El álbum del Mundial. Figurita 39: Párrocos, "No matarás ni rematarás"

Figurita 39: Párrocos, “No matarás ni rematarás”. Figurita 38: En el laburo, “¿Ahora quién juega?”. Figurita 37: Los docentes, “dibuje maestro”...  Figurita 36: El antifútbol, la pelota no se vende. Figurita 35: Cuñadas y suegras, silencio, partido...
17 de junio 2010 · 12:50hs

Figurita 39: Párrocos, “No matarás ni rematarás”

Clemenciano, párroco de un pueblito español donde no había radios, advertía: “¿Pero qué culpa tiene la madre del portero?” El sacerdote enaltecía sus dominicales sermones comentando partidos de tercera división disputados por el equipo de la aldea.
Ese curita fue un personaje creado por el humorista Miguel Gila, madrileño nacido en 1919 y célebre por sus monólogos telefónicos que iniciaba con: “Que se ponga”.
“Se ha disputado una fecha del torneo”, decía Clemenciano con celestial entonación al iniciar su crónica. Pero, en defensa de la bondad estallaba acusando a los delanteros por los riesgos en que ponían a los arqueros. Advertía que al marcar un gol, la madre del portero sería difamada por la parcialidad afectada. Clemenciano predicaba el mandamiento: “¡No matarás, ni rematarás!”.
La ironía de Gila, fogueado en calabozos franquistas, parecía disparatada, pero hoy la realidad compite con el absurdo. En el Mundial, la Conferencia Episcopal de Sudáfrica desplegó la campaña Church on the Ball (Iglesia sobre el balón), y difundió una plegaria al “Dios todopoderoso”.
“Que tu Espíritu de equidad, justicia y paz prevalezca entre jugadores y participantes. Que contribuya para la prevención y la lucha contra el crimen, la corrupción, el vandalismo, la explotación y el abuso de los más vulnerables”, instaba.

Y agrega: “Que todos encuentren mucha alegría con ocasión de la celebración del hermoso juego del fútbol y del bello juego de la vida conforme a tu plan para el bien común de todos. Amén”.
Los mercaderes de la Fifa manipulan a la pasión por el juego para acumular poder y ganancias. Pero, por temor a la competencia, prohibió a los atletas orar o hacer señales al cielo durante los partidos. Así, quizás a Diego le corten también la mano derecha por persignarse, ellos prefieren a Pelé, quien a pesar de ser de Santos se reconvirtió en empresario.
No todos aceptan el maridaje entre fútbol y religión. Los Osvaldos: Bayer y Soriano, fieles a la historia y a la equidad, también eran amigos que bromeaban por sus pertenencias futboleras. Una vez, el canalla Bayer lo cargó al cuervo Soriano por ser de “un club con nombre de cura”. El Gordo le replicó: “No es por el cura Lorenzo Masa, es por el combate de San Lorenzo”, además, lo reprendió por “ser hincha de un club con nombre de ese adminículo con el que rezan las viejas”.

Figurita 38: En el laburo, “¿Ahora quién juega?”

Nunca viajaron tres horas para ser recibidos por atropelladas de la Montada, empaparse bajo un diluvio, esquivar cascotazos, tragar choripanes crudos, putear a los propios y volver con una derrota a cuestas. Esos no sufridos militantes del fóbal, justo en medio de un partidazo, muy sueltos de cuerpo y despreocupados preguntan: “¿Y ahora quién juega?”
Además, con la inmunidad que les otorga ser de otros planetas, con los brazos cruzados se paran frente a la pantalla, y no dejan ver.
Cometen frases como: “No sé nada de fútbol, pero cómo pue'ser que ponga a ese”, indica Ariel Martín, sufrido investigador de los padecimientos que padece el futbolero.
“Con el resultado ya definido, cuestionan ante la tele el planteo del entrenador o la respuesta del delantero”, agrega el hincha preocupado por los hermanos que, además de no poder ir a la cancha, al bar con la barra o a su casa con sus cábalas, deben ver el partido en el trabajo y soportar a esos que parece que sólo dejan sus tareas para molestar.
Algunos estrenan un “patriotismo futbolero” sin tener que estar condenados a leer todas las noticias, tener parado el corazón en cada córner, soportar cargadas tras una derrota o destrozarse los oídos con radios llenas de interferencias técnicas o periodísticas.
Para peor, algunas empresas trampean al hincha y permiten al personal ver los partidos. Más allá de la bondad de los empleadores, la maniobra termina poblando las improvisadas plateas con esos molestos “espectadores”.
Genios de negocios y estrategias, como Jaime Alonso Gómez (México), afirman que “un Mundial es la ocasión para que los empresarios demuestren a sus empleados que conocen la importancia del evento y que harán esfuerzos para celebrar el deporte, la salud y la alegría de compartirlo”. Admite que “las horas no trabajadas generan grandes costos para las firmas, puede ser la ocasión para mejorar el clima laboral y estrechar las relaciones entre jefes y empleados”.
Estudioso de “soluciones para la gestión y el desarrollo del capital humano e intelectual”, un tal Roger Marull, gerente general de Meta4 Chile, afirma que “lo mejor es enfrentar el tema (el Mundial) y buscarle provecho a la situación”.
Parece que cada uno juega el Mundial a su manera. Pero, es demasiado que para ver un partido se deba estar expuesto a quienes no viven la celebración del fóbal.

Figurita 37: Los docentes, “dibuje maestro”... 

Para que el Mundial se transforme en un hecho pedagógico, mientras estudiantes y docentes se abrazan y putean, el Ministerio de Educación repartió algunos cuadernillos con actividades didácticas.
  Quizás algunos materiales hayan tomado vuelo tras los goles de Tévez, quizás otros hayan terminado en un cajón luego de los cuatro que nos metieron los germanos.
  Dicen que el librito sirve para que el docente trabaje con Lengua, Historia, Geografía, Cívica y Literatura. Pero, para también, afortunadamente, contiene textos de Fontanarrosa, Galeano y el arquero argelino Camus, quien decía que todo lo aprendido sobre la moral “se lo debía al fútbol”.
  Ahora, que “vemos” y no protagonizamos el Mundial, no es fácil entrar al aula. Los pibes vivieron una de esas frustraciones que desgarran sueños celestes y blancos. Se trata de ilusiones colectivas, que por su profundo arraigo en la identidad criolla, son explotadas por demagógicos traficantes de pasiones.
  Más allá de hablar en la escuela, desde el ineludible tema del apartheid a las forzadas clases sobre geografía sudafricana o estadísticas de goles mal cobrados, hay otras cuestiones para charlar con los chicos.
  “La derrota es sólo deportiva y no en la vida”, dicen algunos que estiman como muy simple el poder separar temas tan vinculados en una sociedad futbolizada.
  En tanto, al ilusionarse con la explosión uruguaya en el Mundial, Fernando —charrúa y librero, afincado en Rosario—, estimaba que algo de en la recuperación de su selección había algo de “resiliencia”. Ante el asombro del interlocutor, explicó que con ese término describe un tratamiento utilizado para recrear fuerzas y levantarse tras penurias, golpes y frustraciones. Así, el fútbol uruguayo habría salido de su letargo, indicó.
  Eso de la resiliencia fue empleado para describir la capacidad de algunos materiales de recobrar su forma original, después de ser sometidos a una presión deformadora. Además, también es una estrategia utilizada por profesionales para tratar casos de pibes en riesgo, maltratados y excluidos.
  También el morocho filósofo Dolina, decía que una frustración también permite tener otra ilusión. Parece que se podría tener un mejor futuro si resistimos desde la genuina identidad y humildad a esa mercadeo que exige héroes, triunfos y ganadores. Se trata de evitar atragantarse con ese cotillón que intentan vender.

