalla, pero no hubo acuerdo cuando el Vasco le propuso hacerse cargo de las inferiores y no de la primera.

Aimar fue en 2006 subsecretario de Deportes de la provincia de Santa Fe con la que conoció toda la provincia para conocer las necesidades de clubes y escuelas. “Llevábamos pelotas para que ellos pudiesen usarlas como material didáctico”, contó orgulloso.

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Aimar recibe como subsecretario de Deportes de Santa Fe al presidente del Barcelona Joan Laporta, en Arroyo Seco en octubre de 2006.

Aimar recibe como subsecretario de Deportes de Santa Fe al presidente del Barcelona Joan Laporta, en Arroyo Seco en octubre de 2006.

Desde febrero de 2008, el Cai forma parte del equipo periodístico de la cadena Fox Sports, hoy ESPN y tiene una pantalla caliente, condimentada de polémicas. “Realmente me siento muy cómodo y sobre todo con los compañeros. Nuestro aporte tiene que ver con haber jugado al fútbol profesional. No es que somos más inteligentes que los periodistas y sirve que ellos pregunten sobre cosas que los futbolistas conocemos mucho más de cerca por haberlas vivido”.

-Si Timoteo estuviese acá con nosotros, ¿qué le dirías?

-Le agradecería, él es mi viejo, es mi segundo padre. Él me da la posibilidad de hacer una prueba, me lleva a Central, me pone en primera, de salir campeón, y cuando dejo de jugar me invita a trabajar con él. Me hizo la vida fácil y me dio todas las posibilidades para que la mía sea una feliz. Así como te lo digo: Timoteo es como mi viejo, mi segundo padre.

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