Aquella noche la taberna Freemason’s estallaba de parroquianos. Las copas viajaban Aquella noche la taberna Freemason’s estallaba de parroquianos. Las copas viajaban del mostrador a las mesas y la pertinaz llovizna londinense arreciaba mientras dentro del boliche los gritos subían de tono. Un inusitado fervor invadía los ánimos entre los representantes de la decena de clubes allí reunidos. Un día como hoy, pero de 1863, nacía el fútbol. Sí, “el fútbol”, entendido como un conjunto de normas y reglamentos para encauzar la pasión que generó desde siempre una saltarina pelota sobre el suelo.
Freemasons Tavern, donde nació el fútbol moderno
Aunque los indicios de juegos con pelotas están diseminados por todo el mundo desde la antigüedad, con datos precisos y otros no tanto, fueron los ingleses los catalizadores de una práctica que se había extendido desde las instituciones educativas hasta los suburbios y que crecía a cada paso.
El 26 de octubre de 1863 se fundó la primera asociación y se redactó el primer reglamento del “deporte más hermoso del mundo”, según las acertadas palabras de aquel relator de fútbol de una cadena televisiva internacional de no hace mucho tiempo. Aquel día, en la taberna de marras, se creó la Football Association inglesa, institución señera que aún pervive y que estuvo destinada a supervisar la evolución del juego y organizar competencias.
Aquella noche, un grupo de entusiastas dirigentes de entre diez y doce clubes de Londres y sus alrededores se reunió para aprobar un conjunto de reglas que pusieran algo de orden en el caos en que se había convertido la práctica deportiva por aquellos años. Se la considera la fecha de origen oficial, ya que el reglamento propiamente dicho vio la luz un poco después y, si bien a lo largo del tiempo se modificó muchas veces, es la base de lo que todavía rige el desarrollo de la disciplina.
Unos 20 años antes de este día del “nacimiento del fútbol”, la Universidad de Cambridge había esbozado lo más parecido a un reglamento, un conjunto de 10 puntos para evitar las peleas en el anárquico desarrollo de un partido de fútbol, ya que por aquellos días no se distinguía entre profesores y alumnos a la hora de litigar por alguna jugada. Y era tan caótico el juego que entre las disposiciones de estas reglas figuraba que no valía el gol con la mano y que estaba prohibido “hacer zancadillas o patear los talones”.
Por esos años también apareció el Código Sheffield, un conjunto de normas que acrecentó las anteriores e introdujo reglas que no han cambiado hasta hoy, cuando el fútbol es el deporte más popular del mundo y “moviliza” a 300 millones de personas. Fueron los ingleses los embajadores mundiales de su propia creación y quienes lo trajeron por estos lares, mezclado entre marineros y trabajadores de ferrocarriles y frigoríficos.
Y acá prendió hasta los tuétanos, primero en forma tímida y luego con arrolladoras ínfulas de entidad superior. Y fueron ingleses, cómo no, los que fogonearon las primeras instituciones criollas que tuvieron a la redonda como el objeto de desvelo. Cuatro años después de la creación del fútbol, en 1867, los hermanos Thomas y James Hogg fundaron el Buenos Aires Football Club y enseguida se jugó el primer partido con carácter oficial. El 20 de junio de ese año, los Colorados les ganaron 4 a 0 a los Blancos tras un partido que duró casi dos horas. Los equipos formaron con ocho jugadores por bando porque los demás convocados, a último momento, no se animaron.
Ya en la década del 80 del siglo XIX llegó al país una oleada de casi medio millón de inmigrantes europeos y, entre ellos, el padre del fútbol argentino, Alejandro Watson Hutton, para hacerse cargo del colegio escocés que luego dio lugar al memorable equipo de Alumni, faro de los primeros años de desarrollo vernáculo. Hasta el final del siglo y en los primeros años del siguiente, el vicio de la redonda pasó de los “ingleses locos” a todas las clases sociales criollas en una suerte de transversalidad hasta ese momento inédita.
Y ya no paró. Hasta llegar a lo que es hoy, ese desvelo de millones de personas en todo el planeta y que aquí en Argentina es responsable de sonrisas y sinsabores, dueño del humor social, sobre todo el día posterior al fin de semana, cuando es más fácil hablar con el “diario del lunes”.
Y aunque las voces detractoras, que nunca faltan, digan que aquella noche en la taberna de Londres se encapsuló el placer de jugar libremente, sobre todo teniendo en cuenta que hoy el juego sucumbió ante el negocio, el fútbol nació cuando se le puso nombre al córner, al penal, al tiro libre indirecto...
En 157 años de historia mucha agua corrió bajo el puente y el fútbol, como juego, más que permanecer inalterable va por más y nadie está en condiciones de predecir hasta dónde llegará.
Quizá la respuesta esté en la sonrisa de un niñe al ver una pelota picar y volar, como si fuera una invitación al paraíso.
Rosario, con comienzo impreciso
En nuestra ciudad, el pionero fue el Rosario Cricket Club, que luego sería el Club Atlético del Rosario, fundado en 1867. Central nació en 1889 y Newell’s en 1903. Hay pocas certezas sobre el inicio del fútbol por estos lares y en “Anales del Fútbol Rosarino”, Cipriano Roldán lo clarifica: “No podrá saberse nunca el día y el lugar donde en un sitio cualquiera de Rosario se dio el primer puntapié a una pelota de fútbol. Ni tampoco cuándo, en la ribera o el baldío, sonó la pitada inaugural del referí dando orden de iniciar un partido”.