Figurita 36: El antifútbol, la pelota no se vende

El célebre Jorge Luis Borges decía que jugar a la pelota es “estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos. Mucho más lindas son las riñas de gallos”.

En tanto, el sociólogo Juan José Sebreli afirma que el deporte "es un poderoso instrumento de dominación inventado por la clase hegemónica de las sociedades burguesas".Esos no comprenden la magia de la redonda. Pero hay demonios que quieren manipular al fútbol para burlar y estafar al gentío.Toman ropajes humanos y son poseídos por el Antifútbol, perverso ser que se encarna en “cercanos al fóbal”, infiltrados hasta en puestos dirigenciales.¿Cómo alguien puede entronarse 30 años en el trono de la AFA? y ¿qué otros demonios lo sostienen?También es intrigante que durante 14 años presida un club alguien acusado por fraude, evasión, vaciamiento y amenazas. Tampoco se entiende que un patrón pueda conducir a un club al descenso sin que antes le revoquen el poder.

¿Lo hicieron solitos o tenían edecanes esos dictadores? Habrá que apuntar también a quienes a cambio de un “cambio” entregaron la dignidad. Para erigirse en mandamás se requiere de apoyo desde tribunales, despachos gubernamentales, representantes de jugadores, sponsors y medios de comunicación. Desde sus cuevas, algunos operan paran el proyecto del Antifútbol. Son también cómplices en la ejecución de delitos execrables: fraudes económicos y saqueos a las ilusiones colectivas.

Estar fuera del Mundial es molesto, pero no tanto como escuchar a quienes toman al fútbol como nada más que un deporte. “¿Qué te dije al empezar el torneo”, advierten los que sabían todo pero no hicieron o dijeron lo que debían, para impedirlo.

Habrá que tomar más el fútbol en su contexto social. “Nuestros jugadores dieron todo lo que pudieron. Pero esto nos enseña que hay que moralizar las estructuras de la institución del deporte más popular. La culpa no la tiene Maradona. Todo comienza por la cúpula, la estructura superior. Quien tiene que renunciar ahora es Julio Grondona, quien desde la dictadura maneja todo”, dijo el domingo el escritor y periodista Osvaldo Bayer.

También repudió que sigan usando a Maradona para hacer negocios, instó a “sanear las cúpulas burocráticas” y recomendó que las hinchadas “empiecen a exigirlo desde las tribunas, con carteles con un: Basta de Grondonas”.

Figurita 35: Cuñadas y suegras, silencio, partido...

Un tiro libre a dos minutos del final puede ser la salvación, pero la cuñada se para al costado de la tele y pregunta si pusieron las servilletas y le dieron comida al perro.Es así, justo en esos 90 minutos las suegras parecen más suegras. Hasta se disfrazan de hinchas para realizar emboscadas con abrazos en algún festejo.El fútbol era un refugio, un lugar para meterle el cuerpo a la pasión. Se transpiraba esfuerzo, juego en conjunto, puteadas y piñas. El fútbol solía ser cosa de hombres y de pibes, hasta que se acercaron ellas, sin malas intenciones pero con demasiadas consultas e inquietudes.

Ahora hay que evitar tirarle un botellazo a la jueza de línea, patearle a quemarropa a la prima que fue al arco, o aguantar esa novela “Botineras” que no habla de la redonda sino del mercadeo y el show.Con la promoción comercial, la masiva difusión del deporte también hace gritar a la tribuna femenina, pero sin una intención integradora sino para ampliar la plaza mercantil. En el Mundial no faltan notas y fotos de la paraguaya Larissa Riquelme y la movilera española Sara Carbonero, pero no parece que fueran concebidas como símbolos de la lucha por la equidad de géneros.

Las mujeres saltan, chillan, lloran, te estrujan el abrazo en cada córner, pero también le ponen belleza a ese fóbal, cada vez más feo y miserable. Eso sí, aún sueltan esos: “¿Cuál es Chile?” “¿Si perdemos no jugamos más?”, “Cómo llueve, deberían suspenderlo”. “No grites que no te escuchan”. Y eso, es muy irritante cuando se está perdiendo.“Ellos tienen jugadores muy altos, muy rápidos, muy fuertes, ¿cómo no van a ganar?”, “Haceme acordar que después te diga algo del vecino”. “¿Vas a ver otra vez los goles?” Y uno no dice nada por caballero, o para no desatender el córner. Es sabido que si se pierde la concentración, parece que somos responsables de armar mal una barrera.

Ellas son mucho más racionales que el hombre, por eso a algunas les cuesta comprender qué es el fóbal. Ponen voluntad y aprenden qué es el offside, pero no comprenden que toda ley pierde vigencia cuando perjudica a los nuestros.Pero también, más allá de suegras y cuñadas, están las compañeras, esas que están en las malas, nos escuchan delirar e intentan evitar la risa cuando perdemos la razón. Además, ya le dan a la redonda y descubren entonces algo de la magia, del fervor y la devuelven al pie.

Figurita 34: Políticos, "la Fifa es el FMI del fútbol"

 “No se puede permitir que un gobierno decida que ninguno de sus equipos nacionales puede jugar torneo internacional alguno”, advirtió el secretario general de la Fifa , Jerome Valcke. La frase describe la omnipotencia de la entidad que regentea al deporte.
Al entender que el fútbol es una cuestión del pueblo, los legisladores franceses citaron al técnico Raymond Domenech tras la frustración en Sudáfrica. En tanto, el presidente de Nigeria, también eliminado, suspendió por dos años a su combinado. Medidas que la Fifa catalogó como “intervencionistas”.
Valcke explicó: “La Fifa tiene 208 miembros, si un país va contra nuestros estatutos, va contra todo el sistema del fútbol, la pirámide del fútbol se destruye”.
En la cúspide de esa pirámide está su vicepresidente: Julio Grondona, jefe de la AFA desde 1979. Esa verticalidad, por ejemplo, le exige al país organizador de un Mundial la entrega de los derechos de la publicidad y de todo lo que se venda en un estadio. Ya decía el uruguayo Galeano: “La Fifa es el FMI del fútbol”.
“Soy el vicepresidente del mundo”, dijo una vez don Julio. “Me llevo muy bien con militares, radicales y peronistas”, admitía con orgullo. Pero, también los políticos buscan popularidad —y acuerdos— junto al deporte. Diego se mostraba con Menem, hasta que prefirió a Castro.
Ya en 1910, el fútbol fue parte de los festejos del Centenario, se jugó una copa con Uruguay y Chile, organizado por la Sociedad Sportiva Argentina. La entidad era presidida por el barón Antonio De Marchi, yerno del genocida Julio Argentino Roca. También la integraba Miguel Martínez de Hoz, abuelo del hoy procesado.
Fue también Roca el primer presidente en ir a un partido de fútbol, cuando el 16 de junio de 1904 jugaron Alumni y Southampton, partido reflejado en la sección Sociales de La Nación, dado los ilustres apellidos que concurrieron al encuentro.
En 1912, cuando Roca era embajador en Brasil, fue a un amistoso entre ambos países, en San Pablo. El delantero Maximiliano Susan, (Estudiantes de Buenos Aires), recordaría: “Al terminar el primer tiempo íbamos ganando 4 a 0. Se acercó al vestuario el general Roca y nos dijo: «Muchachos hay que ser más diplomáticos. Brasil celebra el Grito de Ipiranga (gesta de la lucha contra sus ex patrones portugueses), no es justo que pierdan el partido. Hay que dejarlos ganar. Háganlo por la paz de América, muchachos».
 

Figurita 33: Los intelectuales, golazos de la cabeza

Que algunos hinchas se cuelguen de alambrados perimetrales y travesaños, no significa que el hombre descienda de los monos. El homo futbolero desciende de tribunas, a veces en avalanchas.
Por irracional, populachero e intelectualmente incorrecto, los muy pensadores tienen tiras y aflojes con el fóbal. Pero, por emocional y anclado en la sensibilidad, algunos eruditos no pueden evitar el hacer jueguitos con sus sentimientos.
“Cerrado por fútbol”, reza el cartel que colgó en la puerta de su casa montevideana Eduardo Galeano. Para otro escritor, Osvaldo Soriano, sus vivencias “más fuertes fueron un instante en una cancha, jugando con amigos; y un instante a solas, escribiendo una línea”. El ex delantero de Confluencia, de Cipolleti, se definía como “un nueve torpe pero goleador, capaz de agujerear la red o desmayar a un perro”.
El fútbol cautiva a las mayorías, pero algunos cultos le dieron la espalda. El pensador Juan José Sebreli, profesor particular de filosofía de Mirtha Legrand, cacareaba: "El acto de patear una pelota es ya de por sí esencialmente agresivo y crea un sentimiento de poder. La picardía de vencer al adversario basada en la trampa, la mentira, el disimulo, la zancadilla, tan alabada por todos los apologistas del fútbol como una forma de inteligencia natural y espontánea, no es sino una característica de personalidad autoritaria".
Sin embargo, el filósofo francés Edgar Morin señaló: “No veo el fútbol como una forma de alienación moderna, lo siento como una poesía colectiva”.
En tanto, el Negro Dolina explica: “En un partido caben infinidad de novelescos episodios”. Esa seducción convocó a maestros: Mario Benedetti, el Negro Fontanarrosa, el desaparecido Roberto Santoro, Eduardo Sacheri y Juan Sasturain, entre tantos otros. Habilidosos creadores que forjan célebres paredes con el gentío, devolviéndoles pases perfectos para la celebración.
Desde el periodismo, la investigación y el compromiso, Osvaldo Bayer resalta: “Como decían los anarquistas de los años 20, para mí el fútbol es el juego socialista, donde todos en conjunto luchan y ayudan un poco para lograr la victoria”.
Pero advierte: “Nadie se vendía de camiseta y los pibes recitábamos de memoria los equipos porque formaban igual por muchos años. Es triste hoy, todo se transformó en una cuestión de dinero y los salvajes negocios estropearon la belleza de este juego”.

Figurita 32: Los analistas: entre indagar y delirar

En medio de la tensión del partido entre criollos y aztecas, cuando no llegaban los goles, Fernando Niembro advirtió: “El único valiente en la cancha es el árbitro, por ser el único que está de manga corta”.
Semejante profundidad del analista respetuoso de las expectativas del gentío, era una alerta sobre el padecimiento de Messi, ahora con fiebre, y quizás moquitos.
Otro crítico, como Matteo Patrono emitió otras evaluaciones: “El Mundial es totalmente suyo: Blatter ya ganó”, y documentó acuerdos sobre leyes especiales y royalties “que logró la Fifa para traer la Copa Mundial de fútbol a Sudáfrica”.
“Las garantías concedidas por el gobierno de Pretoria a la Fifa en el momento de asignarle el Mundial en 2004 (confirmadas por diferentes ministros del ejecutivo conducido en esa época por Thabo Mbeki), destruyen la soberanía del país. Ni que la Fifa fuera el Fondo Monetario Internacional”, dice Patrono.
Pero claro, es mejor indagar en cómo pica la pelota que detenerse en investigar negociados, al menos eso creen quienes resignaron la dignidad a cambio de recibir una parte o migajas del dinero acumulado por la trata de pasiones y el tráfico de ilusiones.
Algunos creen que para ser un analista de fútbol hay que tener el teléfono de muchos dirigentes, ser un encubierto agente de un representante de jugadores o jugar a las cartas con el presidente del club.
La dignidad no se le niega a ningún oficio. Hay que conocer la ley del offside y también leer a Osvaldo Ardizzone, Arturo Jauretche y Osvaldo Soriano —entre otros—, además de observar y “sentir” cómo en el recreo juegan al fóbal los pibes.
Institutos especializados en periodismo deportivo pueden llegan a investigar estadísticas sobre atletas mundialistas que jugaron con fiebre. Pero aún, algunos profes la pelean explicando que el fútbol no transcurre sólo en una cancha bien demarcada.
Desde la hinchada de los profundos y beligerantes futboleros, Ariel Martín Díaz recopila y despliega trapos con citas de maestros. Una, con firma de Ulises Barrera afirma: “Ha ingresado en la profesión mucha gente que pone cara de estar de vuelta de casi todo sin haber ido nunca a ninguna parte”. Otra, de Dante Panzeri, advierte: “Lo político, lo futbolístico, lo económico, todo pareciera estar hoy gobernado por la cultocracia de la tontería”.

Figurita 31: Los que no viajaron, el jugador 24

Es muy lindo estar en familia, pero muchos jugadores que no viajaron a Sudáfrica hubieran dejado todo por volar con Diego. Es más, también hubieran ido hasta con sus tías y suegras.
Los que se quedan no la pasan bien. Desgarradas y justificadas broncas habrán afectado a los que no entraron entre los 23 convocados.
A veces no se protagoniza un Mundial por lesiones: como le pasó al germano Ballack y al inglés Beckham. Otros, como el sueco Ibrahimovic y el ucraniano Shevchenko, por ser de países que no clasificaron.
En el Milan, el liberiano George Weah fue Balón de Oro europeo (1995) y Mejor Futbolista del Mundo (1996), pero su nación nunca llegó a un torneo. En el Manchester United brillaron el galés Ryan Giggs y el irlandés George Best, pero no cambiaron de patria y tampoco jugaron en el gran torneo. Lo mismo le pasó al finés Jari Litmanen, del Ajax.
La leyenda de todos los tiempos: Alfredo Di Stéfano vistió casacas de Argentina, España y Colombia. Pero, las malas campañas de esos combinados y lesiones, lo dejaron sin fiestas mundialistas.
Otros talentosos fueron colgados por técnicos, como hizo Dunga con Ronaldinho, Adriano y Ronaldo.
Para el Mundial de Argentina 78, habían sido convocados, y después desafectados, Víctor Bottaniz, Humberto Bravo y un pibe de 17 años nacido en Fiorito, quien resopló: “Nunca lo voy a perdonar a Menotti”. El mismo Flaco marginó a Bochini de España 82. En ese torneo se destacó Ramón Díaz, luego perchado por Bilardo en el 86 y 90.
Pero no es para morir, al menos demasiado. Hay que bancársela como hacemos los más de 38,9 millones de habitantes de estas pampas, que esperamos que Diego nos convoque para salirle a esos alemanes y los que vengan después.
Aunque parece que la selección no deja a tantos afuera. Un gentío corre junto a esos pibes y al señor Palermo, esperando una asistencia para el festejo. El equipo convoca esperanzas con sus individualidades, juego grupal, picardías de potreros y la voluntad de nobles animales.
Quienes se pueden sentir como un jugador 24, no convocado, son esos archienemigos del imprevisible técnico. Pero hasta ellos empezaron a darse vuelta, aunque temblequeando, alguno ruegue por un fracaso.
Los que manipulan la pasión deben temer que la movilización anímica y futbolera, tras el Mundial pretenda proyectarse hacia otros sueños de las mayorías que desean más juego colectivo, también fuera de las canchas.

Figurita 30: Vecinos de cracks, la memoria barrial

Vivir cerca de un jugador famoso es algo especial. Los pibes se la pasan pateando pelotas al patio del crack a la esperade que se las devuelva para hacer el gol de la gloria, pero hay otros que llorisquean porque la vereda se les llena de cámaras y gatos.

En Barcelona, un vecino de Messi alquila su casita en 350 euros por día. Algo caro, pero así se puede ver como el Lio hace jueguitos y enchastra el parque con palitos de chupetines.

En tanto, en el barrio El Trébol, de Ezeiza, la elegante vecindad se queja por las bullangueras visitas del Diego, ese que rompió el paisaje con altos muros en procura de privacidad.

Más al sur, en Tandil, se promocionan visitas a la estática réplica de la Piedra Movediza y a las ex casas donde habitaron deslumbrantes lugareños como: el maestro Osvaldo Soriano, el tenista Juan Martín del Potro, el ilusionista René Lavand, Facundo Cabral y el rockero Paolo.

El tour futbolero pasa por la cuna del fino Vicente Pernía, pero no por viviendas de los extranjerizados Mauro Camoranessi y Mariano Pernía. Pero ahora otra maravilla moviliza a la ciudad y hasta a la estática piedra: el zaguero Ariel Garcé, es su ciudadano ilustre, ungido por Maradona.

Al noroeste de la city porteña, una barriada de Ciudadela vibra por Carlos Martínez. Entre apenas parados monoblocks y la Villa Matienzo vieron jugar al pibe en la canchita del módulo 1. Después pasó por Estrellas del Uno, Santa Clara, Villa Real y All Boys.

Pero se lo llevó Boca y debió usar el apellido materno: Tevez, para burlar derechos federativos que reclamaba el Albo. Después, lució en la Bombonera, en Corinthians de Brasil y en la mismísima rubia Inglaterra, en los dos equipos de Manchester.

"Recibió sugerencias de no volver, pero esquiva esas recomendaciones. Siempre regresa y es muy querido", decía Inés Abripa, directora del Jardín de Infantes 913, donde concurrieron sus sobrinos y algunos muchachos de Piola Vago, la banda cumbiera armada por Carlitos.

La prensa escandalosa, con el movilero José de Zer a la cabeza, bautizó al lugar como Fuerte Apache, tras cubrir un tiroteo frente a la comisaría. Pero "Apache" ahora es el apodo del habilidoso irreverente que juega como en el campito que lleva tatuado en el corazón y en la jeta.

En esos arrabales de Ciudadela, donde la exclusión hace más simple morir que vivir, el piberío de su ex escuela, "la 50", se junta en la biblioteca para ver en la tele al vecino que juega con la habilidad y fuerza del que debe pelearlas todas, casi como ellos.

Figurita 29: Las frases, el trabajo de la semana

“Jugamos como nunca y perdimos como siempre” dijeron ayer medios aztecas reflejando una cierta bronca por la derrota ante los de Diego. En realidad, la frase autocrítica fue creada, ya hace tiempo, por Alfredo Di Stéfano cuando dirigía al Real Madrid.

Por algo más de un mes, y por algo más que un deporte, el planeta habla en un idioma común. Con distintas sonoridades, el show insiste en que todo se refiera a un solo tema: el fútbol.

Centenares de dichos sirven para hacerse respetar y admirar. Algunos no son análisis muy profundos, otras son tontas pero por repetidas suenan a verdades: “Técnico que debuta, gana”, aunque “no hay un partido igual a otro”, “todas son finales”, por eso “nunca hay que celebrar hasta que el árbitro dé el pitazo final”, ya que “los partidos duran 90 minutos”.

“Es sabido que “el 2 a 0 es el peor resultado en el fútbol” porque “con una pelota parada te vacunan”. Eso es porque “juegan con viveza criolla”, como “los brasileños juegan bien porque se acostumbran a jugar en la playa”, mientras “en Europa juegan bien porque tienen buenas canchas”.

Para hacer creer que se sabe, por haber jugado a la pelota, hay que expresarse como algunos futbolistas: “Lo importante es que el equipo está ganando” porque “no hay titulares ni suplentes” y van a “dejar todo en la cancha”, ya que “al entrar nos olvidamos la plata que nos deben” y “todo queda dentro de la cancha”, por eso es fundamental “el trabajo de la semana”.

Otra fuente inagotable de sabiduría son los relatores: “Era más fácil hacerlo que errarlo”, aunque “los goleadores son así, tienen una y la echan adentro” porque “salieron ganando desde el camarín”.

También hay comentarios o preguntas que molestan, sean inocentes o mal intencionadas: “Che, ¿cómo va el partido?” El 27 de marzo de 1955, esa duda fue lanzada por el delantero argentino Norberto Conde al defensor charrúa Matías González, cuando durante el Sudamericano jugado en Chile, Argentina vencía por 5 a 0 a Uruguay.

A modo de respuesta El León del Maracaná, zaguero campeón del Mundial en 1950, le puso al delantero de Vélez Sarsfield un piñón que lo dejó tan fuera de juego, como quedó él mismo tras ser expulsado.

Esas frases célebres también son respuestas a las palabras que antes hirieron o encubrieron intereses económicos de la prensa. Así, ante la embestida de algunos medios contra Diego, el astro inmortalizó su: “Al que no creyó, a los que no creían, con perdón de las damas… que la chupen, que la sigan chupando”.

Figurita 28: Las botineras, tacones y taco aguja.

Corren tras jugadores exitosos, intentan seducirlos, mostrarse con ellos y quedarse con parte de sus ganancias. Así son algunos representantes de futbolistas, dirigentes y periodistas.En esa corte de parásitos de un show sobrevalorado, también hay algunas pibas.

Para mantener a semejante bandada de buitres el futbolista debe ganar fortunas, así de sus bolsillos caerá algo para sus consejeros, asistentes, bufones y damas.Los pocos pibes que ingresan a la élite del ultraprofesionalismo pasan a ser una mercancía, en la que además de exhibir sus dotes atléticos deben promocionarse, y qué mejor que con bellas jovencitas. Ellas también pasan a ser una mercancía, que además de exhibir sus atributos deben promocionarse, y qué mejor que con un crack.

Llenan programas cholulos que informan sobre ligamentos y lolas, mientras los siguen en sus cortas carreras para zafar y vivir con más de lo necesario.La fábula de la belleza de un deporte y de jóvenes etiquetados como “ganadores” es un bien de consumo sumamente redituable para los que regentean el mercado. Sólo algunos son estrellas, mientras a los demás, engañados por valores comerciales y superficiales, para sentirse astros únicamente les queda consumir fantasías. La entrada de la mujer en el mundo futbolero fue dura. En los 60, cuando el balompié era sólo masculino, Haydée Luján Martínez era líder de la barra millonaria y no se perdía un partido. Ante su entrega, el defensor charrúa Roberto Matosas le regaló su camiseta y, desde entonces, ella fue La Gorda Matosas. Menos atractiva y femenina que las botineras tenía un amor: “River es mi novio, mi amigo, mi amante y con eso tengo bastante".

En tanto, María Esther Duffau, vivió en calles, reformatorios, cárceles y un manicomio, pero era bostera. No vestía fashion, sino como pibe para sobrevivir como canillita. No salió con jugadores, pero al morir en 2008, a la Raulito la velaron en la Bombonera y el equipo pagó el sepelio.

En tanto, en septiembre de 2009, nació el Club Atlético Las Botineras, en La Chimbera, sobre la ruta 279 y a unos 60 kilómetros al sur de la capital sanjuanina.Entre las dirigidas por un peón rural, con oficio en clubes zonales, juegan nueve madres. Van a los partidos con hijos, esposos y novios y participan en torneos, “pero también en desafíos por pollos o chorizos”, decía una botinera en una nota del Diario de Cuyo.Ellas no aparecen en la tele, celulares calientes o internet, como tampoco lo hacen miles de pibes que juegan al fútbol sin botineras y hasta casi sin botines.

Figurita 27: Sponsors, algunas pautas para ganar

Al llegar a los octavos el seguimiento de los comportamientos de los competidores desvela a los organizadores del Mundial. La pronta eliminación de Francia e Italia provocó tristeza en sus países y la bronca de sus sponsors, quienes ya suspendieron las campañas que habían pautado confiando en ellos, los finalistas de 2006.

Las pilchas con tres tiras puede dejar de vestir a los franceses, de quienes esperaban réditos, como los obtenidos con la venta de 6,5 millones de equipos con los colores de Alemania, México, Sudáfrica y Argentina. El torneo hasta hoy es ganado por la barra de la bandera, que reza: “Escribí el futuro”. Le siguen los calzados con tres rayitas y esos con un felino saltando, indicó una empresa dedicada al mercadeo mundialista.

En tanto, la Fifa salió con un equipo compuesto por la gaseosa usada para quitar óxido, una firma nipona de celulares, una automotriz surcoreana y una cervecera alemana, además de una tarjeta de crédito. La entidad estima que levantará (entre publicidades y tele) unos 2.400 millones de dólares, 50% más que en Alemania 2006. Y Blatter, al mirar a Africa, se asegura votos de sus dirigentes para prolongar su reinado.

El show mueve más de 11.800 millones de dólares (oficiales y en negro), según fuentes sudafricanas. Ese país organizador invirtió 6.300 millones en el torneo, suma perversa para un pueblo con la mitad de la población (50 millones, el 80% de morenos) bajo la línea de la pobreza.

Las obras quedarán, pero no se sabe cómo utilizarán esos enormes estadios. Ya la ONU, con tibio estilo, criticó el desalojo de decenas de asentamientos ubicados cerca de las nuevas canchas o en lugares por donde pasarían turistas.

Mientras, los de Diego avanzan y regocija a gentes y dirigentes de la AFA, junto a sus anunciantes de tres rayas, cervezas, celulares claritos y créditos tanos, entre otras. Por otro lado, con patriotismo y mercadotecnia, la gaseosa archirrival de la oficial, prometió que si Argentina gana el Mundial, acompañará el festejo de Maradona desnudito en el Obelisco, vendiendo una semana sus envases, que no tendrán etiqueta.

Sin embargo, toda tecnología y marketing aún no superó a esa mascotita que con movimientos casi humanos, anda por donde se le canta y aparece en las imágenes de la típica formación inicial.

Junto a árbitros, jugadores y también porristas, hace su trabajo el Hombre Tarjeta. Cuando tantas cosas se esconden en el fútbol, él pone la cara y algunos dientes, mientras lo saluda toda la tribuna.

Figurita 26: Las cábalas, el poder de lo divino

Jugadores, técnicos, dirigentes e hinchas suelen acudir a supersticiones. Dicen que no respetar hábitos y procedimientos, como sentarse en el sillón en determinada disposición, puede provocar que el arquero salga mal y se coma un gol.
La fórmula para los jugadores es simple: entrar y pisar el campo de juego siempre con el pie derecho, persignarse, tocar el pasto y besarlo, arrodillarse, alzar los brazos, mirar al cielo, susurrar frases y aspirar el humo de un choripán.
Hay que sumar rituales y orar en torno al arquero, como hacen los nigerianos; besar la pelada de un arquero, como Laurent Blanc con Barthez; usar un año el mismo calzón, al igual que el brasileño José Robson do Nascimento; desterrar bigotes como le recomendó Menotti a Kempes, vendarse la muñeca derecha imitando al chileno Zamorano, además de orinar la cancha para atajar penales al estilo Goycochea.
Los técnicos tienen que beber agua bendita, celebración del italiano Trapattoni; además de usar siempre la misma pilcha, como lo hacen casi todos. No tienen que lucir corbatas pronosticadas por astrólogas, para no ser deportado futbolísticamente de Sudáfrica, como el francés Raymond Domenech.
Hay que analizar si conviene sentar en el banco a una Virgen o al Cabezón Zelada. Ambos estaban cerca de Bilardo en el 86, y fueron campeones. Pero no se ganó en el 90, cuando la Santa de Luján siguió con el Narigón, pero no el ex arquero canalla.
Colgar un trapo muy especial no está mal, por las dudas. Pero de cábalas está lleno el camino de los especuladores: los choborras dicen que el éxito va de la mano si también sostienen una cerveza, algunos yernos apuestan a la buenaventura atando suegras en los patios, mientras los fiacas prefieren hacer el aguante entre las cobijas.
Pero superstición no es picardía. Ofrecer un bidón a rivales, como lo hizo el masajista Miguel Di Lorenzo “Galíndez” con los brasileños (Italia 90), puede traer más suerte si el agua contiene algún somnífero. Pero la especulación no se vincula con “la dinámica de lo impensado”, como definía al fútbol el maestro Panzeri (ver figu 25).
Cierto entrenador, tenía una cábala extraña en el fútbol. Sus muchachos tenían que cumplir con un rito: debían salir a jugar como un equipo, con solidaridad y con la pelota al pie. El rito daba resultados, pero era complicado cumplir.
Decía: “Esperar a que el destino traiga mejoras es perder el tiempo”, hablaba de remendar macanas producidas con iniciativas y recursos propios. “Tampoco en el fútbol es bueno depender de lo extraño, ni de la suerte”, resaltaba. 

Figurita 25: Comentaristas, “Fútbol con trampas”

La cadena británica ITV despidió al comentarista Robbie Earle, ex delantero jamaicano del Wimblendon, pero no por intervenciones con bajo nivel cultural. Sucede que Earle había cedido entradas para el partido entre Holanda y Dinamarca (14 de junio) a 36 holandesas que entraron al estadio luciendo naranjas ropajes.
Todas las cámaras las registraron, pero en el entretiempo unos 40 agentes las rajaron. No fueron cuestionadas por sus minifaldas, a la Fifa le molestó que, según indicó: “Fueron utilizadas para una emboscada mercadotécnica” por una cerveza holandesa, cuando la exclusividad la tiene una firma alemana. El celo comercial que rige a la Fifa es una señal de su papel en el fútbol.
La sanción al comentarista no provocó un paro de sus colegas. En ese oficio la competencia enfrenta a periodistas, ex jugadores y hasta modelos, como Danielle Bux, esposa del ex goleador de México 86, Gary Lineker. Danielle prometió no hablar de fútbol, sólo se ocupa de la actualidad de las consortes de los atletas, una señal de cierto periodismo.
Con patéticas consecuencias, el show devora al espíritu genuino del juego con la pelota. Así, en Argentina no faltó un medio que pidiera comentarios al peluquero Roberto Giordano. Programas como Animales sueltos, Intrusos o Mañaneras, consultan a un tal Toti Pasman, escriba que mendigó un lugarcito en la farándula pseudofutbolística haciéndose insultar.
Hay escuelas de comentaristas que enseñan a hablar encadenados a una pelota, jugar al fútbol-tenis o cantar junto a borrachos en Pretoria, como antes lo hacían en Bonn y París.
Pero, en España 82, Osvaldo Ardizzone escribía para Goles Match notas sobre el equipo nacional. También reflejaba la situación de los exiliados y tenía lugar para una nota a Serrat.
Ardizzone y Dante Panzeri arremetieron contra la comercialización de la pasión y las estrategias miserables. También lo hacían Pepe Peña y Pando, entre otros que enfrentaron a la corrupción y sus silenciosos cómplices.
En 1961, El Gráfico ordenó hacer una nota al entonces ministro Alvaro Alsogaray. Por interpretar que eso era una “demagógica medida”, Panzeri se negó a editarla y fue despedido. El autor de “Burguesía y gangsterismo en el deporte” (1974) también criticó los gastos excesivos del Mundial 78, y fue expulsado de La Prensa.
Esa escuela de compromiso con el periodismo y el deporte fue también retomada por Llonto, Moores, Veiga, Varsky y Verea, entre otros. A pesar de la Fifa, la AFA y varios medios, algunos aún se manejan con pautas de dignidad, no publicitarias.

Figurita 24: Los relatores, “Lo digo o no lo digo”

La tarde se desgarra con un: “¡Ta ta ta, gol gol gol, gol!” que parte de una ventana, cruza el pasillo y sale a la calle para cruzarse con un: “Que digo gol, recontra golazo”. “Lo digo o no lo digo”, duda Walter Nelson, mientras Sebastián Vignolo advierte: “No lo canteeee, no lo grite, no se abrace”. Algunas frases de relatores son populares a costo de repetirlas.
Dinamismo, invención, pasión, vozarrón, y literatura desbocada son las armas del relator que parece desmembrarse y estallar en pedazos. El relato de un partido en la radio nos permite imaginar. Pero la fantasía a veces vuela porque no brindan algún dato para saber dónde corno anda la pelota.
En 1927, Tito Martínez Delbox inauguró el relato futbolero en un Sportivo Barracas-Estudiantil Porteño. Después aparecieron destacados como Luis Elías Sojit, Pelliciari, o el actual Víctor Hugo, entre tantos.
Pero en 1960 llegó el Gordo Muñoz e inauguró su reinado, o dictadura. Integró varios equipos periodísticos y, lejos del catedrático Fioravanti, sorprendió con su estilo de gritar “gol” con cientos de “o”, suministrar la temperatura en la Base Marambio, o frases como: “Señora, deposite su óbolo en la alcancía de Alpi”, o aquella contestación cuando alguien relacionó a Gatti con Dorian Grey: “Estamos hablando de arqueros argentinos”.
Nació en 1924 en San Martín y jugó en Platense hasta los 12 años. Pasó por la Escuela de Mecánica Aeronáutica y trabajó en la Flota Aérea Mercante a las órdenes de Alsogaray.
Daniel Lagares advirtió que en los relatos del Gordo “la pelota, cuando se iba afuera, siempre pegaba en fotógrafos de El Gráfico”. También Lagares señala: “Es inaceptable que la pila con la que le rompían la cabeza a un linesman fuera de la marca tal”.
Era muy escuchado, pero en el Mundial 78, la hinchada no lo escuchó y prefirió tirar papelitos, como pregonaba Clemente. Su relato irradiaba nacionalismo, pregonaba las bondades de los militares y tenía buenas relaciones con todo funcionario de turno: “Soy como Neustad”, decía. Así, en el 79, enfrentó a otros relatores, como se denomina a los investigadores de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que registraron las denuncias por la desaparición de personas. Entonces estalló: “Los argentinos somos derechos y humanos. No vamos a permitir esa campaña de difamación contra el país”.
El “Delator de América” dejó un misterio: ¿Le temía a la alegría del fútbol?, siempre advertía: “Peligro de gol”.

Figurita 23: Camarógrafos, la imagen redonda

Camarógrafos, la imagen redonda. Las jugadas de pelota detenida fueron creadas por entrenadores y camarógrafos que urdían goles y transmisiones televisivas más simples. Armaban jugadas para promocionar a algún atleta en virtuosos movimientos o pactaban no escrachar a rústicos defensores, a cambio de llevar el juego cerca del cameraman para su comodidad.

El oficio del que enfoca requiere destrezas: paneos dinámicos con defensas estáticas, tomas con acción a pesar de jugar al pelotazo, lograr selectivos enfoques en medio del pogo de un córner, o rescatar trípodes bajo lluvias de cascotes. El camarógrafo incide en el juego. El 8 de julio de 2008 el juez Víctor Hugo Rivera dudó si un pelotazo de un delantero del Sporting Cristal había entrado al arco de Sport Boys. El lineman marcó el tanto, pero ante furibundas quejas de los Boys, Rivera pidió a un camarógrafo que le mostrara la jugada. No cobró gol y eludió insultos. Pero, por eludir también al reglamento su confederación lo citó, aunque debieron admitir lo justo del fallo.

La lente sigue a la pelota. En noviembre 2008, el comisario deportivo de un Colón y Godoy Cruz advirtió que una bola había quedado en el techo del túnel. Al terminar el cotejo se sorprendió porque la redonda ya no estaba ahí y por las actitudes de un cameraman que portaba una redondeada mochila. Al consultarlo, el de la cámara dijo que tomó la pelota para entregarla a la policía. Pero, lo que se llevó la policía fue al camarógrafo de TyC.

Hay tipos que al esgrimir una camarita creen tener el oficio. Así, el periodista charrúa Sergio Gorzy filmaba en una cancha de Puerto Ordaz, cuando el 12 de junio de 2009 Venezuela recibía a Uruguay. Una maldición le cayó. Tras registrar el inicio del match subió al palco de prensa para seguir con su rol de comentarista. Pero, cuando Forlán metió un gol, Gorzy se los gritó en la cara a los colegas venezolanos, quienes lo insultaron y trompearon.

El camarógrafo, deportivo o no, debe saber teorías de la luz y técnicas en piques cortos, empuje o seguimientos de movileros trajeados que sólo llevan grabadorcitos y no mochilas con equipos.

Algunos son acosadores. El 20 de mayo, Diego fue a la AFA para difundir a sus convocados para Sudáfrica. Un camarógrafo de Canal 13 se abalanzó para filmarlo, pero una rueda del Pelusamovil le pasó sobre su pie. Entonces, el técnico le preguntó: “¿Cómo vas a ponerlo abajo de la rueda, viejo?”

Algunos hombres de la cámara eran castigados cuando el fútbol no era para todos. Pasaban 90 minutos sin ver el partido y enfocando a hinchas. Tenían pesadillas con esas caras tan ninguneadas pero que entonces debían mostrar para no “enfocar” ciertos negociados.

Figurita 22: Voz del estadio, “Maten a Dellacasa”

Siempre hay denuncias de conspiraciones. Ahora sospechan que Sudáfrica usa las vuvuzelas para confundir a los rivales. También dicen que en los parlantes de estadios reproducen el tronar de esas cornetas y, hasta recomiendan: “¡Soplen sus vuvuzelas!".

La manipulación de los micrófonos tiene su historia. "¡Maten a Dellacasa!”, instó la voz del estadio de Atlanta en noviembre de 1990. Los de Villa Crespo perdían 4 a 0 con Cipolletti y estaban cabreros con el juez Humberto Dellacasa. El autor de la convocatoria, quien también entró a la cancha para surtirlo al juez, era Bernardo Kravetsky, vicepresidente de los Bohemios. La frase le costó 4 años de inhabilitación, y 8 puntos menos a su club.

En octubre de 1988 Chacarita jugaba ante All Boys cuando hubo serios disturbios. Desde los parlantes funebreros, Luis Barrionuevo, entonces presidente del club, aconsejó: “No entremos en la provocación de los muertos de All Boys, no son nadie”. Luego, el dirigente gastronómico y menemista explicó que con sus palabras “evitó una masacre”.

En mayo último, cuando Cólon perdió 4 a 1 con Estudiantes, la voz del Cementerio de los Elefantes gritó un gol de Argentinos a Huracán, con el que los Pincharratas perdían la punta. El festejo de los locales incluyeron piedradas a los platenses y un violento escándalo.

En un Central-Ñuls se escuchó por los parlantes el aliento local. Unos, afirman que el micrófono estaba abierto y captó el tronar canalla, otros aseguran que se difundieron grabaciones con cánticos centralistas.

Más lejos, en el estadio turco del Fenerbahce, el último 16 de mayo la voz megafónica anunció: "Bursaspor empató 2-2". Ese resultado dejaba campeón a Fenerbahce. El festejo inundó a la cancha, pero luego los mismos parlantes corrigieron: el Bursaspor había ganado y eran campeones. La frustrada hinchada procedió a arrojar botellas y asientos, además de incendiar parte del estadio. Hubo detenidos, heridos y el del micrófono debió declarar ante la Justicia.

Pero, aún hay voces distintas en estadios que siguen seduciendo a los vecinos al convidarlos con fantasías y llamadas a la fiesta.

Ciertos investigadores afirman que hay suburbios donde la voz del estadio son propaladoras barriales que no callan ni entre semana. Entonces hacen anuncios como: “Atención. Atención señores vecinos: se largó con todo un chaparrón, tengan a bien descolgar las pilchas lavadas”. También transmiten historias en la voz de abuelos del lugar, además de repasar los resultados de picados y difundir los turnos de los zaguanes disponibles para las parejas.

Figurita 21: Cánticos, una que sepamos todos.

 Si se calla al cantor calla la vida”, si se calla a la tribuna no hay fútbol. Pero las vuvuzelas no dejan saber si hay cantor, vida, tribunas o fútbol.

El cántico de la hinchada es una voz celestial que ruge y baja desde las graderías metiendo al gentío para disputar cada pelota. Sin ella no hay fiesta y un partido sólo será una práctica deportiva. Pero, Neil van Schalkwyk, el fabricante de las vuvuzelas afirma que en Sudáfrica se hablan once lenguas, por lo que es imposible ponerse de acuerdo en cantar una canción que sepan todos. Dice que esas cornetas los unen, mientras se jacta de haber logrado una decimosegunda lengua.

En la tele se ve a la gente saltar, gesticular y hacer mímica como si gritaran, pero no se los escucha. Es feo ser “espectador” o parte del decorado y sólo mirar a la gran pantalla para ver si los enfocan.

El que va a la cancha busca protagonismo, estar ahí para despertar a esos rústicos jugadores. Se canta para impulsarlos a transportar la pelota y darnos una alegría.

La tribuna brama para recordarle a los suyos que han sido delegados para lucir los colores del alma. Deben ser hidalgos depositarios del mandato soberano que les otorgó la camiseta, con la sagrada misión de hacer goles.

Jugar a la pelota es una alegría que no todos pueden comprender. Cuando por imposibilidades físicas, edad u otra maldición no se puede llevarla al pie unos metros y patear con dignidad, al apasionado no le queda otra que cobijarse en la hinchada, cantar y jugar el partido haciéndole saber a sus futbolers que no están solos y que por eso deben correr y poner picardía y habilidad.

Sones de coplas murgueras, melodías pegadizas y rock, se empuña en multitudinarias payadas, con contrapunto de ingenio, burlas y bronca.

Los coros se apropian de la fiesta y hacen lo que se “les canta”, riman la ingenuidad con la amenaza. Van desde aquel: “Tenemos un arquero que es una maravilla, ataja los penales sentados en una silla …”, a corear la marcha peronista cuando los militares la prohibían. Del “Si ve una bruja montada en una escoba, ese es Verón, Verón que está de moda” a remixarle a Palito Ortega su edulcorada “caminando por las calles, voy cantando, voy cantando esta canción”, para que se oiga: “Despacito, despacito, le rompimos ...”

La hinchada entona el himno de la patria de la infancia y el barrio. Pero, como las vuvuzelas, también quieren callarlos los de la barra-pagas, que entonan con la plata de los dirigentes y cantan otra canción.

Figurita 20:  Barras, un grupito de adaptados

Las barras son utilizadas por los dirigentes, ellos son responsables de su existencia. Pero el guardaespaldas se convierte en el tirano del amo y no se lo puede sacar nunca más de encima porque es cómplice y lo puede chantajear”, explicaba en 1986 el maestro Osvaldo Ardizzone.

Cuando falta predicamento, los directivos de clubes arman grupitos para imponer sus intereses. En “Muerte en la cancha”, Amílcar Romero dice: “Las barras aparecen con la industrialización del fútbol”. Cuenta que en 1958, “tras el fracaso del seleccionado argentino en el Mundial de Suecia, viene la necesidad de aggiornarse. Con la industrialización del fútbol aparece la organización sistemática, pagada e institucional, característica de grupos violentos en Argentina”.

Ya en 1924, tras la victoria de Uruguay en Montevideo ante Argentina (Campeonato Sudamericano), hinchas argentinos van a saludar a su equipo al hotel. Pero, pelean con charrúas y de un balazo muere el uruguayo Pedro Demby. José Lazaro Rodríguez, el argentino que había disparado, se refugia en el hotel y regresa al otro día en barco, junto a la delegación. A los dos días, los jugadores se fotografían junto a Rodríguez.

Por su “pasión”, los muchachos manejan pases de atletas, subsidios para viajar, reventas de entradas, regentean estacionamientos, ventas de ropas deportivas, comidas y drogas. Sin descuidar el robo de trapos, corren a otras barras y se enfrentan (o se asocian) con la cana.

Sus emprendimientos son financiados por algún directivo, técnico o jugador, a cambio de “seguridad”. Pero, tras caer el “protector”, servirán a otro, o harán “el aguante” a políticos en campañas o gestiones.

Otto Adang, experto en orden público y asesor de naciones europeas, tras visitar canchas criollas, explicó que "la solución europea acá es impracticable. Los hooligans son grupos marginales sin relación con el sistema. Pero en Argentina tienen vínculos con el poder político que asombran. Es un problema muy grave. Acá hay que cambiar todo el sistema”.

Sobre la policía, remarcó: “Tratan a todo el público como si fuera barrabrava, lo que hace que la gente se ponga del lado de los barras”. En tanto, en Sudáfrica, el embajador argentino

Carlos Sersale, dice que de 119 deportados, 31 son criollos. “Nuestros barras” son monitoreados tras “actuar” en los mundiales de México, EEUU y Alemania, mucho antes que parte de la prensa, recién ahora, descubra lo que había encubierto por negocios con la AFA y la tele.

Figurita 19: Los locales, “Bafana-Bafana”

Hace 60 años ganaba Uruguay y silenciaba a los morenos que atestaban el Maracaná. Ahora, los charrúas desplomaron y complicaron en Pretoria al entusiasmo sudafricano.
La hinchada local había preparado más vuvuzelas para alentar a su equipo, pero todo se cayó. Antes, también habían caído las intenciones del presidente Thabo Mbeki de cambiar el apodo del seleccionado: “Bafana-Bafana” (muchachos o chicos en zulú). Decía que ese término “no contiene el mensaje apropiado para un equipo que carga con el orgullo de un país”.
Pero en la mayoría de la población, con más de un 80% de negros, los Bafana-Bafana también simbolizan el fin del apartheid y una historia donde el fútbol era casi lo único que tenían.
La Football Association of South Africa nació en 1892 exclusivamente para blancos. Sólo en 1940 hubo juegos interraciales, pero desde 1948 el apartheid se impuso y la selección sería totalmente de blancos.
La Fifa reconoció a la federación sudafricana en 1958 al incluir a algún morocho. Pero luego, al Mundial de 1966 en Inglaterra, sólo mandaron blancos, y en el 70 presentaron todos morenos en la cobriza nación azteca. Por esto, luego de este torneo, la Fifa expulsó a Sudáfrica que recién en 1992 regresaría a torneos internacionales.
Hoy, los blancos son cada vez menos. Al caer el apartheid en 1994, muchos emigraron. Pero, muchos menos blancos habitaban la región hasta 1652, cuando los holandeses desembarcaron en la actual Ciudad del Cabo.
Esa colonia quedó en garras británicas en 1806. Sometieron violentamente a los pobladores bóer o afrikaners al hallar yacimientos de diamante en 1867 y minas de oro, en 1886.
La élite blanca quería salir del imperio y en 1961 establecen la República de Sudáfrica. Con la segregación de los negros, desde 1948, imponen su dominación hasta que en 1994 llegan las elecciones democráticas en las que se impone Mandela (ver figu Nº 11 ).
El apartheid había arrojado al fútbol a los asentamientos levantados en suburbios para amontonar a los morenos. La federación racista (Safa) desechaba al deporte multirracial y los negros deben organizarlo por su cuenta, mientras los blancos se dedican al rugby.
Por ello, aún hoy se ven pocas caras blancas en las gradas y un solo blanco, Matthew Booth, en el seleccionado. El defensor, para algunos es la imagen de la unidad, pero en una nota para DPA, él explicó: “El único símbolo de la integración es lo económico. En Sudáfrica aún hay una gran diferencia en el poder económico”.

Figurita 18: Alcanzapelotas, “Vamos los pibes”.

Los jugadores eran maduritos y los cambios estaban agotados. La hinchada gritaba “vamos los pibes” y era evidente que ese aliento apuntaba a unos chicos que suelen jugar un partido distinto, pícaro, atrevido y tramposo.

Los alcanzapelotas son armados para diseñar estrategias y especulaciones. Cuando se pierde, apuran el juego y asisten con premura al irse afuera la bola. Cuando se gana, para cerrar el partido, los mocosos hacen tiempo, la pisan y retienen.

Un técnico moderno no debe descuidar a los juveniles, sobre todo a quienes ofician de alcanzapelotas en partidos de la división superior.

Pensar que ellos pueden hacer un gol es un disparate. Pero, en septiembre de 2006, en el torneo estatal de San Pablo (Brasil), luego que un pelotazo de un delantero del Sorocaba pegó en la parte de afuera de la red, la árbitro Silvia Regina y el lineman Marcos de Andrada creyeron que había sido gol y corrieron al centro de la cancha.

A sus espaldas, un alcanzapelotas aprovechó el momento y metió la pelota en el arco. Cuando el arquero del Santacrucense la tomó para hacer el saque de meta, la jueza remarcó el gol y se armó un terrible batifondo.

La viveza no es sólo brasileña. Durante un Vélez-Boca de 1982, una pelota que despejó Gatti rebotó en la baranda de la platea. Un alcanzapelota (Diego Simeone) le tiró otra redonda a Vanemerack, quien a la carrera la pateó al arco. “El Loco se quedó mirando la bola que había vuelto al campo, mientras la otra pasó pegada al palo. Loustau era el árbitro y se acercó hasta donde yo estaba y me dijo que me fuera", recuerda el ex capitán del seleccionado.

Passarella le pegó a un chico en La Boca, un pibe de Lanús provocó que expulsaran a un jugador de Colón. Otro alcanzapelotas, de River, desató un despelote que terminó con el arquero del Lobo jujeño fuera de la cancha. También Chilavert y Sessa protagonizaron serios incidentes con eso chicos.

En 1968, Estudiantes y Palmeiras jugaban en el Centenario de Montevideo la final de la Libertadores. Dicen que un alcanzapelotas de 11 años (Francisco Casal), arregló con Poletti, Bilardo y Pachamé el “uso y manejo” de pelotas por unos dos mil dólares. Con los años, y

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